Opinión
El Acuerdo de Los Pozos
El encuentro entre el presidente colombiano y el jefe de las FARC no pasa por ahora de sólo una buena intención concretada; falta mucho para alcanzar la paz.
El Acuerdo de los Pozos al que llegaron el presidente de Colombia, Andrés Pastrana, y el jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el legendario septuagenario llamado Pedro Antonio Marín, con el seudónimo de Manuel Marulanda Vélez y el alias de Tirofijo, debe analizarse con cautela, es decir, con cierto pesimismo esbozado por los colombianos y el optimismo de algunos observadores políticos extranjeros, pero conformando una ecuación todavía lejana para llegar a la paz proyectada. Se firmó un documento de trece puntos que muy poca importancia tiene, porque lo significativo es que los dos grandes adversarios -el demócrata presidente y el antidemócrata jefe guerrillero- empezaron a reconocer errores cometidos y admitieron que sólo el diálogo político sin intermediarios es el procedimiento más efectivo, y es así, porque comprendieron que ellos pueden fracasar en la negociación de paz si no combaten a las llamadas autodefensas, es decir, la otra pata de la mesa que desnivela la tabla y que son los paramilitares, autores de tantos delitos cruentos como los propios "farqueanos".
Entonces habrá una comisión de notables colombianos que formulará recomendaciones para terminar con ellos, pero que no será otra cosa que una nueva guerra entre paramilitares contra un frente común -¿cómo se conformará?- entre Pastrana y Tirofijo, o bien -¿una utopía?- el gran triunfo que sería el cese del fuego y sentarse todos a hablar de cómo rendir intereses propios y sectoriales para pacificar a Colombia. Tan sólo después de este dificilísimo paso se trataría uno de los principales puntos del Acuerdo de Los Pozos: la sustitución de los cultivos de coca, por ejemplo. Y aquí es donde nace el pesimismo colombiano, porque las plantaciones constituyen la riqueza y el sostén de los rebeldes, y si éstos renuncian a ello, ¿cuál sería su rol por desempeñar en el futuro dentro de la sociedad colombiana? ¿Acaso un partido político de oposición? Antes hay que deponer las armas, lo que tiene sabor a una rendición que muchos guerrilleros rechazarían porque saben que están ganando la contienda.