Del "voyerismo" al atracón digital: por qué el consumo compulsivo de TV rediseña la realidad

Tras casi tres décadas de realities y el auge del “binge-watching”, expertos españoles advierten sobre las grietas de este modelo de entretenimiento. Entre la distorsión de las relaciones personales, el refuerzo de estereotipos y riesgos severos para la salud física derivados del sedentarismo, el consumo compulsivo de pantallas se ha convertido en un fenómeno que impacta directamente en la autoestima y el bienestar de las nuevas generaciones.

Hace casi 26 años que la telerrealidad llegó para quedarse. Hay varios factores que influyen en el éxito de los ‘realities’, y también son diversos los riesgos a los que se exponen quienes hacen un consumo excesivo de ellos, sobre todo lo más jóvenes, más vulnerables a sus efectos.
Desde la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en España, advierten que, entre otras cosas, los ‘realities’ pueden distorsionar la visión que tienen los jóvenes de las relaciones, refuerzan los estereotipos y pueden bajar la autoestima por la comparativa constante con los personajes que participan en ellos.
UNA REALIDAD POCO REALISTA
La profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC, Elena Neira, destaca la capacidad adictiva que tienen este tipo de formatos por el propio concepto del programa, el montaje y la narrativa audiovisual, que están orientados “a un consumo compulsivo”.
Neira, quien es investigadora del Grupo de Investigación de Aprendizajes, Medios y Entretenimiento (GAME), abunda en que “lo distópico del asunto” es que supuestamente muestran la realidad, pero “en realidad están creando personas alternativas a esa realidad”.
Y ponen a esos personajes en situaciones que tampoco son muy normales.
PARA ENGANCHAR
Por su parte, el profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC Aleix Comas detalla los factores psicológicos que influyen para mantener a los espectadores “enganchados”: la estructura del programa, el morbo y la comparativa social.
Respecto a la estructura, Comas destaca el “cliffhanger”, que es un recurso que corta la narración “en el punto de máxima tensión dramática”, lo que provoca que el espectador quiera ver el siguiente episodio.
En este apartado el experto de la UOC señala la anticipación de imágenes, que funciona como un señuelo para enganchar a la audiencia y, a su juicio, es un reforzador psicológico “bastante similar” al que utilizan las máquinas tragamonedas.
Sobre el morbo y el “voyerismo”, el profesor de la UOC señala que estos programas dan la oportunidad de ver a personas reales —que, en principio, no son actores— en situaciones nuevas y de cierta intimidad que no podríamos presenciar de otras formas».
Y en cuando a la comparativa social, permiten poner al espectador en la piel del concursante con el que se siente identificado, lo que facilita que quiera ver cómo se resuelve su situación particular y si le es o no útil.
“Sería una especie de aprendizaje de cómo resolver conflictos, a pesar de no ser, en muchos casos, las fuentes más adecuadas de relaciones sanas y equilibradas”, incide Comas.
La vivencia de problemas que puedan parecer reales hace que los espectadores se vinculen con los participantes.
Esa vinculación, matiza, puede crear falsas creencias y, de hecho, resalta que hay “numerosos» estudios académicos que afirman que formatos de este tipo tienen un impacto en la imagen que el público que tiene de las relaciones personales y amorosas”.
RELACIONES TOXICAS
Para Neira trasciende una versión “algo contaminada” de lo que son las relaciones y eso, para determinados grupos demográficos, puede acabar siendo un baremo que luego tomen como referencia en sus vidas.
“Las relaciones tóxicas que aperecen en estos programas son de manual, un estereotipo. Por una parte nos estamos rasgando las vestiduras porque se produzcan determinados desgraciados fenómenos en la sociedad, pero, por otra parte, nos estamos alimentando de ellas. El propio sinsentido de este nueva manera del entretenimiento”, reflexiona.
Subraya que “lo distópico del asunto” es que supuestamente un reality es la realidad, pero “lo que están creando es una persona alternativa a la realidad, porque lo que busca el programa es generar una reacción visceral y profunda”.
