EL RINCON DE LOS SENSATOS

Del cambalache a la Argentina deseada

Por Miguel Angel Troitiño

La historia y el presente de nuestro país demuestran que padecemos una desenfrenada lucha por el poder temporal, priorizando intereses particulares y de muy corto plazo a cualquier costo, desmereciendo, o directamente ignorando, aquellos esfuerzos relacionados con el porvenir de la Argentina.
Una muestra cabal la dan nuestros representantes en el Congreso de la Nación. Ver el desarrollo de la sesiones nos sumerge en un aquelarre, el ’Cambalache’ de Discépolo hecho realidad: agravios personales, amenazas, insultos, chicanas, argumentos vacíos de contenido constructivo, que se mezclan con otros, no muchos, que merecen ser escuchados y respetados por su profundidad y valor.

Por un lado, una oposición que da vergüenza por la falta de ideas de nivel para dar una discusión constructiva, desprestigiada por las evidencias de su legado, con un presente carente de renovación, cargada de odio y con el único propósito de desestabilizar cualquier iniciativa del gobierno.
Por el otro, un oficialismo canchero que, habiendo aprendido el manejo del sistema democrático lo explota a sus anchas, vulnerando procedimientos reglamentarios, haciendo que la definición de la política como “el arte de lo posible” se haga realidad, a fin de lograr su cometido.

El mismo Presidente, en su reciente discurso de apertura de sesiones ordinarias, sintetizó el fenómeno, con una presentación que alternó la descripción de un proyecto ambicioso e ideas que entusiasman, con expresiones desafiantes, cargadas de chicanas propias de una discusión entre compadritos queriendo demostrar quién tiene el poder. Creo que no nos debería sorprender. Es un clásico argentino.


ES COSA SERIA

La falta de madurez política nos puede llevar a cometer otra vez los errores que han hecho de este país sólo una expresión de deseo incumplido. Necesitamos evolucionar para que la discusión y decisión política se juegue en dos niveles simultáneamente: el de la política partidaria, que hoy y desde siempre domina la escena, y el de la política estratégica, que debería definir las grandes directrices del país y que hoy está ausente.
Este siglo ha acelerado las decisiones y los resultados de las mismas. El manejo del tiempo, exige un constante análisis de la situación para generar respuestas no sólo correctas, sino inmediatas. La evolución tecnológica viene a condicionar el ejercicio del poder. Quien la interprete, se adapte y la aplique de manera eficaz, tendrá más chances de lograr sus objetivos.

La Argentina debe desarrollar su política estratégica, que le permita lograr el poder suficiente para ser protagonista en la segunda mitad del siglo XXI.

Hoy, más que nunca es una realidad la disputa por el control de los recursos naturales y de las vías de comunicación marítima y sus nodos estratégicos. Todo tiene lógica: si se trata del control del Ártico, hablamos del Paso del Noroeste y Canadá, de Groenlandia, de la presencia de Rusia y China, del despliegue militar europeo como reacción ante el reclamo norteamericano.

Si se trata del control del Mar del Caribe y el Canal de Panamá, hablamos de las empresas chinas administrando puertos del sistema del canal, o la influencia china-ruso-iraní sobre el triángulo Venezuela, Cuba, Nicaragua, y la reacción para neutralizarla de EE.UU.

Si se trata de Europa Oriental, Rusia en Ucrania, el control del mar Negro, Crimea y la salida al Mediterráneo Oriental, zona de recursos naturales y la vía para su comercialización y conexión al sur de Europa y norte de África. La reacción de Occidente busca frenar esa expansión.
Medio Oriente es protagonista desde siempre y en la actualidad: la puja por el control de los recursos y sus vías comerciales hacen del Canal de Suez, el Mar Rojo, de los estrechos de Bad el Mandeb y Hormuz, y de los golfos Pérsico, de Omán y de Adén, verdaderos nodos estratégicos cuyo control asegura el poder. El conflicto afgano-pakistaní, ligado al tránsito de hidrocarburos hacia el Índico, desnuda la influencia de Rusia y EEUU. Es toda esa región en donde las grandes potencias están confrontando, lo que provoca el estado de guerra actual en la región y el riesgo de escalada.

El Mar Meridional de la China, con el Estrecho de Malaca como acceso desde y hacia Occidente, Taiwan y el Mar de China Oriental definen el escenario en Asia-Pacífico más caliente, Allí también, los poderosos, discuten su control.

África y sus recursos ve el avance de China y Rusia, un retroceso europeo y un EE.UU. que, desprevenido, ha perdido iniciativa. Es otro espacio en disputa en el que se ve una inestabilidad creciente y de gran complejidad. Sudán, la República Democrática del Congo, el Sahel como región en conflicto, son los actuales focos más explosivos.


PROTAGONISMO ARGENTINO

En 2056, probablemente los poderosos del mundo comenzarán a definir, por ejemplo, la división política del Continente Antártico, la migración y ocupación de los espacios terrestres vacíos habitables para el ser humano, el control del agua potable, entre otras cosas.

