Doble faz

El modelo económico libertario ha parido dos argentinas: una extractiva, primaria y exportadora, que lubrica los goznes de las multinacionales y alivia las arcas del Estado nacional y las provincias; la otra manufacturera, vinculada al comercio interno, que languidece a partir de la apertura de las importaciones y la merma del  consumo.

La primera tiene su cadena de valor y afronta el desafío de sumar como eslabones a los proveedores locales. La experiencia en la generación de empleo es focalizada en las regiones adonde se explotan los recursos. No derrama mucho más allá de su zona de influencia.

Los grandes núcleos urbanos, de alguna manera, la ven pasar. La segunda está representada por las pymes industriales y el amplio entramado del comercio, principal generador de empleo masivo en el país. Hace dos años y medio, desde que asumió Javier Milei como presidente de la Nación, que iniciaron su parábola descendente.

Hoy la capacidad instalada de la industria opera en un 60%, mientras que el consumo recién en junio pudo cortar 13 meses consecutivos en baja al cerrar con una leve recuperación del 0,9%, según los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa.

El cambio de matriz económica hacia actividades con un fuerte sesgo exportador y generadora de divisas tiene un alto impacto en materia de inversiones y desarrollo de infraestructura zonal. Mientras tanto, los vectores en baja buscan la manera de llevar a la práctica esto que tanto sugieren los expertos liberales cuando la mano viene cambiada: reinventarse.

En su último informe, la consultora I+D, dirigida por Diego Coatz, da cuenta que la industria detuvo su caída (subió 0,4% en mayo) pero continúa un -5,7% abajo versus igual período del año pasado.

Luego señala 5 puntos a manera de radiografía económica:

1) La economía no va a salir del serrucho si no se recupera la industria.

Estimamos que se mantendrá amesetada en junio. Muchas empresas venden para cubrir costos fijos, aún con márgenes cada vez más ajustados.

2) Se consolidan dos Argentinas económicas: más dólares, pero menos industria y menos empleo formal. No solo cae la industria tradicional: también empiezan a caer sectores industriales vinculados a minería (-5,6%), petróleo (-3,5%) y el agro (-9,5%), con una baja interanual de 5,1% de la metalmecánica en mayo.

 3) Se profundiza el efecto sándwich.

La demanda cae, los precios industriales corren por detrás del IPC y los costos suben. La electricidad para grandes usuarios aumentó 79% y el gas entre 30% y 50% en promedio.

 4) El crecimiento no llega a la gente.

La caída de actividad industrial se transforma en pérdida de empleo. Con la baja de 5.000 puestos en marzo, proyectamos una pérdida de 105.000 empleos directos e indirectos (60.000 y 45.000). Se están perdiendo 12 empleos por hora.

 5) La buena noticia es que las exportaciones industriales crecen (+13% en el año).

Ayuda un sistema comercial más ágil y la eliminación de retenciones, pero también pesa la necesidad de exportar para sostener producción ante un mercado interno débil para amortizar costos fijos.

 La situación no escapa a los radares de otras instituciones. El Banco Provincia de Buenos Aires elaboró un documento en el que remarca el proceso de mutación del comercio exterior argentino, donde han ganado un peso mayor los hidrocarburos de Vaca Muerta y la minería como complemento del complejo agroexportador.

Según la entidad, se proyecta un fuerte crecimiento de las exportaciones energéticas. “En particular, estiman que las exportaciones netas de combustibles podrían pasar  de aproximadamente u$s 8.000 millones el año pasado a un nivel cercano a u$s 25.000 millones hacia 2030”.

“Sin embargo, conviene introducir una cautela analítica: un mayor flujo de divisas no se traduce automáticamente en una acumulación de stock. La carga de vencimientos de deuda en moneda extranjera, la persistente demanda de atesoramiento y un bajo nivel inicial de reservas netas

limitan la capacidad de convertir ese excedente externo en un colchón de liquidez comparable a estándares regionales”, argumentan los economistas del Bapro.

 MODELOS OPUESTOS

La Argentina doble faz no se manifiesta solamente en cuáles son los sectores productivos que predominan en la economía, su perfil hacia el mercado externo o hacia el consumo interno. También el modelo político de gestión es parte de esta pulseada.

La Nación, bajo el estandarte libertario, tiene como principal mandamiento el cuidado del superávit fiscal.

