De la guerra operacional a la disputa por el nuevo orden en el viejo continente
Putin, el 9 de mayo y las “crónicas anticipatorias” de Gabriel Camilli.
El discurso pronunciado por Vladimir Putin durante el desfile del Día de la Victoria en Moscú el pasado 9 de mayo podría convertirse, con el paso del tiempo, en uno de esos momentos que marcan una transición estratégica silenciosa pero profunda
. No tanto por la espectacularidad del acto ni por una novedad absoluta en los conceptos planteados, sino porque por primera vez desde el inicio de la guerra el líder ruso pareció hablar menos desde la lógica de la ofensiva inmediata y más desde la perspectiva del orden posterior al conflicto.
En un contexto atravesado por un nuevo intento de alto el fuego impulsado por Donald Trump, Putin dejó entrever la posibilidad de una negociación directa con Volodymyr Zelensky, mencionó la necesidad de construir una nueva arquitectura de seguridad europea y hasta deslizó el nombre del ex canciller alemán Gerhard Schröder como eventual figura útil para un diálogo entre Moscú y Europa. Reuters destacó que el presidente ruso afirmó que la guerra “podría estar llegando a su fin”, mientras distintos medios internacionales interpretaron el mensaje como una señal política deliberadamente dirigida a Occidente y especialmente al continente europeo.
HIPOTESIS ESTRATEGICAS
Más allá de la coyuntura diplomática, las declaraciones del Kremlin parecen haber comenzado a confirmar varias de las hipótesis estratégicas desarrolladas desde hace tiempo en esta columna para La Prensa
en nuestros análisis semanales.
Hipótesis que, durante años, algunos críticos no muy fundamentados, consideraron “demasiado realistas, demasiado geopolíticas o incluso incómodas” para buena parte de la narrativa occidental dominante sobre la guerra de Ucrania.
Uno de los ejes más importantes sostenidos reiteradamente en esta columna de La Prensa
, fue que el conflicto había dejado hacía tiempo de ser simplemente una guerra bilateral entre Rusia y Ucrania.
Según esa visión, Ucrania debía entenderse más bien como el teatro principal de una confrontación sistémica mucho más amplia entre Rusia y el sistema atlántico. Las propias palabras de Putin parecen ir en esa dirección.
El líder ruso volvió a insistir en que Moscú no percibe el conflicto únicamente como una disputa territorial con Kiev, sino como parte de una confrontación más profunda vinculada al sistema de seguridad europeo posterior a 1991 y a la expansión occidental hacia el este.
Esto implica reconocer algo que durante mucho tiempo fue políticamente incómodo para numerosos gobiernos europeos: la existencia de una guerra indirecta OTAN-Rusia.
No necesariamente mediante enfrentamientos militares directos entre fuerzas regulares de la Alianza Atlántica y tropas rusas, pero sí mediante inteligencia estratégica, asistencia satelital, entrenamiento, financiamiento, logística, coordinación operacional y transferencia masiva de armamento.
Siempre hemos diferenciado precisamente dos dimensiones superpuestas del conflicto: por un lado, una dimensión OTAN-Rusia, de carácter militar y estratégico, y por otro una dimensión UE-Rusia vinculada a la energía, las sanciones, la economía y la arquitectura política del continente europeo. El discurso del 9 de mayo parece asumir implícitamente ambas realidades.
SOLUCION COREANA
Tal vez uno de los conceptos más interesantes trabajados durante estos años, creemos, ha sido la idea de una posible “solución a la coreana”. Mientras durante mucho tiempo predominó en Occidente la expectativa de una derrota estratégica rusa o de una recuperación integral del territorio ucraniano, nuestros análisis comenzaron a plantear otro escenario: el progresivo congelamiento operacional del frente. La guerra empezó lentamente a abandonar la lógica de la maniobra decisiva para entrar en una dinámica de desgaste prolongado, consolidación territorial y estabilización de líneas.
Desde esa perspectiva, el escenario más probable ya no sería una paz definitiva, sino un conflicto congelado: líneas estabilizadas, fuerte militarización, negociaciones permanentes y ausencia de un acuerdo concluyente
. Exactamente el modelo coreano posterior a 1953. Lo notable es que medios internacionales comenzaron ahora a utilizar conceptos similares. The Guardian
habló abiertamente de “freeze line”, de “guerra congelada” y de un posible congelamiento del frente como salida plausible a un conflicto cuyo desgaste amenaza con volverse estructural para todas las partes involucradas.
