Páginas de la historia

El Circo

Desde la aparición del circo criollo -en pleno siglo XIX- la actividad circense ha pasado por glorias y penas. Los historiadores afirman, que el circo criollo fue el primer espectáculo que puso en juego, algo de la identidad sudamericana, por haber sido el primero que dejó de imitar las artes provenientes de Europa.
Se caracteriza por tener dos partes, la primera, de habilidades y la segunda, de actuación (el drama criollo).
El primer y más famoso drama es el titulado “Juan Moreira”, que representa la historia del gaucho perseguido por la ley, tema anteriormente tratado por José Hernández en su Martín Fierro.
En 1840 nació Sebastián Suárez a bordo de una embarcación en jurisdicción brasileña, aunque sería anotado en Buenos Aires.
Siendo niño vio al “Circo Olímpico de Juan Lippolis”, y ese encuentro lo llevó a buscar materiales, como bolsas de arpillera, a las que desarmó y volvió a armar extendidas para confeccionar su primera carpa.
Cañas, alfajías, palos y maderas varias, lo ayudaron para el armazón, la platea y el ruedo. Con envases, botellas y grasa como combustible e hilos y trozos de tela, fabricó los candiles.
En cada presentación circense de la zona, Sebastián Suárez aprendió trucos y técnicas, Se pintaba la cara y se ponía ropas estrafalarias convirtiéndose en un payaso. A la entrada un cartel decía: “Circo Flor América”.
Otros historiadores opinan que el circo criollo, nació el 1° de abril de 1886 cuando los hermanos Pepe Podestá y Gerónimo Podestá representaron la obra de Eduardo Gutiérrez el “Juan Moreira”, en Chivilcoy, (Provincia de Buenos Aires).
Con los Podestá, se difundieron enormemente los aires musicales. Se dio a conocer el Pericón, y se utilizó mucho el tema gauchesco.
Recordemos que el 6 de octubre, se celebra el día del Circo en honor al nacimiento de Pepe Podestá.
Un circo es un espectáculo artístico, normalmente itinerante, que puede incluir a acróbatas, payasos, magos, adiestradores de animales y otros artistas. Es presentado en el interior de una gran carpa, que cuenta con pistas circulares y galerías de asientos para el público.
En la actualidad existen circos estables y fijos geográficamente, y algunos de éstos, con su carácter pasajero, suele ser anunciado en un desfile, avisando que el circo va llegando al pueblo o ciudad.
El circo es una noble empresa construida a lo largo de muchos siglos.
La acrobacia, así como el malabarismo, el contorsionismo, y otras prácticas corporales son expresiones humanas anteriores a los propios conceptos de circo. La historia del Circo se remonta al legado cultural dejado por el oriente (China, Mongolia, India, etc.), y posteriormente por el occidente (Grecia y Roma). Unos 3.000 años atrás, algunas de las actividades que hoy relacionamos como parte del contenido circense, como la acrobacia, el contorsionismo o el equilibrismo, tenían una utilidad altamente relacionada con la preparación de guerreros, con los rituales religiosos y con las prácticas festivas.
Con todo, fueron los romanos, que en la antigüedad dieron el nombre de Circo alas actividades de entretenimiento, o mejor dicho, a los espectáculos públicos.
El primer circo moderno fue inaugurado por Philip Astley en Londres, Inglaterra en enero de 1768.
Los derechos humanos y derechos de los animales han sido una parte integral de la evolución reciente de los circos y las artes circenses en general.
Por ejemplo, las deformaciones o condiciones especiales en que viven los animales. Distintas Instituciones denuncian que conductas que en muchos circos se ven habitualmente, como los animales enjaulados que no paran de dar vueltas o los elefantes que mueven la cabeza de lado a lado continuamente, son muestras de trastornos psicológicos acarreados a estos animales por la vida en el circo.
Por ello en algunos países se ha prohibido el uso de determinadas especies, como en la India, donde en 2009 se prohibió el uso de elefantes tanto en circos como en zoológicos, o en otros, como Canadá, Suecia, Dinamarca y Bolivia, donde está prohibido el uso de cualquier animal en los circos.
Para gran parte del público de hoy, puede resultar difícil imaginar que alguna vez el circo y el teatro convivieron y que cada uno contaba con su propio espacio en el mismo escenario, en distintos momentos: era el denominado circo criollo.
El circo criollo fue único en el mundo porque tenía teatro. El teatro nacional nace en el circo y cuando al circo se les agregó la obra de teatro fue una revolución.
El circo criollo no viajaba tanto. Se quedaba un mes o dos en cada pueblo. Llevaban un repertorio de veinte o treinta obras de teatro completas; la gente venía todas las noches a ver una obra diferente. Hasta 1960 había en la Argentina 200 circos criollos.
El circo, como espectáculo, ha perdido público. Pero quedan en muchos de los que hemos transitado décadas de vida, el recuerdo de esos malabaristas, payasos y equilibristas, que llenaron de emoción nuestros ojos infantiles. Porque “hay llamas que encendidas, no podrán apagarse”.