La Argentina no podrá escapar a su protagonismo, por estar directamente involucrado en todos esos escenarios. Esa certeza, debería incentivar el desarrollo de una política estratégica que, lejos de las disputas domésticas, de los discursos vehementes, patoteros y con chicanas desde todos los espacios ideológicos, tendría que reunir a los que más saben para definirla, consensuarla y ponerla en ejecución, para que nos permita llegar de la mejor manera posible a ese momento.

A partir de la gestión del actual gobierno, el país está logrando una estabilidad macroeconómica y ciertas condiciones socioeconómicas, que esperamos confirmen una mayor seguridad y previsibilidad al sistema, y faciliten la inversión privada y, con ello, el crecimiento.
Asimismo, el alineamiento con Occidente, materializado en los acuerdos con los EEUU y la UE ayudan a definir ese camino. En este sentido, no deberíamos descuidar al Mercosur, como alianza regional, por ser Brasil nuestro socio natural con el que compartimos escenario y, fundamentalmente, porque debemos preservar una zona de paz.

Tanto las acciones hacia el externo, así como las medidas internas, están orientadas fundamentalmente a aspectos económicos. Todo ello, al momento de pensar una política estratégica, no es suficiente.

No es posible desarrollar una política estratégica si no se acepta la existencia misma y razón de ser del Estado como una institución que representa a la Nación Argentina y defiende sus intereses y los de los ciudadanos argentinos. Aceptarlo y exigir que se cumpla y se esté a la altura de las responsabilidades, ordenaría las ideas y permitiría minimizar la mezquindad y la corrupción, elevando la calidad de nuestra dirigencia.

Tomar conciencia de los desafíos del futuro lleva a la ineludible tarea de desarrollar poder. Y éste debe ser alcanzado de manera integral, conectando todas las áreas de interés estratégico que definamos. Si del desarrollo de cada una de ellas resultase, al menos, una Política de Estado, todas deberían estar integradas, potenciándose.

Hoy, somos testigos del desarrollo acelerado de la explotación y exportación de hidrocarburos y de minerales, que nos hace pensar en que podemos transformarnos en líderes mundiales energéticos. Pero ello, pensado sólo desde el punto de vista económico y librado a intereses privados, corre el riesgo de no hacer el adecuado aporte al desarrollo del país. Requiere de planes demográficos, del desarrollo del conocimiento, de ciencia y tecnología, de infraestructura, de defensa de la soberanía.

La necesaria ampliación de la frontera agropecuaria y el desarrollo de su valor agregado, condición para transformarnos en líderes mundiales alimenticios, no puede realizarse sin una adecuada protección del medio ambiente y de la biodiversidad. Toda industria requiere del desarrollo de una infraestructura de transporte, y, entonces nada podrá potenciarse sin vías de comunicación vial, fluvial, ferroviaria y marítima, ni puertos modernos y eficientes. El concepto de autopista marítima conectando, a través de la vertiente atlántica sudoccidental, al país, y a éste con el mundo y la Antártida, exige diseñar puertos y vías de comunicación terrestre conformando una red eficaz.

Urge incorporar la Patagonia al desarrollo del resto del país e, integrada al mar, transformarla en una región pujante, basada en formidables industrias de desarrollo de valor agregado aplicado a los recursos naturales terrestres y marinos. Es una decisión estratégica clave para asegurar los intereses argentinos en esa región y en el Atlántico sur. Necesitamos desarrollar las industrias vinculadas a los recursos marinos, compitiendo para ser líderes de la industria pesquera, entre otras acciones. Nuestros reclamos soberanos sobre la Antártida necesitan el desarrollo de un sostén logístico antártico, basado en los puertos de Río Grande y Ushuaia, en Tierra del Fuego, y Petrel en la Antártida, para competir y, finalmente, liderar el sistema logístico antártico mundial. Pero también necesita de un fluido enlace marítimo con el continente, minimizando la debilidad de tener que cruzar por territorio extranjero.


PENSAR ESTRATEGICO

La indefinición de los intereses, objetivos y Políticas de Estado, impide el desarrollo de las políticas particulares contribuyentes, como la de Defensa. Por ej., la Base Naval Puerto Belgrano es la base naval principal más al sur que tiene el país. Operativa desde 1902 (iniciada su construcción en 1898). Hoy, 124 años después, sólo tenemos la precariedad de la Base Naval Ushuaia, y seguimos discutiendo (por décadas) la construcción de la Base Naval Integrada. Nuestra incapacidad, no nos hace creíbles ante el mundo, y menos ante nuestros socios. El siglo XXI será testigo de la definición del mundo respecto del Atlántico Sur y de la Antártida. Hoy, es elocuente el interés de la primera potencia del mundo por la región, aunque está distraída atendiendo otros conflictos, mientras, seguimos teniendo parte de nuestro territorio usurpado por el Reino Unido.

El tiempo puede ser testigo de nuestra inacción. No tendremos excusas si nos sorprenden dividiéndose políticamente la Antártida u ocupando la Patagonia o agotando los recursos del Atlántico Sur o afectando nuestros reservorios de agua potable, etc.. Sería imperdonable que nos resignemos a las acciones de terceros.