Drogas más hijos sueltos: La calle nos ´traga´
“Cuando los padres no están…la calle es nuestro tutor” (confesión de un paciente en rehabilitación).
Jorge me relata su historia y con la sabiduría que surge cuando la autoconciencia surge del contacto con su sí mismo más profundo me sorprende con esta afirmación. Su padre fue un consumidor de drogas luego de una estafa que le hizo el propio padrino del paciente en su empresa y lo abandona a su suerte y la madre sale a trabajar.
La calle lo toma y literalmente se lo “traga”. Desde los doce años consume y hoy está con nosotros remontando una vida que se perdía en los andurriales del deterioro o la muerte. Me sonríe y siento que confía en nosotros para inaugurar un propósito de vida y un proyecto que le da sentido a su existir fuera del circuito del infierno terrenal que le prometía el curso del drogarse. Así siguen las historias de la caída de la vida familiar y la crisis de la función paterna. Fernando tiene a su padre internado por adicciones y llega a nosotros por instancia judicial luego de varios delitos. La madre se opone al tratamiento, pero el Juez como último resabio nostálgico de la función paterna nos pide un rescate de un joven de 19 años que merece una oportunidad terapéutica.
Me relata una serie de hechos delictivos y solo encuentra en su tío, muerto hace dos meses, una orientación que remite a una cierta Ley para vivir, aunque el también consumía; “no repitas lo que yo estoy haciendo” …le decía mientras se moría por un accidente cerebro vascular ocasionado por el consumo de crac. Pero le habló, lo aconsejó y él rescata eso como algo muy valioso, aunque entristecido por la muerte de él hace poco tiempo.
Su vida se resumía en las andanzas de una banda en un barrio del conurbano sur y me dice… “éramos como cincuenta en el grupo” y por supuesto con escuela abandonada, familia rota, confesándome que consumía 24 horas al día. Hoy todo empieza a ser diferente para él. Su decir, su sensibilidad y empatía contrastaba con ese joven que en las villas había encontrado refugio y vendía motos robadas enfundado con armas.
Establece con nosotros una vinculación muy positiva y pienso que él estaba esperando una “familia sustituta” como es la comunidad terapéutica hoy para muchos pacientes. Acá vale la pena rescatar la sapiencia de S. Freud cuando nos enseña: “…del amparo hacia los niños surgen los más altos ideales éticos de la humanidad”. También Teresa Benedeck, destacada psicoanalista quien 1970 en su célebre texto “Cuidados Paternos” nos enseña que… “el niño es el padre del hombre”; es que ella compara y equipara el cuidado materno con el proveer y la transmisión simbólica paterna y de ahí dependerá todo y las orientaciones axiológicas del padre mostraran la humanidad o lo inhumano del existir.
Hoy en los relatos clínicos esto es muy real y el maestro argentino en psicoanálisis Arnaldo Rascosky, maestro de generaciones de médicos y psicólogos, dirá analizando las reflexiones de Benedeck que el niño anunciará el futuro de la humanidad. Es que el padre, según Rascosky, es ley y palabra y sus ausencias simbólicas se suplantarán con fetiches (las drogas, por ejemplo). Lo inanimado anuncia, según él, un deterioro de la función simbólica y de todos los elementos cognitivos y de aprendizaje asociados. El padre es rival sigue diciendo, pero al mismo tiempo es compañero y modelo prototípico. El hijo, además, anuncia la trascendencia terrestre del padre y será el mejor elixir para el mantenimiento de su propia vitalidad. El hijo, además, brinda la mejor oportunidad de reparar la propia infancia ya que llevamos siempre adentro al niño que fuimos y así el hijo resulta ser terapéutico para los propios padres.
CAIDA DEL PADRE Y AUTISMO TOXICO
Así como Freud surge como un lector e interpretante de primer nivel de los restos de la Sociedad Victoriana y de los inicios y consolidación de la Revolución Industrial; en éstos con el emerger de la sociedad tecnológica y de la nueva faz del capitalismo financiero va apareciendo un sujeto moldeado por el prestigio imaginario que impone este nuevo modo de vivir.
Es el vacío lo que aparece como la otra cara de este vivir tecnológico en una sociedad de imágenes y del espectáculo. Este autismo tóxico responde a una de las tantas declinaciones que puede asumir el rechazo del Otro y los otros en la época tecnológica actual imponiéndose un Ego soberbio que anuncia nuestra desaparición como sujetos de la palabra y fundamentalmente del encuentro y la vinculación gratificante. La caída de la función paterna como presencia y como transmisión de horizontes de la palabra y la fracturación de vínculos en la pareja con un hijo que puede quedar aislado y fuera del espacio desiderativo de ambos inaugurará así un solipsismo autista en donde desde pequeño estará en compañía de distintos fetiches virtuales que no logran colmar los “agujeros” incipientes en su estructura psicológica.
Todo esto surge de mutaciones globales de toda la sociedad por los cambios que anuncia como efectos el consumismo, la civilización mediática que atrapan mediante algoritmos a los seres humanos desde niños bajo el imperio de los celulares y las diversas modalidades de Internet, la emergencia del hombre técnico como fruto de la sociedad tecnológica y con frialdad en sus sensibilidades y empatías, y, por último, los cambios en la educación infantil con una gran incidencia en la disminución de los vínculos familiares, escolares y religiosos.
Surgirán, así, según Pierre Bourdieu (sociólogo de nota del siglo XX) los llamados por el individuo por exceso que hacen de la opulencia narcisista su eje de vida con el “espejo” como único horizonte vital anulando todo otro y otros que contradigan su soberbia egocéntrica y también los individuos por defecto que son los que sobran en este mundo tecnológico y cuyo destino es la marginalidad y la pobreza.
La cultura narco los utilizará y serán, también, los frutos de una disociación familiar y desocupados de larga duración. Representan la misma cara del vacío y reflejan a los “nadies” que pueblan nuestras urbes. Sin ciudadanía social ni política están estigmatizados. Viven al día y son incapaces de arreglárselas por sí mismo. No tienen medios para sus aspiraciones sociales. Las economías criminales pueden darles trabajo y formarán el singular ejército de “nadies” que trabajan por la dosis como los nuevos desaparecidos de la sociedad tecnológica. Irrumpirá el hombre-niño a la “intemperie”, los “nadies” de hoy que no tuvieron la posibilidad de ser “alguien”, fruto de la crisis global de una semiosis del amparo con la desvinculación como la nota apodíctica de esta soledad de miles que vagaran por las calles buscando “bandas” en las cuales guarecerse para morir lenta o rápidamente.
