UNA SEMANA EN EL GLOBO

Demencial colapso del régimen iraní

 

"Lo creo porque es absurdo"

Terencio, dramaturgo romano del Siglo II a.C.

 

El sábado 28 de febrero de 2026 ocurrió un raro fenómeno astronómico, pues se alinearon ese día seis planetas de nuestro sistema solar: Mercurio, Venus, Saturno, Júpiter, Urano y Neptuno. No conozco la influencia de los astros, ni tampoco la de sus alineaciones, pero ese día Israel y los Estados Unidos lanzaron contra el régimen de los ayatolás iraníes el mayor ataque militar del Siglo XXI y sus contornos.

Dos portaaviones, cruceros, destructores, submarinos, doscientos aviones a cuál más moderno, grande y peligroso, cincuenta mil militares, bombas y municiones de todo tipo, clase y color, sistemas de defensa de última generación, equipos de engaño electrónico, fuerzas especiales, sistemas satelitales de comunicación. La mar en coche y un poco más, si fuere posible.

El gobierno teocrático de la República Islámica de Irán, por su parte, encabezado por el Ayatolá Supremo Alí Jamenei, no había dado ninguna muestra de debilidad durante las negociaciones anteriores a la guerra entre estos tres países. Los misiles no eran negociables, el apoyo iraní a las fuerzas proxy

como Hamas, Hezbolá, los yutíes y las milicias en Irak, tampoco. Solamente ofrecía negociar la cantidad y la proporción de uranio enriquecido destinado a la fusión nuclear.

Mientras las conversaciones de paz ocupaban varios meses, tanto Irán como los Estados Unidos e Israel acumulaban fuerzas y preparativos militares a rolete sobre la base de un conflicto bélico inevitable.

Cabe señalar que el régimen de los ayatolás estaba sometido a una tremenda doble presión: la población civil, por un lado, había llegado a un punto de hartazgo impresionante frente a un gobierno de clérigos quienes, durante cuarenta y siete años, habían hecho permanentemente oídos sordos a todos los reclamos de tipo popular. Es más, habían usado como único método la represión más brutal y el miedo más tremendo como única fórmula de pacificación social, por llamarla de alguna manera.

Balas para matar, y perdigones para cegar a quienes osaban quejarse, en cualquier región, localidad o zona de ese vasto país de un millón seiscientos mil kilómetros cuadrados de superficie.

DESTINO MANIFIESTO

El destino manifiesto de la República Islámica de Irán, según sus clérigos chiitas creadores, consistía en "borrar al Estado de Israel de la faz de la Tierra". Pero nunca calcularon que ese sangriento propósito podría decidirse en territorio iraní

. Por eso sus fuerzas militares asimétricas fueron apostadas en las proximidades del Estado judío, o más allá como lo hutíes y las milicias chiítas de Irán.

Desde ya, la prédica constante contra Occidente, especialmente contra los Estados Unidos (llamado coloquialmente por Irán como el "Gran Satán") e Israel (el "Pequeño Satán") y su actitud permanentemente beligerante, le fueron acumulando sanciones sobre sus exportaciones de hidrocarburos al resto del mundo.

De sus ganancias, una gran proporción fue siempre a sus fuerzas irregulares como Hamas y Hezbolá, a la fabricación de armas nucleares (en grado de tentativa) y a su gran industria misilística y de producción de drones.

BROMA MACABRA

Hoy, domingo 8 de marzo, es el Día Internacional de la Mujer, casi una broma macabra en un país islámico chiita donde la mujer tiene un papel completamente secundario en comparación con los roles masculinos. Tiene la obligación de cubrir todo su pelo, su rostro y usar ropas muy amplias que oculten, en lo posible, sus curvas y formas femeninas.

Hace pocos días, una gran periodista internacional entrevistó, en Montevideo, a una joven iraní recién llegada de Teherán. Una bella joven de menos de veinte años. Le preguntó los motivos de su reciente migración a la capital uruguaya. "Me fui de Teherán por tres razones -contestó la joven iraní: Soy mujer, soy joven y tengo ideas".

Desde 1979, en el Día Internacional de la Mujer hoy será la primera vez que la mitad de la población iraní podrá soñar con una mejora efectiva para saldar esta vieja y humillante deuda política provocada por su atraso en derechos civiles y por su escandaloso relegamiento social.

PALIZA MILITAR

Desde el momento en que se alinearon los seis planetas de nuestro Sistema Solar, y los israelíes y norteamericanos atacaron a la teocracia iraní se comió una espantosa paliza militar, casi sin precedentes en el mundo conocido.

