Cuentos a la sombra del prólogo

 

No importa cuando leas esto

Por Patricio Barton

Editorial Marea. 162 páginas

 

Tal vez no sea necesario explicarlo pero lo cierto es que la oralidad no replica con fidelidad sus quiebres, entonaciones y acentos en la palabra escrita. O, mejor dicho, para lograr este efecto hay que ser un verdadero maestro de la escritura.

El comentario recurrente, el chiste espontáneo durante una conversación tienen un impacto que se disuelve, atenúa o modifica en las letras de molde. De allí que muchos mensajes de Whatsapp pretenciosamente graciosos terminan hundidos hasta el cuello en el barro del malentendido.

Porque hablar y escribir son acciones que requieren habilidades diferentes es que tratar de llevar el primero al terreno del segundo exige un talento singular que sólo algunos elegidos cuentistas han logrado. En la lista, claro, se inscriben Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano.

Por ese camino quiso adentrarse Patricio Barton. En su primer libro decidió jugar con las palabras. No importa cuando leas esto, título de la obra, está compuesto por quince cuentos adonde la malintepretación, el doble significado y los diálogos engañosos son parte de un ejercicio lúdico.

Es más, el juego con los vocablos termina por imponerse por sobre la historia en sí misma. Por momentos el texto cobra la dinámica que el autor suele darle a su participación en la radio pero el giro humorístico como recurso no siempre resulta efectivo.

Barton arma una paleta temática enraizada en lo cotidiano. Ha decidido montar sus relatos sarcásticos en la vida diaria y reírse de ella a más no poder. Por momentos lo logra, por momentos no. Cae, entonces, en un humor forzado y previsible.

La joya de este libro es el prólogo escrito por Alejandro Dolina, amigo y compañero de trabajo del autor. Cualquier escritor sueña con un prologuista semejante pero, al menos en este caso, el contraste generado termina por echar sombra sobre los cuentos.

Dolina realza las virtudes de Barton. El afecto surge sincero. Su acierto mayor, sin embargo, es poner la lupa sobre el latir de nuestra sociedad y desnudar en un puñado de líneas las causas de sus más profundos sufrimientos.

Dice el Negro: “Nuestra época casi no habilita recursos expresivos para consignarla (a la angustia). Y que el lenguaje actual se empeña en construir refugios, techumbres y aleros de chapa para disimular las lluvias angustiosas de afuera y las tristezas de adentro. Tales coberturas duplican la angustia de las almas buenas”.