El Festival Temporada Alta, un espacio de resistencia cultural

Comenzó en Timbre 4 con obras locales y de Suiza, España y Francia. Se trata de la décimo cuarta edición de un evento que al mero intercambio le aporta el riesgo y la experimentación. Teatro vivo en tiempos de fragilidad presupuestaria.

En un contexto marcado por la retracción de recursos públicos, la fragilidad de los circuitos independientes y la creciente presión de las lógicas de mercado sobre la producción cultural, el Festival Internacional Temporada Alta en Buenos Aires vuelve a instalar, por decimocuarto año consecutivo, un espacio de trabajo sostenido sobre el riesgo, el intercambio y la experimentación.

Hasta el domingo 22, en la doble sede de Timbre 4, el TABA reafirma una persistencia que ya forma parte del campo teatral porteño: la de un festival que, sin blindajes institucionales ni garantías de continuidad, sostiene una política artística orientada a favorecer el cruce de lenguajes y el diálogo internacional como base para la construcción de una comunidad escénica activa.

Desde 2013, el TABA se consolidó como un punto de contacto entre escenas: Cataluña, Francia, Suiza y la producción local dialogan aquí en un formato concentrado, casi artesanal, que privilegia la cercanía por sobre el despliegue monumental. Se trata de un espacio donde las obras llegan todavía cargadas de preguntas, de procesos abiertos y de materiales en transformación.

En esta edición, atravesada nuevamente por la fragilidad presupuestaria y la ausencia de apoyos estatales, el festival vuelve a exhibir su capacidad de adaptación mediante una programación que articula producciones internacionales y locales, dispositivos escénicos diversos y formatos flexibles, organizada a partir de un criterio curatorial atento a las condiciones materiales de producción y a las posibilidades reales de circulación. Allí reside, precisamente, uno de los rasgos distintivos del TABA: su condición camaleónica, su manera de reorganizarse cada año según las condiciones materiales disponibles. El festival sostiene, además, una dimensión formativa consistente. Charlas, talleres, encuentros y espacios de reflexión acompañan las funciones y producen un clima de conversación sostenida entre artistas y espectadores.

La propuesta incluye tres obras locales: ‘Cae una catedral’, de Federico Lehmann y Matías Milanese; ‘Yo no muero, ya no más’, creación de Fernando Rubio; y ‘Casual de noche’, bajo la dirección de Valentino Grizutti. A este núcleo se suman los semimontados catalanes (‘Prime time’ y ‘El amor’), las piezas consolidadas como ‘Regazzo’ y ‘Se baila’, el Ciclo Gourmet de Dramaturgias Francesas, las instalaciones híbridas, los conciertos dramatúrgicos y los dispositivos performáticos que integran palabra, música y experimentación escénica.

Así, el TABA 2026 vuelve a confirmarse como un dispositivo de resistencia cultural: una estructura pequeña, flexible, sostenida por redes de colaboración, que logra instalar, cada verano, una zona de intensidad en la que el teatro se piensa a sí mismo mientras se practica.

La programación completa puede consultarse en https://www.timbre4.com.ar/taba2026.

'Cae una catedral', un nuevo trabajo de Los Pipis Teatro, también presente en TABA.

COMICA Y FEROZ

‘Bell End’, la propuesta con la que se abrió el jueves el festival, se impone como una experiencia singular y perturbadora. Creada e interpretada por Arianna Camilli y Mathilde Carmen Chan Invernon, la performance propone una exploración física, sonora y gestual de una figura tan reconocible como inquietante: el “pelotudo” cotidiano, el “macho” tosco, invasivo y autorreferencial, cuya presencia sigue organizando, de modo más o menos visible, vastas zonas de la vida social.

El título, tomado del inglés británico, condensa esa ambigüedad. Bell end remite al glande en su acepción vulgar, pero también al insulto familiar que designa al imbécil, al sujeto grosero, al que ocupa el espacio sin pedir permiso. Sobre ese doble registro, sexual y moral, se construye una pieza de cuarenta y cinco minutos que funciona como una disección del machismo residual y, al mismo tiempo, persistente.

Llega desde Suiza y se presenta como una creación de la compañía Carmen Chan, con base en Ginebra, y con apoyo de Pro Helvetia, dato que resulta relevante en un festival que viene trabajando con recursos limitados. Concebida y puesta en escena por Mathilde Carmen Chan Invernon, e interpretada junto con Arianna Camilli, la obra asume la forma de una performance de 45 minutos que se aparta del teatro psicológico y de la narración convencional para inscribirse en una tradición del teatro físico que dialoga con el clown contemporáneo, el slapstick y la herencia del cine mudo. En el trabajo de Camilli e Invernon se reconocen precisión milimétrica del gesto, dominio del ritmo y capacidad para transformar el mínimo movimiento en acontecimiento escénico.

Sus creadoras, Arianna Camilli, comediante y performer franco-italiana formada en La Manufacture (Lausana), y Mathilde Carmen Chan Invernon, actriz y bailarina franco-española radicada en Suiza, organizan pequeños gestos, sonidos guturales, respiraciones, miradas insistentes, suspiros prolongados y pequeñas intervenciones que se repiten y se deforman. Son unidades mínimas de poder: formas aparentemente insignificantes que, acumuladas, producen dominación.

El cuerpo, la voz y el canto se integran en una partitura física de notable complejidad, donde la comicidad convive con una violencia latente. La risa surge, muchas veces, de la identificación inmediata con esos gestos conocidos; el malestar, de advertir hasta qué punto forman parte de la experiencia cotidiana.

‘Bell End’ se sitúa en una zona de cruce entre performance, danza y teatro. No hay personajes estables ni relato progresivo, sino una serie de variaciones sobre una misma figura.