Los atacantes tenían perfecto conocimiento donde estaban reunidos los hombres más poderosos de una de las grandes potencias de Cercano Oriente (Medio Oriente, para los anglosajones) y los mataron a todos juntos, desde el Ayatolá Alí Jameini para abajo. Los cuarenta principales, por ejemplo. Fue descabezada una cúpula notablemente verticalista, totalmente confundida con respecto a sus propias capacidades militares y absolutamente nula con respecto a las capacidades bélicas de sus enemigos.

Por ejemplo, enviaron contra el portaaviones nuclear Abraham Lincoln

quince de sus mejores misiles hipersónicos. Ninguno llegó a destino, ni siquiera rozó a esa tremenda fortaleza flotante. Algunos de esos súper misiles explotaron en el aire, producto de misiles interceptores, o fueron a parar al agua mal guiados por las interferencias electrónicas norteamericanas.

En represalia, la Marina de Guerra yanqui les hundió los quince buques más poderosos de la Fuerza Naval iraní: nave insignia, cruceros de última generación, fragatas, destructores, submarinos iraníes grandes, medianos y chiquitos. Todos los componentes navales iraníes terminaron inexorablemente en el fondo del Golfo Pérsico, el Golfo de Omán, o en sus adyacencias. Ya que estaban, la Armada yanqui les reduzco a escombros el puerto naval iraní más importante, sin dejar piedra sobre piedra, ni muelle en pie. Todo destruido, absolutamente todo: depósitos, grúas, embarcaciones amarradas, o en dique seco, no quedó ni el loro.

Todo lo flotante fue a parar al fondo del Océano.

Ni hablar de las fuerzas aéreas. Con los colores de la República de Irán ya no vuela nada, los cielos de Persia están completamente abiertos y sin peligro alguno para los aviones de guerra israelíes y norteamericanos. Hasta se reabastecen en el aire sobre suelo iraní sin ningún temor, porque no hay ningún peligro a la vista. De sistemas antiaéreos, ni hablar, ya no existen. Duraron poquísimo, incluso los equipos rusos y chinos traídos a último momento. No sirvieron absolutamente para nada. Kaput.

ERROR DE CALCULO

Otro error de cálculo de los líderes iraníes consistió en las instalaciones ocultas en las montañas o en las profundidades del suelo iraní.

Entusiasmados por la posibilidad de no ser descubiertos ni embocados por artilleros enemigos, los ayatolás se dedicaron a construir verdaderas ciudades subterráneas bajo la superficie de la misma Teherán, de otras ciudades importantes, y de lugares montañosos que parecían inaccesibles, o inatacables.

Pero con la variedad de bombas perforantes de más de una tonelada de carga explosiva, las fuerzas atacantes encontraron la manera de destruir o de dejar completamente enterradas, o sin conductos de ventilación eficientes, a cantidad de estas bases subterráneas, algunas de ellas muy comunicadas entre sí.

Muchas cosas y algunas personas no verán nunca más la luz del sol porque se calculan es requerirán muchos años para desenterrar tanto a los guerreros como a los grandes centros de mando y comunicación sepultados bajo los enormes terraplenes caídos sobre aquellas instalaciones que parecían tan oportunas y, finalmente, fueron tan fatales.

A TROCHE Y MOCHE

Uno de los misterios más difíciles de explicar, se supone, tanto para clérigos como para estrategas militares, resulta de la rociada de misilazos aplicados por los ayatolás a todos los pueblos islámicos que los rodean: Arabia Saudita, Quatar, Omán, Emiratos Arabes Unidos, Bahrein, Azerbaián, Turquía. Este último es miembro de la OTAN, igual que Francia, dueña de una base militar golpeada por misiles de Irán en los Emiratos Arabes Unidos. Lo mismo ocurre con Gran Bretaña, también miembro de la OTAN, dueña de una base atacada por los misiles iraníes en Chipre, territorio de Grecia, también asociada a la OTAN. Para peor, Arabia Saudita tiene un convenio de reciprocidad militar con Pakistán, país dueño de bombas atómicas y con una extensa frontera contigua con Irán.

Dicen que Alá ciega a quienes quiere perder.

En estos momentos, a la República Islámica de Irán le quedan muy pocas rampas lanzamisiles. Pero bueno, todavía está a tiempo para embocar a Rusia y a China.

Por su parte, supongo que durante las próximas tres semanas, sin buques ni aviones enemigos a la vista, tanto los Estados Unidos como Israel, podrán hacer blanco en unas cuantas comisarías, centros de detención y tortura de la Guardia Revolucionaria, y cuarteles de las fuerzas Basij, unos palurdos encargados de que las señoras usen el velo como Alá les manda.

La antigua Persia tiene una extensión muy grande pero, en tres semanas, los aviones vengadores pueden embocar a unos cuantos todavía.