De ‘Hamlet’ a ‘Billy Elliot’: Rubén Szuchmacher, un director sin conflictos

Es su primera incursión en el género musical y está lleno de dudas, pero dice haber disfrutado a pleno el proceso. “Tengo una gran pulsión de aprendiz”, confiesa. Provenir de la ópera y los textos clásicos no lo condiciona: “Si hasta trabajé con Raffaella Carrá”.

En una temporada teatral de invierno en la que los musicales pisan más fuerte que nunca, el estreno de ‘Billy Elliot’, la melancólica y a la vez inspiradora historia del niño que quería ser bailarín en la Inglaterra de los años ‘80, resulta -sin duda- un acontecimiento a celebrar. El largo recorrido del proyecto impulsado por el productor Diego Romay, que tuvo en sus inicios otro director y que durante más de un año formó a los nóveles artistas que le darán vida en escena, ya es una realidad y debuta mañana en el imponente teatro Opera.

Junto con la ciclópea producción y lo numeroso del elenco, que encabezan Osvaldo Laport, Graciela Pal, Alejandra Perlusky y Déborah Turza, un dato sin dudas llamativo fue la incorporación del actor, régisseur y docente Rubén Szuchmacher como director general del espectáculo. No porque carezca de blasones, claro, ya que ha llevado a escena los grandes clásicos del teatro universal (Shakespeare, Ibsen, Pinter, Brecht, García Lorca y más), sino porque es su primera incursión en un musical mainstream, a poco de haber bajado de cartel su elogiada puesta de ‘La gaviota’, de Chéjov, en el Teatro San Martín.

-¿Lo sorprendió la propuesta?

-Fue raro porque en este proyecto había otro director, estaba Emiliano Dionisi. Un día yo estaba en una manifestación y sonó mi teléfono. Era Jorge Ferrari, el escenógrafo, que me dice: “Te propuse para dirigir ‘Billy Elliot’”. Me quedé helado, pero a la vez fue algo especial porque yo estaba marchando y de inmediato recordé lo que sucede en la película. Entonces me llamó Diego Romay y ese mismo día quedamos en vernos. Nos fuimos a tomar un café y enseguida le dije que sí porque me daban la fecha. Yo en ese momento estaba ensayando ‘La gaviota’, tenía mucho laburo en la cabeza, pero pensé: “Bueno, finalmente voy a acceder al mundo del musical”.

-¿Era una cuenta que tenía pendiente?

-Tal vez sí, pero yo no había hecho demasiado por saldarla. En la vida siempre me pasó que no busqué las cosas, me fueron llegando por algún motivo. Si bien yo me preparaba en lo mío, no es que fui a tocar ninguna puerta. Entonces me dije: “Bueno, debe ser el momento justo para hacer esto. Creo que por mi formación convalida que estoy preparado para poder hacerlo. De todos modos, es otro tipo de planteo, de forma de trabajo. A mí me resultó muy inquietante este proceso. Inquietante en el sentido de que es algo que nunca hice. Que a esta altura del partido me venga algo que nunca hice, y que me puedo provocar un enorme placer y un gran aprendizaje, es algo hermoso. Estoy aprendiendo un montón de cosas que podía llegar a conocer tangencialmente pero que en el fondo no las conocía y que ahora estoy descubriendo.

 

SER ALUMNO

-¿Se considera un buen alumno?

-Me gusta el acto de aprender. Tengo una gran pulsión de aprendiz, entonces lo disfruto.

-Internamente, no le genera incomodidad venir de hacer un Chéjov y dirigir un musical.

-Para nada. Quizás a otra persona sí, pero no es mi caso. Si alguien recorre mi trayectoria se va a dar cuenta que además de los cuatro Shakespeare que hice, de Pirandello, Brecht, Griselda Gambaro y todo lo ya se sabe,  trabajé en una película con Raffaella Carrá (‘Bárbara’, de 1980). Tengo una historia muy decidida en términos artísticos, donde nunca hice algo que no me gustara. Todo lo que hice fue siempre porque tenía ganas, porque me parecía que estaba bien que lo hiciera. Después, claro, no me quedé en ese cine, no hice otras películas como la de Raffaella Carrá, pero esa me gustó mucho hacerla. También trabajé en televisión, bailé haciendo copetes para Edda Bustamante. Fue hace muchos años, pero a veces el canal Volver suelta mi pasado. Definitivamente, no soy un fundamentalista en términos artísticos. Cuando un producto es noble no me preocupa si es del teatro oficial, comercial o independiente. En el comercial he hecho cosas extraordinarias: ‘La muerte de un viajante’, ‘Rey Lear’, ‘Calígula’, de Albert Camus, con Imanol Arias. Y en el off

dirigí obras cosas maravillosas, todas las que se me cantaron. No tengo prejuicios con respecto a eso.

-¿Y qué siente ante producciones de esta envergadura?

-Para mí, las obras deben ser eficaces y es mi obligación hacer mi trabajo lo más eficaz posible para este sistema. No le voy a pedir que sea igual que si se tratara de una producción para una sala de cuarenta espectadores. Si así fuera, la pensaría de una manera completamente distinta. Además, hay algo que a mí me convoca de este tipo de proyectos: tengo un pensamiento claro sobre lo popular. Lo tuve cuando hice ‘La gaviota’ y cuando hice ‘Hamlet’ con Joaquín Furriel, que fue un éxito de salas llenas durante ocho meses, hasta que nos frenó la pandemia. Entiendo perfectamente que los teatros tienen que estar llenos y para mí eso es lo popular en el teatro. Se puede hacer un clásico y que lleve gente, claro que sí. Por eso intento que los espectáculos tengan varios niveles.

