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Drogas en la cultura de la prisa alienante
“…la gente en el futuro amara su esclavitud” (A. Huxley. ´Un mundo feliz´. 1958)
La clínica de las adicciones hoy nos confronta con la capacidad terapéutica que nos permita ayudar y ser “parteros” de la libertad en un paciente que se presenta como esclavo de una compulsión ya que las adicciones resultan ser una “patología de la libertad”.
Esta esclavitud creciente y masificada adquiere un telón enmarcado en una lógica de la prisa que va generando la llamada “era del vacío” en donde la muerte de la conversación y la crisis de la vida familiar anuncian la llegada de un “nuevo hombre” junto con las drogas, las diversas compulsiones del juego, el sexo y la emergencia de “nadies” (despersonalizados y alienados) que vagan por las ciudades como “sombras” de lo que debieran ser.
El paso de la cultura alfabética a la digital y de la imagen acompañan todo esto con el nuevo papel de la mujer y la familia que, junto a la individualización creciente, y porque no a la soledad creciente, muestran paradójicamente la estandarización de la vida y la conformación del “hombre serie” manipulable por los distintos “dealers” o farmacéuticos del alma humana.
Conjuntamente la crisis del Estado de Bienestar y la desigualdad extrema en donde 2/3 partes de la humanidad empobrecida o pauperizada y al mismo tiempo la “cultura dineraria” comienzan a ser el eje de la vida.
Este tiempo de la prisa y del vacío es fruto de tres revoluciones tecnológicas: cuántica, digital y biológica. Así entonces, la materia, la informática y la vida son los tres escenarios claves por donde pasarán los cambios.
Estas tres revoluciones (cuántica, biológica e informática) se articulan y movilizan a través de tres poderes que resultan ser las poleas de este Nuevo Orden: Poder económico, Tecnológico e Industrial. A esto debemos agregar la Industria de las Marcas derivadas de la cultura de la Imagen y de la Publicidad y de la sociedad del Espectáculo.
Todo esto necesita y debe convertirse en producto y en todo habrá que crear nuevas formas de necesidad.
Necesidades, además en serie para el nuevo hombre -serie- que adquiere la ciudadanía de consumidor masivo. La pasión por las novedades de los nuevos productos se une con la tendencia a la serie o sea a la uniformidad.
El ciudadano empieza a ser, fundamentalmente, un consumidor producto de las imágenes y del espectáculo
publicitario. Así el mercado empieza a mandar. El consumir es el destino final de este nuevo ciudadano - habitante de un territorio globalizado.
Ser alguien implica consumir. Siempre me apasionó ver en gente muy pobre en Gradiva que tenían a sus hijos internados y que traían una ropa o zapatilla de Marca que prácticamente devoraba un tercio de sus sueldos.
DROGAS: VORACIDAD DE NARCISO
La mercadotecnia de la imagen (sociedad del espectáculo), a su vez, es soporte y promotora permanente de la vida económica y se convierte además en un “escaparate identificatorio” que suscita luchas a puro prestigio por la apariencia y, “…por el parecerse a…” y entonces, nuevas especialidades médicas tratan de cumplir las promesas que el espejo en el cual nos miramos sea, al fin, un deseo cumplido. Médicos especializados en estética tratan además de luchar frente a ese viejo drama que este hombre técnico no puede vencer: el envejecer y la finitud. Verdadero talón de Aquiles de los sueños de inmortalidad narcisista.
El espejo como prolongación de la mirada de los otros sobre uno mismo muestra, entonces, su tiranía cotidiana.
Se va instalando en esta voracidad identificatoria y de deglución de objetos una “Lógica de la Prisa”. Así como ningún producto es definitivo ya que todo está por venir puede suceder que también nuestra vida corra a ese ritmo.
Ansiedad, stress como distress y vacío son postas imposibles de saciar en la carrera del vivir. El desarraigo pasa a ser permanente. No hay puntos de meditación. Todo pasa a ser móvil; vínculos, contactos, etc. Nos vamos de socializando en este vivir a prisa. El otro está lejano.
La ternura es reemplazada por la violencia. La empatía no es un valor prestigiado en la sociedad competitiva de la prisa ya que es, quizás, una señal de debilidad. La hiperkinesia es nota hoy y el Tiempo de Prisa triunfa y así se renueva una aceptación militante de las novedades.
Todas estas barreras imaginarias, mientras tanto, nos velan nuestra intimidad. Acceder a la intimidad es hoy una verdadera ascesis. Es de suyo un trabajo que implica desmontar cadenas de hábitos y de “apariencias y prestigios impuestos”. Llegar a esto genera un duelo cotidiano para acceder a la mismidad. Es derribar todas las caras de Narciso que adquieren ciertas imposturas sociales en sus variadas manifestaciones.
Lo enseña magistralmente el maestro G. Maci cuando nos dice en su libro ´Yo-Yo mismo´: “…el acto infinito de nacer es un trabajo permanente de ser que consiste en recuperar siempre de nuevo una Identidad perdida en las alteraciones narcisistas; vía electiva por la cual uno va evitándose a sí mismo través de la captura en la imagen del otro”.
Recuperar el valor de la lentitud es fundamental. La calma y la paciencia para dominar la sucesión de la velocidad. Es una forma de luchar contra la alienación.
RECUPERAR LA HUMANIDAD EN EL TRABAJO TERAPEUTICO
Las drogas son el camino elegido de la alienación en la cultura de la prisa y la hiperkinesia.
Pero en esta lógica de la prisa existe un desafío que es recuperar el pensamiento sereno y si es posible en grupos de reflexión y trabajo. La sabiduría de la lentitud necesita arborizarse como son los sistemas cibernéticos o las propias interconexiones de nuestro cerebro con las cien mil millones de neuronas y sus billones de interconexiones sinápticas.
Interconectividad, trabajo reticular, supervisiones constantes de la tarea en donde la palabra circule a los fines de crear un ECRO (en el sentido de E. Pichón Riviere).
En esto el uso de la tecnología puede ayudar mucho al trabajo en equipo (wapp, chat, mail, etc) y de hecho en Gradiva es material constante ante situaciones dilemáticas y críticas de los tratamientos.
Por algo M. Jones crea la comunidad terapéutica en los finales de la Segunda Guerra Mundial en el tratamiento de las psicosis anunciando así un nuevo tiempo. En su momento M. Jones fue categorizado como el autor de la Tercera Revolución Psiquiátrica continuando las otras dos revoluciones en Pinel y Freud. El primero quitándole, en un acto fundacional, las cadenas a los llamados “locos” y generando, por otra parte, los basamentos de la ciencia psiquiátrica y Freud que descubre el nuevo territorio que es el sujeto en su dimensión inconsciente, onírica, fantasmática y también, por ende, literaria.
En los grupos de terapia comunitaria –como símil de la nueva sociedad– la comunicación empieza a ser horizontal, cada miembro tiene valores por sí mismo con una disposición a la conexión constante y por ende en permanente apertura (lo abierto como valor) pero con nodos vinculares sólidos.
Pero, al mismo tiempo, esta grupalidad necesita de protocolos, normas y códigos para que el caos y la entropía no invadan la interacción.
Así poder llegar a la intimidad perdida de nuestros pacientes y de rescatarnos de la vorágine que nos propone la lógica de la prisa y la cultura del vacío y ayudarlo en el rescate de su subjetividad sobornada e hipotecada por los lenguajes coactivos de la adicción. Esto va a implicar un reconocimiento paulatino de los modos de captura y de cómo quedó cancelado en su libertad.
