Desafíos a la hegemonía estadounidense
El fin del orden bipolar de la Guerra Fría no se tradujo en una nueva era de paz y de cooperación bajo la supervisión del autoproclamado líder de la democracia liberal; más bien, fue un regreso a la vieja política de las grandes potencias: un mundo multipolar.
La intervención estadounidense en Venezuela es un mal presagio para Ucrania, en principio y para otras regiones del planeta. Varios analistas serios afirman que las acciones de Trump en Caracas podrían ser una señal de un acuerdo entre él y Putin. Washington y Moscú podrían haber dividido el mundo en esferas de influencia.
Nos dice el Coronel austriaco Markus Reisner:
“Estados Unidos está haciendo lo que antes acusaba a los rusos: crear hechos sobre el terreno mediante acciones unilaterales. Con su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, los estadounidenses están aclarando cómo entienden la política de "Estados Unidos Primero" en términos de política de defensa: quieren crear nuevas realidades mediante el uso de la fuerza militar. Trump justifica su enfoque con la Doctrina Monroe del siglo XIX, que ahora denomina Doctrina Donroe. Según esta doctrina, considera su área de influencia en Centroamérica y Sudamérica como su terreno de juego y define sus exigencias con respecto al hemisferio occidental.”
REPERCUSIONES GEOPOLITICAS
Por otro lado, Ucrania podría afrontar repercusiones geopolíticas de gran alcance tras el reciente ataque de Estados Unidos contra Venezuela, incluido, potencialmente, perder el acceso al mar Negro. Esta valoración la expresó Chas Freeman, ex subsecretario adjunto de Defensa de EE. UU. para asuntos de seguridad internacional y diplomático de larga trayectoria, durante su intervención en un canal de YouTube. Freeman sostuvo que, a su juicio, Venezuela no tendría una libertad real para elegir su posición en el escenario global y que quedaría sometida a imposiciones externas. Estableció un paralelismo con lo que describió como el enfoque de Rusia hacia Ucrania y sugirió que esa lógica podría aplicarse a la inversa. Afirmó que existe una probabilidad considerable de que Rusia responda cortando a Ucrania el acceso al mar Negro.
Un escenario así, advirtió Freeman, redefiniría de forma radical el futuro de Ucrania. Planteó que, sin salida marítima, el país podría quedar relegado a la condición de un Estado sin litoral y periférico, dominado por el ultranacionalismo y con pocos incentivos para que Moscú busque algún tipo de interlocución constructiva.
Todas las piezas de este “rompecabezas mundial” están relacionadas.
En primer lugar, la atención de la comunidad internacional se está alejando de Ucrania y concentrándose en Venezuela. En segundo lugar, en el peor de los casos, Estados Unidos tiene un mayor interés en poner fin a la guerra europea a expensas de Ucrania, ya que podría haber llegado a un acuerdo con Rusia sobre la demarcación de las esferas de influencia. Trump podría haber acordado con Putin la división del mundo. Estados Unidos se centraría entonces en América Central ( hoy se ve claramente la “militarización “ del Caribe) y del Sur, y en la periferia más amplia, como Groenlandia. No es casualidad que Trump y sus partidarios hayan renovado su reivindicación del control de Groenlandia. Esto, a su vez, podría animar a China a imponer su reclamación sobre Taiwán por la fuerza.
También según otros analistas, leemos: “Lo que detonó la intervención no fue el crudo, sino la convergencia operativa de los tres principales adversarios de EE. UU., China, Irán y Rusia, en un mismo territorio: Venezuela. China había tomado control de la extracción de minerales estratégicos (tantalio, cobalto, tierras raras) directamente en las minas del Arco Minero del Orinoco. Estos minerales alimentan la cadena de producción de armas del propio Pentágono. La presencia china no era comercial: era operativa. Irán había instalado fábricas de drones militares con capacidad ofensiva para alcanzar Florida desde el Caribe. No eran ventas de armas: era industria bélica permanente a 1.200 millas del territorio continental estadounidense y Rusia había desplegado asesores militares, sistemas antiaéreos, radares y entrenamiento en inteligencia. Un ecosistema de guerra electrónica a la vuelta de la esquina de Miami. Esto no fue casual. Fue una estrategia coordinada. Cada actor reforzaba la presencia del otro”.
Mas elementos: Estados Unidos busca el control de las mayores reservas de petróleo del mundo, que también desempeñan un papel geoestratégico. Venezuela es crucial para el suministro de petróleo de China. Se supone que una cantidad significativa de petróleo venezolano se ha vendido a China, incluso a través del Estrecho de Malaca. Si en el futuro el petróleo venezolano se vende exclusivamente a Estados Unidos, China se quedará únicamente con Rusia como principal proveedor dispuesto. Esto aumentaría la dependencia de China de Rusia.
LA REALIDAD SE IMPONE
Estados Unidos quizá se haya dado cuenta de que ya no puede dictar unilateralmente las reglas del poder en este mundo. Pero aún aspira a ejercer un dominio absoluto en ciertas partes del mundo. Y en la lucha con otras grandes potencias en un mundo multipolar, desea al menos tener influencia general o, de ser posible, marcar la pauta; ese es el punto crucial. Si Estados Unidos se aferra a esta estrategia, solo intervendría militar y rápidamente si algo ocurriera en su patio trasero, en el hemisferio occidental. En todas las demás áreas, aceptaría la hegemonía de otras potencias. Así es como debe entenderse también la referencia de Trump a la Doctrina Monroe.
