Uno de los mejores títulos de nuestros hombres públicos fue la constante preocupación y el ardoroso empeño que pusieron en pro de la educación, comenzando por Belgrano y la donación del premio para fundar cuatro escuelas de primeras letras; siguiendo por San Martín y llegando a la visión de Sarmiento y de su gran ministro de Instrucción Pública, Nicolás Avellaneda.
La Argentina pensaba en grande y con vistas al futuro, imitando lo mejor del mundo; una de las prioridades de sus autoridades era la educación. Por eso mismo, el Estado, para significar su grandeza, construía palacios: así surgieron el de Obras Sanitarias de la Nación, el del Consejo Nacional de Educación, el del Congreso y las escuelas palacio. Artífice de algunas de ellas fue el arquitecto italiano Carlos Morra Manhés, de cuyo fallecimiento se cumplirá el centenario el martes próximo.
ARTIFICE
Carlos Morra Manhés nació el 18 de diciembre de 1854 en Monterochetta, provincia de Benevento, Italia, en el seno de una familia que ostentaba títulos nobiliarios. Era el menor de los hijos del matrimonio formado por el príncipe Camilo Morra Pescara di Diano (1818-1891) y la condesa María Luisa Manhés (1818-1899), esta última natural de Francia. Carlos recibió el título de marqués de Monterochetta, con el que fue conocido en Buenos Aires y cuyo escudo se encuentra en el mausoleo familiar del cementerio de la Recoleta.
Estudió en la Academia de Artillería de Turín y en la Escuela de Aplicación de Artillería e Ingeniería de Italia, desempeñándose como oficial de la primera de esas armas en el ejército de su patria. En 1881 dejó su país natal y llegó a Buenos Aires, donde pronto obtuvo, por su condición de ingeniero militar, una cátedra sobre fortificación y otra sobre el arte de la guerra. El instituto de formación tenía entonces apenas doce años desde su creación y funcionaba en el antiguo caserón de Rosas, en Palermo. En 1886 fue invitado a la cátedra de Balística de la Escuela Naval, reconociéndosele como iniciador de los ejercicios de tiro.
Casó con Ana Inés Victorica, hija del general y abogado Benjamín Victorica -que en ese momento se desempeñaba como ministro de Guerra- y de Ana de Urquiza, el 22 de septiembre de 1883, en la parroquia del Socorro, en ceremonia presidida por el internuncio monseñor Luis Matera y con los padres de la novia como testigos. De ese matrimonio nacieron Juan Carlos, Benjamín Camilo, Inés Lucía y Stella María Carlota. Presidió la Sociedad de Arquitectos entre 1911 y 1916, y nuevamente entre 1921 y 1923. Falleció en Buenos Aires el 30 de junio de 1926. La prensa local, en sus más variadas expresiones, dio cuenta de su desaparición.
Una de sus primeras obras fue el Asilo de Niñas La Misericordia, en la manzana comprendida por las calles Azcuénaga, Larrea, Pacheco de Melo y Peña, que cedió el intendente Torcuato de Alvear para tan altos fines. Morra se prestó con generosidad, sin cobrar honorario alguno: la obra comenzó en 1884 y finalizó tres años después, con el aporte de la caridad pública y de fondos otorgados por el presidente Juárez Celman. El proyecto es un edificio octogonal y autónomo, con un gran patio central arbolado que parece haber buscado aislar del ruido el centro de la ciudad. Alrededor del patio se encuentran las aulas y los dormitorios de las alumnas; aún se conservan picaportes, mayólicas y algunos vidrios originales, con techos de seis metros de altura y ventanas de madera de tres metros y medio. Todo esto da una idea de la magnificencia de la construcción, acorde con las ideas higienistas de Sarmiento, entonces en boga, que privilegiaban los ambientes amplios y con buena circulación de aire. Estuvo a cargo también de la edificación de grandes escuelas, como la Presidente Roca, en Libertad 581 esquina Tucumán, con una superficie edificada de cuatro mil ciento veinte metros cuadrados. Pocos días antes de su inauguración, el 15 de noviembre de 1903, fue visitada por el presidente Roca; las clases comenzaron a dictarse el 14 de abril de 1904.
Unos años después, con motivo del Centenario, Manuel Chueco afirmaba en el álbum conmemorativo de la celebración: “En la plaza Lavalle se levanta un magnífico templo helénico, digno de los mejores tiempos de Atenas: lo construyó Carlos Morra, marqués italiano, a quien los argentinos tratamos con la mayor consideración y respeto, no por el título que lleva sino por los méritos que tiene. Cual no podría ser de otra manera, en ese templo griego todo es bello: bello el frontispicio, el pórtico, los corredores, las columnas, las puertas, las ventanas, los zócalos, los frisos, los techos y los pisos. Ese soberbio palacio, ese magnífico templo, se llama Escuela Roca”. UN DESPROPOSITO Otra de sus obras fue la escuela Presidente Mitre, ubicada en la esquina de la avenida Pueyrredón y Valentín Gómez, muy cerca del domicilio familiar del arquitecto Morra. Lamentablemente, en 1990 la planta baja del edificio fue transformada en escuela shopping, convirtiéndose los espacios dedicados a la tarea educativa en locales comerciales, con la consiguiente pérdida de valor patrimonial. Afortunadamente, aunque el mal ya estaba hecho -y se había perdido además mobiliario, documentos y fotos del archivo-, en el año 2011 se revirtió la medida y el establecimiento volvió a cumplir su función original.
El edificio de la Escuela Domingo Faustino Sarmiento, en Callao 448/452, es otra de las obras emblemáticas del arquitecto Morra en materia de establecimientos educativos.
A esta tarea podemos agregar el edificio Mihanovich, en 25 de Mayo y Cangallo, sede de institutos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, con su señorial escalera, y la residencia de Luis Lavarello, en la calle Maipú al 700.
Asimismo, otro de sus proyectos fue la renovación del frente y el lateral de la calle San Martín de la Catedral de Buenos Aires, junto con un campanario que no llegó a realizarse. En cambio, en 1907, cuando se levantaron las baldosas colocadas en 1835, el arquitecto Morra preparó un dibujo que una firma inglesa reprodujo para la fabricación de las teselas, obra que se extendió por cuatro años. Predominan en el piso motivos florales: lirios blancos y pasionarias -nombre que recibe una especie autóctona, el mburucuyá, por la semejanza de alguno de sus componentes con los signos de la Pasión de Cristo.
Otra obra suya fue el mausoleo familiar del cementerio de la Recoleta, construido para el descanso de los restos de su hija Inés Lucía, fallecida en París en plena juventud.
A un siglo de su muerte, bueno es rescatar el nombre de alguien cuya obra muchas veces se observa desconociendo su autoría.
