Opinión
Siete días de política
De lo que tiene que hacerse cargo Macri es de la oposición
Fueron las encuestas las que terminaron con la huelga en el subte. El poder de la presidenta es discrecional, porque no aparecen dirigentes opositores que cumplan con su papel. El caso Boudou
La huelga que paralizó el subte durante 10 días terminó abruptamente el lunes pasado después de que desde el gobierno hablaron con los metrodelegados. Arrinconado por la presidenta Cristina Fernández, Mauricio Macri había denunciado el viernes anterior con todas las letras la connivencia de los sindicalistas con la Casa Rosada.
Las encuestas del fin de semana reflejaron el impacto de esas afirmaciones en la sociedad y la presidenta volvió a poner marcha atrás como había hecho por idénticas razones en su enfrentamiento con Daniel Scioli. En el caso de los subtes las encuestas mostraban que la mitad de los que responsabilizaban al gobierno central por el calvario de los usuarios provenían del Gran Buenos Aires. Eso bastó para obligarla a un cambio de planes. Con el sistema de partidos devastado, el político fuera de servicio y el institucional otro tanto lo único que limita el poder de la jefa de Estado son los sondeos de opinión pública.
Macri como Scioli, como de la Sota, como Urtubey, como etcétera, etcétera había evitado chocar con ella. Creía posible ser opositor en el plano mediático, pero negociador de puertas adentro para convivir con la más grande caja fiscal del país.
El duro ataque de los sindicalistas "K" lo convenció de que ya no podía jugar a dos puntas, de que la cohabitación es un lujo europeo inexistente en estas latitudes en las cuales el "ir por todo" es una consigna que prometen con total naturalidad quienes tienen el poder del Estado en sus manos.
Desde la muerte de Néstor Kirchner no sólo varió el "modelo" económico, sino también la manera de hacer política. El ex presidente golpeaba antes de negociar, pero negociaba. Su heredera, en cambio, sólo acepta el sometimiento incondicional, por lo que los conflictos escalan hasta niveles delirantes como ocurrió con los subtes. Por eso también al jefe de gobierno porteño sólo le quedó la alternativa de la confrontación, de acusar abiertamente a la presidenta de "chavismo" y de querer perpetuarse con la "re-re". Por eso se vio forzado a presentar batalla en todos los terrenos: los medios, la educación y la defensa de los ciudadanos comunes "investigados" por la AFIP, entre otros.
Pero cuando dijo que todo se resolvería si renunciaba a su candidatura de 2015 abrió una duda. Como Scioli se encuentra más cómodo a la espera de que el paso del tiempo agote naturalmente el proyecto "K" que en la pelea abierta y no son pocos los que creen que volverá a replegarse con la ilusión de que la presidenta busque un nuevo blanco para sus embestidas. Y ese es el punto donde no sólo Macri, sino la totalidad de los dirigentes opositores hacen un aporte invalorable a la disfuncionalidad del sistema político, a que el grueso de los votantes aleguen que no encuentran alternativas al poder "K". Todos esperan que sea otro el que dé un paso al frente y se inmole en la lucha con el poder presidencial, mientras avanza sin ningún freno.
Eso sucedió el jueves último cuando la Cámara de Senadores aprobó por abrumadora mayoría la expropiación de la ex Ciccone Calcográfica, empresa que pasó por un dudosísimo proceso de levantamiento de la quiebra y cuyos propietarios actuales constituyen un misterio. Como si eso fuese poco el vicepresidente Amado Boudou está sospechado de haber intervenido en la operación a través de testaferros, tanto en la apropiación de la compañía como en el otorgamiento de un contrato multimillonario para la impresión de billetes.
Ante un escándalo de tanta gravedad se estimaba que la oposición asumiría una actitud de firmeza que forzase al oficialismo a rendir cuentas, ya que no se espera demasiado del Poder Judicial. Pero los opositores no sólo fueron arrollados por el oficialismo, sino que el vicepresidente salió sonriente de la prueba ante la tímida censura de legisladores que no le exigieron que aclarase su participación, ni sus vínculos con el señor Vandenbroele, un monotributista que dirige el fondo de inversiones que se quedó con la compañía. Tampoco le reclamaron que aclarase su papel en el contrato para la impresión de billetes.
En este caso fueron los radicales los que faltaron a la cita, pero el efecto fue el mismo: discrecionalidad en el poder y falta de control en la oposición, la combinación que será seguramente la responsable de la próxima crisis.