Para seguir pensando en el tablero estratégico mundial, agradecemos la colaboración de nuestro colega Paolo Falconio:
“El intervencionismo actual en Venezuela no puede interpretarse mediante una lectura reduccionista centrada exclusivamente en la dimensión energética. Si bien el petróleo constituye un elemento relevante en la planificación estratégica de Washington, no representa, al menos en la fase inicial, la causa principal de la acción militar. El elemento inquietante debe identificarse con mayor precisión en la progresiva transformación de Venezuela, bajo la presidencia de Nicolás Maduro, en un centro geopolítico chino en el hemisferio occidental, con una presencia estructurada de actores estatales y paraestatales de Pekín y Moscú. Esta configuración representó una violación directa de la doctrina tradicional de seguridad estadounidense, que considera a Latinoamérica como una zona de influencia privilegiada e innegociable.Si la causa inmediata de la intervención es, por tanto, de carácter geopolítico, la dimensión petrolera adquirirá un papel decisivo en la fase ulterior, es decir, a decidir, en la definición de los escenarios de la “posición Maduro” y en la evaluación de una posible permanencia estratégica de Estados Unidos en el país”.
La centralidad del petróleo en la política económica estadounidense también se ha visto amplificada por la estructura financiera de la economía estadounidense. Las fluctuaciones en el precio del crudo producen efectos sistémicos inmediatos, afectando la estabilidad de los mercados y la competitividad del sector del petróleo de esquisto, que solo es económicamente sostenible si el precio del barril no se estabiliza por debajo de los 60-61 dólares.
Es evidente que la gobernanza petrolera global no es un elemento accesorio, sino un factor determinante para la seguridad económica de Estados Unidos. Desde esta perspectiva, es difícil imaginar un marco regulatorio eficaz exclusivo de Rusia, uno de los principales productores mundiales, y que no tenga en cuenta la dinámica de la OPEP+ (T. Mitrova y K. Yermakov, “La estrategia energética de Rusia en el mercado global”, Energy Policy, vol. 147, 2020.).
La eventual integración de Venezuela con Estados Unidos, incluso antes del gobierno formal, tendería a tener implicaciones significativas para los balances energéticos internacionales. Una fuerte presencia en el país, al menos en el sector petrolero, permitiría a Washington influir directamente en la dinámica entre los países miembros y no miembros de la OPEP, transformando a Caracas en un actor ideológico y en una plataforma funcional para la estabilización del mercado. Una Venezuela integrada en su estrategia energética actual podría modular su producción para cumplir con los objetivos de precios, contribuyendo a reducir la carga de la OPEP+ y manteniendo el crudo en niveles compatibles con la sostenibilidad del petróleo de esquisto estadounidense (A. Goldthau y B. Sovacool, Seguridad energética, gobernanza y el desafío energético global, Routledge, 2012.)
SITUACION OPERACIONAL
¿Cuál es la situación a principios de año?. Ucrania incremento sus ataques desde el aire. Según un informe de prensa, la CIA ha brindado un apoyo sustancial a Ucrania en los últimos meses. Esto parece ser otro intento de Trump de ejercer presión e influencia sin intervenir directamente. Ucrania ahora realiza ataques aéreos contra Rusia casi a diario, a menudo con hasta 100 drones. Al menos, estas son las cifras reportadas por Rusia. Los resultados aún no son mensurables, y no deciden nada estratégicamente, solo hostigan.
Moscú sigue su ritmo de avance. Los rusos también han intensificado sus ataques. Desde principios de noviembre, se han producido nueve ataques aéreos intensos con hasta 600 drones. Algunos de ellos se llevaron a cabo en los últimos días, cada uno con hasta 200 drones. Kiev quería ampliar la producción de drones interceptores. Sin embargo, Moscú está empezando a equipar sus drones con tecnología que les permite cegarlos. Es un juego del gato y el ratón. Esto demuestra lo difícil que le resulta a Ucrania combatir la defensa aérea.
Según fuentes neutrales, los rusos ocuparon aproximadamente 5000 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano el año pasado. Los rusos declaran 6.200, mientras que los ucranianos afirman algo menos de 4.000 kilómetros cuadrados. En total, Rusia ocuparía 116.165 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano ( para tener una idea aproximada esto es igual a toda la provincia de Santiago del Estero).
Esto representa el 19,25 % del territorio total, o uno de cada cinco kilómetros cuadrados. Si se incluyen las zonas grises, la cifra es aún mayor. Trump habló recientemente de hasta un 25 %. Por lo tanto, los rusos mantienen la iniciativa y avanzan gradualmente.
CONCLUSION POR HOY
Se podría decir que los conflictos y las pugnas de la actualidad se explican en gran medida como desafíos a la hegemonía estadounidense proyectada de forma internacional, atravesada por intereses regionales; en Ucrania, como el antagonismo entre una Unión Europea y Rusia, incomodada por una Organización del Tratado del Atlántico Norte siempre creciente, y en el Medio Oriente, donde Israel representa sus intereses contra Irán. Y reciente vemos como los vínculos y la cooperación entre los Estados antagonizados por la hegemonía estadounidense, confluyen en Venezuela, principalmente Irán, China y Rusia.
Esta intervención no es un retorno al orden. Es una lucha por retrasar el colapso. Desde la congelación de las reservas rusas en 2022, el mundo ha estado alerta. El dólar no es neutral. Es un arma. Y si se puede convertir en un arma, se puede reemplazar. Esta medida le da tiempo a Estados Unidos. Pero también envía un mensaje a todos los demás países que consideran la liquidación en oro o alternativas al dólar. El sistema es frágil. Tan frágil que ahora requiere fuerza para sostenerlo.
