CLASICA
Desparejo inicio de temporada del Colón
‘Cavalleria Rusticana’ e ‘I Pagliaci’, con 'régie' de Hugo de Ana.
‘Cavalleria Rusticana’, melodrama en un acto, con texto de Guido Menasci y Giovanni Targioni-Tozzetti y música de Pietro Mascagni, e ‘I Pagliacci’, ópera en dos actos, con texto y música de Ruggero Leoncavallo. Escenografía, vestuario, iluminación y régie: Hugo de Ana. Coreografía: Michele Cosentino. Video: Martín Ruiz. Con: Denys Pivnitsky, María Belén Rivarola, Fabián Veloz, Santiago Martínez, Ramiro Maturana, Yonghoon Lee, Liudmyla Monastyrska, Javiera Barrios y Guadalupe Barrientos. Coro (direc.: Miguel Martínez), Coro de Niños (Mariana Rewerski) y Orquesta Estables del Teatro Colón (Beatrice Venezi). El martes 14, en el teatro Colón.
En realidad, fue más o menos decepcionante la apertura de la temporada lírica del Colón. El martes, en efecto, subieron a escena dos clásicos del repertorio verista italiano, ‘I Pagliacci’ y ‘Cavalleria Rusticana’ (contrariando la tradición, aquella primero y la otra después), y en su contexto global, el espectáculo arrojó resultados por cierto irregulares, debido a la confluencia de diversos factores y equivocaciones notorias en materia de contrataciones.
¿DONDE ESTA EL TENOR?
Cabe destacar de manera inicial que en medio de una suerte de maremágnum visual y musical, uno de los sectores más valiosos de la velada fue sin duda el Coro Estable. Preparado por Miguel Martínez, este gran organismo, de elevada categoría internacional, lució exquisita belleza de sonido tanto en varones como en el sector femenino (‘Innegiamo, il Signor non é morto!’), vigor y armoniosa sincronización, además de transparentes armónicos. Ello sin olvidar al de niños, que a las órdenes de Mariana Rewerski acreditó aplomo y tonos diáfanos.
En ‘I Pagliacci’, lo peor fue la labor del tenor ucraniano Denys Pivnitskyi (Canio), elemento de segundo orden, pleno de defectos. El barítono Fabián Veloz (Tonio, y luego Alfio), de agradable registro, es más lírico que dramático y rudo, lo que es deseable para títulos pasionalmente tan fuertes (el propio nombre de ‘Cavalleria’ lo dice todo). Nuestra compatriota María Belén Rivarola (Nedda) exhibió en cambio metal cristalino, precisamente colocado y muy bien controlado, aunque su volumen pareció algo limitado, al tiempo que el barítono Ramiro Maturna (Silvio) lució canto elocuente y el platense Santiago Martínez (Beppe) entonó con exquisitez su deliciosa serenata.
FALLAS MUSICALES
Estuvo en el podio la joven maestra italiana Beatrice Venezi (36), y su traducción de ambas partituras, carente de inflexiones, tensión y fraseo, se circunscribió a una correcta lectura de orquesta, sin ir un milímetro más allá. En cuanto a la producción, perteneciente a Hugo de Ana, bien puede decirse que pareció francamente desafortunada. El tinglado mostró casi todo el tiempo una muy confusa y abigarrada superpoblación (con saltimbanquis, bailarines y hasta Carlitos Chaplin), el uso continuo del escenario giratorio introdujo hiatos en la secuencia argumental, despojada de intimidad, y como si todo ello fuera poco, pudo advertirse una suerte de desconocimiento de las esencias de cada obra (los pobres cómicos de la legua de 1865, la commedia del’arte, lo que propuso Leoncavallo con su Prólogo y el posterior desenlace trágico, el vitalmente conmovedor Intermezzo de ‘Cavalleria’ transformado en una lánguida página procesional y de iglesia), esto aparte de una decoración plagada de paredes ruinosas y andamios cuya función no se llegó a comprender.
Las cosas mejoraron en la subyugante pieza de Mascagni, ya que la mezzo chilena Javiera Barrios (Lola) acreditó órgano atrayente en su stornello y su colega Guadalupe Barrientos (Mamma Lucia) volvió a exteriorizar gran calidad, amplitud y aterciopelada y firme voz. A la soprano kievita Liudmyla Monastyrska (50, Santuzza) la habíamos escuchado diez años atrás en el Met, en una deslumbrante ‘Aida’. La encontramos ahora manejando sus medios con soltura, contagiosa comunicatividad dramática y línea de alto rango. Pero la figura vocal de la noche fue desde ya Yonghoon Lee (52, Canio), tenor surcoreano de impactante canto, timbre y color oscuros, potente, solar, absolutamente homogéneo, así como también emisión gallarda y soberbio pasaje alto, sin perjuicio de la realización de finas medias voces. Para algunos colegas del exterior se trata del Otello y el Calaf indiscutidos de esta generación.
Calificación: Bueno
