SIETE DIAS DE POLITICA
Del gobierno por decreto a una nueva mayoría parlamentaria
Milei desplegó una exitosa ofensiva en el Congreso para aprobar leyes clave. Dividió y aisló al peronismo y construyó desde el poder una renovada fuerza parlamentaria, funcional a su programa oficial.
Javier Milei no deja de sorprender. Está a punto de transformar el período de sesiones extraordinarias en el trampolín menos esperado de su plan de gobierno.
Si la agenda que planteó se cumple, llegará al Congreso el 1° de marzo para dar su informe del Estado de la Nación no solo con el presupuesto 2026 y otro blanqueo para los dólares “del colchón” convertidos en ley, sino también con una reforma laboral postergada durante décadas, la baja de la edad de imputabilidad penal a 14 años, la reforma de la Ley de Glaciares y el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea. Todas iniciativas sancionadas con apego al trámite prescripto por la Constitución.
Esto sucederá a menos de un año de que el Parlamento lo vapuleara, convirtiéndose en la peor amenaza a la gobernabilidad mediante la aprobación de leyes que afectaban el equilibrio fiscal y con el rechazo de los vetos correspondientes. Para hacerlo, la oposición formó mayorías abrumadoras cercanas al 80%. Dar vuelta por completo esa situación resulta, por lo tanto, una señal decisiva para mercados e inversores (ver “La lógica del capital”).
Así como aquella rebelión legislativa carecía de antecedentes, tampoco los tiene la posterior capacidad demostrada por Milei para transformar el triunfo electoral de octubre en gobernabilidad y control institucional.
Para hacerlo, cambió radicalmente de estrategia política. Pasó de la faz agonal a la arquitectónica. De la lógica de amigo-enemigo que le permitió crecer a la formación de alianzas transitorias para destrabar proyectos. Ya no necesitaba demostrar que es antirégimen, sino que la gobernabilidad está asegurada.
Esa metamorfosis agarró a contrapié a los medios que lo acusaron de “transar” con políticos y sindicalistas al mejor estilo de la casta. Es decir, los mismos que denunciaban alarmados que “la democracia estaba en peligro” por prácticas autoritarias de Milei, pasaron a reprocharle que flexibilizase sus posiciones y negociase con la oposición.
Lo que quedó a la vista, en realidad, fue un proceso de adaptación al nuevo escenario surgido en octubre. Milei ya no necesita desplantes ni sobreactuar para demostrar que es rupturista, ni para retener a sus votantes.
El período de sesiones extraordinarias sirvió de laboratorio para ensayar su nueva versión. Un Milei que prefiere sumar a romper y que -en sentido contrario a la anunciada muerte de Maquiavelo- recurre al pragmatismo para sumar poder institucional y ahorrarse DNU.
Otro dato nuevo es su manejo de la interna. En la nueva etapa, el sector ganador ocupó un palco en las galerías del Senado para demostrar que era el dueño de la victoria. Karina Milei festejó rodeada de Santilli, Adorni y los Menem.
El Presidente quedó preservado de los tironeos de esta facción con la de Santiago Caputo. En ese plano tiene un manejo del poder similar al de Carlos Menem. Sólo interviene para levantarle el brazo al vencedor. Otro mal trago para los que en los últimos dos años lo calificaron de ignorante político.
La razón principal por la que gana las votaciones que el año pasado perdía de manera aplastante hay que atribuirla al aislamiento del peronismo. En el Senado, el interbloque del PJ perdió la votación por la reforma laboral por 42 a 30, una diferencia amplísima en esa ala del Congreso que ha controlado históricamente. Sólo retuvo el apoyo de Gerardo Zamora.
Su problema reside en que responde mayoritariamente a Cristina Kirchner y a un estilo de oposición inviable. Esa actitud beneficia al Gobierno porque le facilita el acuerdo con los gobernadores del PJ. Todo el que acepta la conducción de la expresidenta termina atrapado en una política repudiada en las dos últimas elecciones.
Axel Kicillof, que aspira a la candidatura presidencial, terminó participando de la marcha contra la reforma laboral que dio el alarmante espectáculo de ataques con bombas molotov. En los hechos, el gobernador, como muchos de sus compañeros, no sabe dónde ponerse.
El discurso kirchnerista no sólo es anacrónico, sino que contamina toda la agenda. En Diputados, el ultra K Pietragalla Corti justificó su rechazo al proyecto de baja de la edad de imputabilidad apelando a un argumento sorprendente de un escritor ignoto, según el cual la comisión de un delito grave “dignifica” al menor que lo comete. Robar y matar, de acuerdo con ese razonamiento, le confiere un status del que carecía hasta el momento de comenzar a violar el Código Penal. La adhesión a tanto delirio explica la desorientación y soledad en que quedó el peronismo tanto dentro como fuera del Congreso. También por qué Milei está a punto de alcanzar una victoria política en el período de sesiones extraordinarias que nadie hubiera imaginado y que pavimentaría el camino de su reelección.