“Por otra parte, jugar con el morbo y poner a los personajes en situaciones en las que tú de normal no te verías digamos que genera esa confluencia de factores, genera que tú tengas una, pues probablemente muchas veces una curiosidad malsana por saber qué pasará a continuación”, considera Neira.
REFUERZO DE ESTEREOTIPOS
Hay que tener en cuenta que el público general de algunos de estos programas tienen entre 18 y 34 años, con lo que son franjas “complejas” en relación a la salud mental.
Y uno de los riesgos de los realities es que “refuerzan los estereotipos, porque los perfiles y comportamientos que resultan de la edición del programa se seleccionan «no en función de lo que es más real o más sano, sino en función de lo que creen que va a generar más audiencia, que justamente suelen ser comportamientos muy polarizados y relaciones muy tóxicas”, coincide Comas.
Y el peligro, añade, es que de tanto presentarlo se acaba normalizando.
Así, un consumo excesivo de realities entraña más riesgos, como una pérdida de referencias y criterios para establecer relaciones interpersonales sanas, enumera Comas.
Pero también una comparativa constante con los personajes que facilita una sensación de ser menos, con, reitera, la consecuente baja de autoestima o “una dificultad para afrontar y gestionar los problemas personales propios al evadirnos con este contenido constantemente”.
Un informe de Mental Health Foundation, de Reino Unido, refleja que casi una de cada cuatro personas de entre 18 y 24 años reconoce que ver este tipo de programas le provoca preocupación de su imagen corporal.
RIESGOS PARA LOS PROTAGONISTAS
Los participantes de los realities también se enfrentan a una serie de riesgos. Puede que al estar en un programa de televisión actúen no tanto como tal, sino según un contexto que los rodea.
“Y esto los lleva a tomar decisiones y realizar acciones que muy posiblemente no harían fuera”, explica Comas.
Una vez finaliza el programa, los participantes pueden sufrir desagradables cambios emocionales. Y es que salen de “esa realidad paralela”, con lo que tienen que hacer “un duelo de la vida que llevan allí y volver a integrarse en la rutina”, que tenían antes. No siempre pueden recuperarla.
Y también se enfrentan al juicio del público que les ha visto por la televisión, sin olvidar tampoco el duelo cuando la fama efímera se esfuma.
“Todo ello facilita sentir sintomatología ansiosa y depresiva que puede derivar en un trastorno si no se gestiona bien”, añade Comas.
Los memes y las bromas en redes son habituales y abundan en fidelizar aún más al espectador, de forma que, señala Comas, se genera una presión grupal para que también lo veas con lo que o lo ves y formas parte del grupo en la conversación o estás fuera, señalan los expertos de la UOC.
CAMBIO DE PARADIGMA
La era del streaming ha cambiado por completo la forma en que la gente ve la televisión. Ya no hay que esperar a que salga un nuevo episodio de tu serie favorita, ya que muchas empresas de entretenimiento lanzan temporadas completas y series de una sola vez. Esto ha dado lugar a un nuevo concepto denominado “binge-watching” (atracón de series).
El “binge-watching”, es decir, ver muchos episodios de televisión de una sola vez, se está volviendo cada vez más común con todas las opciones de streaming disponibles para los consumidores, incluyendo Netflix, Hulu y Amazon Video, entre otras. Puedes ver estos servicios en tu televisor o en otro dispositivo electrónico, como una computadora portátil, una tableta o un teléfono celular.
Pero, por muy atractivas que puedan parecer todas estas opciones, los expertos en salud advierten que, al sustituir el tiempo que antes se dedicaba al ejercicio, la socialización y el sueño, las personas aumentan el riesgo de padecer muchas enfermedades graves, como enfermedades cardiovasculares (cardio-vasculares), depresión, problemas de sueño y adicciones conductuales.
Gran parte de la investigación sobre los efectos del consumo excesivo de televisión en la salud es reciente, pero los datos disponibles se centran en algunas consideraciones importantes para la salud y las plantean. A continuación, le indicamos lo que necesita saber sobre los riesgos para la salud asociados al consumo excesivo de televisión y lo que puede hacer para reducir el tiempo que pasa frente al televisor y, potencialmente, reducir el riesgo de sufrir efectos adversos para la salud. 