Las cuentas públicas no se tocan y, si lo hacen, es para reducir el gasto. En la vereda de enfrente, las provincias expanden sus presupuestos en una estrategia que contrasta con la línea de la Casa Rosada.

La puja de modelos comprende a todo el territorio nacional pero se hace notoria fundamentalmente en una provincia como Buenos Aires, adonde anida buena parte de la industria y de donde surge un alto porcentaje de la producción agropecuaria. El gobernador Axel Kicillof resiste en la trinchera bonaerense. Allí todavía está tibio el rescoldo kirchnerista.

El Gobierno Nacional redujo su estructura de 18 a 8 ministerios y su planta permanente de empleados se recortó en un 20% desde diciembre de 2023, ilustra un informe de la Fundación Libertad y Progreso. Mientras tanto, la provincia de Buenos Aires sostiene 15 ministerios y 37 organismos de primer nivel para administrar un solo distrito.

En los últimos años la provincia creó unos 30.000 puestos en funciones no esenciales, mientras que Nación recortó un 20% de su personal.

Según el Indec, la dotación del Estado nacional -administración pública, empresas y sociedades- se redujo de forma sostenida desde el inicio de la reforma: pasó de 341.473 personas en diciembre de 2023 a 274.793 en abril de 2026, una baja de casi 66.700 puestos, equivalente al 19,5% de la planta.

La provincia de Buenos Aires hizo lo contrario: su empleo público pasó de 528.117 puestos en 2023 a 548.869 en el presupuesto 2026, un aumento del 4%.

La lógica de una y otra administración es por completo opuesta. Los libertarios achican el gasto y prometen en consecuencia la baja de la presión impositiva, algo que todavía no terminan por cumplir. Si lo público se reduce a un tamaño liliputiense, no serán necesarios los gravámenes para sostenerlo. El dinero de los individuos que no va a las arcas del Estado, aseguran, se redirecciona y gasta en otros ámbitos. Se mueve así la rueda virtuosa de la economía.

Del otro lado permanece una idea positiva del proyecto de construcción colectiva, donde entran entre otras cosas la educación y la salud pública. Para sostenerlo y expandirlo, para que el servicio pueda prestarse, se necesita de una amplia gama de impuestos. Dos visiones, dos países distintos.

El Día de la Independencia Tributaria (conocido en inglés como Tax Freedom Day) fue inventado en 1948 por el empresario estadounidense Dallas Hostetler, quien desarrolló y patentó la fórmula para calcular la fecha teórica en la que un ciudadano termina de trabajar para el Estado y comienza a percibir ingresos para sí mismo.

Los militantes de “con la mía no” replicaron la fórmula en la Argentina. Según la presión tributaria que existe en el país en todos los niveles -nacional, provincial y municipal- los contribuyentes deberían trabajar entre 172 y 182 días para cumplir con sus obligaciones, lo cual implica que la liberación del yugo estatal ocurriría entre el 21 de junio y 1 de julio. 

MOROSIDAD

En la manera de vivir -o sobrevivir- y de gastar también hay dos argentinas. Están los que se llenan los bolsillos y los que, endeudados, igualmente no llegan a fin de mes.

La morosidad de las familias argentinas alcanzó el 12,7% en el sistema bancario tradicional, mientras que en entidades no financieras (billeteras virtuales y casas de crédito) trepó al 29,6%. Esto afecta a casi 5,8 millones de personas, quienes representan el 27,9% del total de deudores registrados.

Según datos del Indec, creció la desigualdad. El 10% más rico de la población concentra el 33,5% del ingreso total, con entradas promedio que son unas 15 veces superiores a las del decil más pobre. El estrato alto promedia ingresos de $2.873.233 mensuales, mientras que el estrato bajo apenas llega a $389.298.

En la Argentina del asado por primera vez en la historia el consumo de proteínas de pollo superó al de carne vacuna, más oneroso. Los habitantes de estas pampas llegaron a los 50 kilos anuales de ingesta de pollo, contra un 47,5% de carne bovina.

Así las cosas, los expertos toman el catalejo y contemplan a lo lejos cómo se perfila el 2027. Entonces se hacen la siguiente pregunta: ¿mejorará la capacidad de consumo de la sociedad antes de las elecciones? Veremos.