Mirador político

Dos lógicas electorales

El ruido electoral cada vez más fuerte refleja la necesidad de la oposición de reagruparse y definir lo antes posible un candidato competitivo para el año que viene. En especial de la “casta” que sigue asediada por los “outsiders”.

Todas las operaciones de prensa con este tema pueden parecer prematuras si se las ve desde el punto de vista del interés social, pero obedecen a la lógica de los políticos y es sabido que las lógicas del Círculo Rojo y de los ciudadanos de a pie divergen. Sólo coinciden una vez cada dos años en las urnas. Por un lado, el poder económico intenta mantener un “statu quo” amenazado por el gobierno libertario, por el otro los votantes no dan señales de qué terminarán eligiendo.

Bajo estas circunstancias los candidatos que aparecieron últimamente tienen dos rasgos principales: responden a una oferta sin demanda o insisten con nombres probadamente inviables. En el primer caso se ubican los candidatos del sector empresario enfrentados con el gobierno. La oferta incluye a líderes religiosos, empresarios “exitosos” y ex funcionarios. En resumen, “outsiders” en lugar de políticos.

El problema en este caso es el de poner el carro delante del caballo. Se ofrece un candidato sin saber si cubre alguna demanda electoral. ¿Es lo que los votantes están buscando? ¿Es visto como un líder capaz de cumplir con las promesas de campaña? Ser un emprendedor exitoso en cualquier actividad no garantiza gobernabilidad. De lo contrario Marcos Galperín sería número puesto.

Queda por lo tanto en pie la piadosa hipótesis de que los nombres lanzados en las últimas semanas como posibles competidores de Javier Milei por el voto de centroderecha son simples maniobras para forzarlo a negociar. Una amenaza que en el fondo todos saben incumplible.

Por su parte el “establishment” político, especialmente el peronista, propone candidaturas e ideas económicas fracasadas. La iniciativa puede parecer producto de una desconexión extrema entre la “casta” y la ciudadanía, pero responde a una estrategia cuyo primer objetivo es la preservación de Cristina Kirchner.

La ex presidenta sigue siendo la última líder del aparato peronista, la burocracia partidaria más grande del país. Tiene dos adversarios: Javier Milei y Axel Kicillof. La única manera de derrotar al primero es la de una crisis económica que no aparece a la vista, aunque los medios intenten erosionar de manera cotidiana las expectativas con profecías negativas.

En el caso del gobernador la tarea le resulta más simple. Los grandes líderes son como los grandes árboles: a su sombra nada puede crecer. Kicillof está en pleno proceso de aislamiento y su posibilidad de presentarse como la “renovación” del PJ es nula porque él también es kirchnerista o lo fue hasta hace 10 minutos. Lo desgastan con candidaturas fantasma como la de Sergio Massa para bajarle el precio.

Esa es la lógica electoral con la que se mueve la dirigencia. La que define en la práctica la dirección del voto, todavía no aparece.