La propia evolución operacional parece reforzar esa interpretación. Tras más de cuatro años de guerra, el frente se encuentra cada vez más estabilizado, mientras el conflicto se desplaza lentamente desde la búsqueda de rupturas decisivas hacia la consolidación político-territorial y el desgaste sistémico. En términos estratégicos, la guerra parece estar transitando desde la fase operacional hacia la fase político-estratégica.
SEGURIDAD EUROPEA
Sin embargo, el problema de fondo nunca fue solamente Ucrania. Y allí aparece otro de los puntos centrales desarrollados en nuestra columna en La Prensa
: la verdadera disputa gira alrededor de la arquitectura de seguridad europea posterior al colapso soviético. Cuando Putin habla de una “nueva arquitectura de seguridad europea”, no está discutiendo únicamente Crimea, Donetsk o la neutralidad ucraniana. Está cuestionando el equilibrio continental construido después de 1991 y, en última instancia, el propio orden surgido tras el final de la Guerra Fría.
Eso explica por qué el conflicto adquiere una dimensión mucho mayor que la de una simple guerra territorial. Lo que está verdaderamente en discusión es el modelo de seguridad europeo, el rol de Estados Unidos en el continente, la supervivencia del paradigma atlántico y la posibilidad de un nuevo equilibrio multipolar. En ese sentido, la guerra en Ucrania se transformó en uno de los grandes laboratorios geopolíticos del siglo XXI.
Europa también aparece atrapada en sus propias contradicciones
. Por un lado, el temor a Rusia impulsó programas históricos de rearme en Alemania, Polonia y otros países europeos. Por otro, crece simultáneamente el temor a un eventual repliegue estratégico estadounidense. The Guardian
y otros medios europeos dejaron entrever precisamente esta tensión: Europa teme a Rusia, pero también teme quedarse sola frente a Rusia.
La mención de Gerhard Schröder
dentro del discurso de Putin adquiere entonces un peso simbólico muy particular. Schröder representa aquella etapa en la que Berlín y Moscú todavía imaginaban una complementariedad estratégica basada en el comercio energético, la cooperación y ciertos equilibrios continentales relativamente estables. La referencia parece haber sido deliberada: Rusia intenta mostrarse nuevamente como actor inevitable dentro de cualquier futuro esquema de seguridad europeo.
Esta mediación no nos sorprende, dada nuestra experiencia militar y diplomática en Alemania durante 2014/2016 donde pudimos adquirir una visión integral, objetiva y profunda del conflicto que ya estaba desarrollándose (recordemos Crimea-2014).
Paradójicamente, mientras el discurso insinuaba la posibilidad de una futura negociación continental, el desfile militar del 9 de mayo fue uno de los más austeros de los últimos años. Associated Press, AP y otros medios internacionales destacaron que por primera vez desde 2008 no hubo despliegue de grandes columnas mecanizadas ni exhibición significativa de blindados pesados en la Plaza Roja.
Algunos medios occidentales interpretaron esta reducción como signo de debilidad rusa. Sin embargo, también puede leerse desde otra perspectiva: la guerra comienza lentamente a desplazarse desde el terreno estrictamente operacional hacia la disputa política y estratégica de la posguerra. La pregunta central ya no parece ser únicamente quién avanza algunos kilómetros más en el Donbás, sino qué tipo de orden internacional emergerá una vez estabilizado el conflicto. Y esto también es un tema reiterado y repetido en nuestros análisis.
Incluso medios como Al Jazeera
comenzaron a señalar que Moscú parece estar intentando transformar sus ganancias territoriales y operacionales en una negociación sistémica más amplia sobre el equilibrio europeo.
GEOPOLITICA CLASICA
En el fondo, lo que vuelve a aparecer es la vieja lógica de la geopolítica clásica: equilibrio de poder, zonas de influencia, seguridad continental, competencia energética, agotamiento imperial y multipolaridad. Conceptos que parecían haber desaparecido después de 1991 regresan ahora con fuerza inesperada.
Para quienes puedan apreciar, tal vez allí radique el principal mérito de los análisis desarrollados durante estos años. Creemos haber comprendido tempranamente que la guerra en Ucrania nunca fue solamente una guerra militar. Era, desde el comienzo, una disputa sistémica por el futuro equilibrio del poder mundial.
Y quizás el discurso de Putin del 9 de mayo haya sido precisamente eso: no un anuncio de paz inmediata, sino la confirmación de que el conflicto está entrando lentamente en otra fase. Una fase donde la batalla decisiva ya no se libra únicamente en el campo operacional, sino en la construcción del orden político que surgirá después de la guerra.
