Cuando una licitación no es solo una licitación
Por Gustavo Mendelovich *
La reciente pérdida de una licitación clave vinculada a Vaca Muerta por parte de Techint no es un hecho menor ni un episodio aislado. No se trata simplemente de un contrato que cambia de manos. Estamos hablando de una decisión que impacta de lleno en el corazón industrial de la Argentina y que abre interrogantes profundos sobre el rumbo productivo del país.
Techint no es solo una empresa. Es parte de una trama industrial construida durante décadas, que articula miles de puestos de trabajo directos e indirectos, proveedores locales, pymes metalúrgicas, servicios logísticos, conocimiento técnico y desarrollo tecnológico nacional.
Cuando una licitación de esta magnitud se pierde frente a competidores extranjeros, el daño no se limita a un balance empresarial: se resiente toda una cadena productiva.
El riesgo no es únicamente económico. Es social y estratégico. Cada contrato que se va al exterior implica menos trabajo argentino, menos valor agregado local y una mayor dependencia de insumos importados. En un país que necesita dólares, empleo genuino y desarrollo federal, desarmar su entramado industrial es una contradicción difícil de justificar.
Porque además, el impacto no queda concentrado en un solo punto del mapa. La industria nacional tiene un fuerte anclaje federal. Las fábricas, los talleres, los proveedores y los trabajadores están distribuidos en distintas provincias.
Cuando una gran empresa industrial se debilita, lo sienten Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Neuquén y muchas economías regionales que viven de esa actividad.
No es solo una empresa la que pierde: pierden las provincias, las pymes y las familias que dependen de ese trabajo.
La Argentina ya conoce este camino. Lo transitó otras veces y los resultados fueron siempre los mismos: desindustrialización, pérdida de empleo, caída del mercado interno y una economía cada vez más primarizada. Por eso, discutir estas decisiones no es nostalgia ni proteccionismo vacío. Es discutir un modelo de país.
Una licitación no es solo una licitación cuando está en juego la industria nacional, el trabajo argentino y la posibilidad de construir un desarrollo sostenible. El Estado no puede ser un espectador neutral cuando lo que se define es si producimos o importamos, si generamos empleo o expulsamos trabajadores, si apostamos al desarrollo propio o resignamos soberanía económica.
Cuidar la industria nacional no es un slogan. Es una política de Estado necesaria si de verdad queremos un país con futuro, producción y trabajo.
* Empresario de la construcción.