-¿Este los tiene?

-Por supuesto. Puede gustar muchísimo porque hay unos niños bailarines maravillosos. Otra gente quizás piense: “Guau, ‘Billy Elliot’, la película de los mineros en huelga, una obra anti-Thatcher”, que es algo que también está dentro de la propuesta. Por eso a mí me gusta tanto: no es cualquier musical, es uno con un alto contenido político y emocional a partir de las decisiones y el deseo de Billy de querer bailar. Esta es una obra con un alto nivel de complejidad, no es una obra pava, chata, sino todo lo contrario.

 

EN HUELGA

‘Billy Elliot, el musical’ cuenta con libro y letras de Lee Hall y música de Elton John

. Como en el filme dirigido por Stephen Daldry y estrenado en el año 2000, la acción se sitúa en 1984 durante una huelga de mineros en un pequeño pueblo del Reino Unido adonde, en un contexto hostil, un jovencito huérfano de madre e incomprendido por el padre descubre su pasión por la danza.

El espectáculo se estrenó en mayo de 2005 en el West End londinense y desembarcó en Broadway tres años más tarde. Se ha dado también en Australia, Japón, México, Canadá, Corea del Sur, Brasil y España, entre otros destinos. Por primera vez llega ahora a Buenos Aires con dirección musical de Gaby Goldman (quien ya trabajó en la puesta madrileña de 2017) y coreografías de Gustavo Wons. En roles secundarios destacadas figuran Alfredo Castellani, Sacha Bercovich, Tiki Lovera, Mariano Taccagni, Iñaki Agustín, Evelyn Basile, Bruno Coccia, Adrián Scaramella, Romina Ruiz, Pilar Muerza, Juan Manuel Outeiro y otros artistas.

-Rubén, ¿cuál diría que es su sello como director? ¿Qué aspira que el público encuentre de usted en esta obra?

-Tal vez no sea yo quien lo pueda contestar. Lo que sí sé es que mucha gente se puso contenta de que yo haya ingresado al mundo del musical, cosa que me sorprende. Entonces digo: “¿De verdad?’ Uyyy, qué terror”. Humildemente, creo que lo que puedo aportar es la gran conciencia de espectáculo que tengo, de haber hecho ópera y obras grandes como director. He desarrollado un gran sentido de la espectacularidad. no tengo problemas con eso. Yo en este escenario (señala el espacio desnudo del Opera) hice la presentación de ‘Circo Beat’, de Fito Páez, hace millones de años. Trabajé en el Colón también, y esto es la mitad de grande que el escenario del Colón. No tengo problemas con la magnitud. Muchos directores sí los tienen, se asustan frente a los espacios enormes o a una gran cantidad de actores. Para mí, ese no es un escollo.

-Y en el trabajo con el actor, ¿cómo se siente?

 -En ese sentido, lo que puedo llegar a sumarle al universo de los musicales es una mayor profundización en el trabajo interpretativo. La idea de la espectacularidad la manejo como pueden hacerlo muchos otros colegas. Pero puedo hacer también un trabajo más fino en la actuación, el mismo que suelo hacer en el teatro de texto o en la ópera. En las óperas que dirijo hay un trabajo muy dedicado sobre los cantantes. Ni ellos quieren ni yo los dejo que se paren y canten. Sólo lo hacen cuando es estrictamente necesario. Pero después están en permanente actividad actoral. Creo que hay algo de esa experiencia tan fuerte que tengo sobre lo actoral que va a sumar. Podrá salirme bien o mal, no lo sé, pero tengo un reflejo hacia la acción y le voy a buscar la vuelta. El material humano acá es extraordinario.

-¿Cómo ha sido el ida y vuelta con este elenco en particular?

-Creo que cuando me vieron algunos pensaron “este viene del teatro, ¿qué nos va a pedir?”. Y yo les pido: “Contá bien”, porque tengo formación coreográfica también. Tengo todo lo que se necesita para estar ahí al frente. Ahora quiero ver si me salió como pensaba. El que más desconfía de mí soy yo mismo.

-¿Le ha pasado siempre, en todos los proyectos?

-Mi primera sensación es “esto va a ser un fracaso”, siento que no me va a salir. Pero cuando está por terminarse el proceso y viene gente y me dice “che, qué bueno está”, ahí me tranquilizo y empiezo a disfrutar. En algún lugar yo sé que tengo los materiales necesarios para poder realizar lo que tengo en mente, pero desearía tener la máquina del tiempo y que el estreno ya haya pasado. En el teatro, pienso, cualquiera que crea que tiene alguna certeza tendría que dedicarse a otra cosa. A la matemática, por ejemplo.

“El teatro es pura relación, puro contacto, pura palabra”, comparte con la sapiencia que le da ha dado el tránsito por esta actividad desde su niñez. “Acá, además, tuve que aprender a trabajar con niños, aprender a hablarles. Yo no tengo hijos y mis sobrinos se criaron lejos. Entonces era un mar de dudas: ¿Qué les pasa? ¿Cuál es el léxico? ¿Hasta dónde uno puede llegar sin que ese cuerpo se afecte? Porque yo me acuerdo de mi propia adolescencia y del nivel de afectación que podía provocar cualquier observación. Esta, además, es una obra donde se trata el tema de la sexualidad. Esas son las cosas que me dan cierta impresión, pero a la vez es la aventura del teatro, ¿no? Y como soy básicamente una persona curiosa, aquí me tienen.