El consumo compulsivo de series se ha convertido en un comportamiento habitual. De hecho, una encuesta realizada en 2018 reveló que el 60 % de los adultos estadounidenses que utilizan servicios de streaming bajo demanda consumen series de forma compulsiva.1 Los porcentajes son más elevados entre el público más joven, ya que el 73 % de los jóvenes de entre 18 y 29 años consumen series de forma compulsiva al menos una vez a la semana.
El consumo compulsivo de series tiene consecuencias para la salud, y los investigadores de la Universidad Estatal de Arizona se propusieron averiguar cuáles son exactamente. Los resultados de su estudio se publicaron en agosto de 2020 en la revista BMC Public Health.2 Para ello, enviaron una encuesta de 18 preguntas a 926 adultos que tenían un televisor y al menos un dispositivo más que utilizaban para ver programas de televisión en streaming. 
Los investigadores querían saber cuánto tiempo pasaban las personas con sus dispositivos, su peso, cómo era su dieta, cuánto dormían y la calidad de ese sueño, cuánto estrés sufrían en el día a día, sus niveles de actividad física y sus hábitos de consumo compulsivo de series.
Lo que descubrieron los investigadores fue que las personas que pasaban más tiempo frente a la pantalla dedicaban una media de 17,5 horas al día a todos los dispositivos. Estos usuarios también declararon tener las dietas menos saludables y los peores resultados de salud en comparación con aquellos que eran usuarios moderados o ligeros de pantallas.
Los investigadores también señalaron que los hábitos de uso intensivo de pantallas pueden conducir a patrones de alimentación poco saludables, como el consumo frecuente de comida rápida y las comidas familiares frente al televisor. El uso intensivo de pantallas también se asoció con la percepción de estrés.
Los investigadores de la Universidad Estatal de Arizona concluyeron que una dieta deficiente y consecuencias negativas para la salud se harían más evidentes a medida que aumentara el tiempo de visualización. También consideraron que era necesario realizar más investigaciones para comprender mejor qué tipos de comportamientos relacionados con la pantalla podrían afectar a los comportamientos y resultados de salud. 

CONSECUENCIAS

Con el tiempo, el consumo excesivo de series puede perjudicar su salud de formas que quizá no espere. Entre las preocupaciones que han planteado los investigadores se encuentran la disminución de la actividad física, los problemas de sueño y la fatiga, los coágulos sanguíneos, los problemas cardíacos, la mala alimentación, el aislamiento social, la adicción conductual y el deterioro cognitivo.
Un estilo de vida mayoritariamente sedentario está causalmente relacionado con una serie de problemas de salud, como enfermedades cardíacas, diabetes, hipertensión arterial, osteoporosis, accidentes cerebrovasculares, aumento de peso excesivo y trastornos del estado de ánimo como la ansiedad y la depresión.
Según investigadores de la Universidad de Míchigan, el consumo compulsivo de series también está relacionado con hábitos alimenticios poco saludables. En la 67.ª Conferencia Anual de la Asociación Internacional de Comunicación (2017), los investigadores debatieron sobre la relación entre el consumo compulsivo de series y los malos hábitos de vida.
Necesitamos dormir porque el sueño desempeña un papel importante en la salud mental y física y en la calidad de vida. Según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (NHLBI) de Estados Unidos, el sueño es necesario para el correcto funcionamiento del cerebro, el mantenimiento de la salud física y el fomento del crecimiento y el desarrollo saludables en niños y adolescentes.
La falta de sueño puede provocar graves problemas de salud mental y física, lesiones, pérdida de productividad y un mayor riesgo de muerte prematura.
Un informe de agosto de 2017 publicado en la revista Journal of Clinical Sleep Medicine revela que ver series de televisión de forma compulsiva está relacionado con una peor calidad del sueño, un aumento de la fatiga y síntomas de insomnio.8 En este caso, los investigadores descubrieron que el estado de concentración que se produce al ver series de televisión de forma compulsiva no permite que el cerebro se apague.