¿Cuáles son las causas de la inflación?
La compra de reservas a partir de la emisión monetaria tiene un efecto nocivo. La esterilización no funciona. Urge reinstalar el cepo cambiario.
Por Fernando Salon
Cuando en enero de este año publicamos una nota alertando que la compra de reservas con emisión de pesos y títulos públicos era la vía directa hacia la inflación, pocos creyeron. Hoy tienen la evidencia, apenas cuatro meses después.
Sucede que el ministro habló de “remonetización”, que a diferencia de la mera emisión monetaria en un país con moneda única, implica la necesidad de proveer de dinero para las necesidades de la economía real.
Pero en Argentina, cuya moneda es el peso (valga la redundancia por si algunos no lo tienen claro) se habla en dólares y se juega a operar en dólares, cruzando volúmenes grandes de monedas, y entonces la remonetizacion no funciona, está distorsionada y queda relegada a mera emisión.
Que las herramientas universales de política monetaria no funcionan en Argentina no es nuevo, y ya lo habíamos escrito en 2025 en La Prensa. También el ministro habló de “esterilización monetaria” que significa emitir títulos públicos para absorber dinero del mercado.
Esta herramienta de política monetaria sufre el mismo problema de monedas cruzadas, agravada por la picardía de la otrora llamada patria financiera que sigue viva y transaccionando monedas en el “carry trade”, que es la tercera herramienta que ha sido degenerada y orientada pura y meramente a la especulación financiera con tasas
elevadísimas en dólares para quienes juegan a eso, y costos enormes para el Estado Nacional.
La esterilización, aun si fuera normal, es sólo para el corto plazo, pues tiene costos que son los intereses y valores de cotización de los títulos (costo cuasi-fiscal, diferencia de tasas, deterioro de las cuentas del BCRA y del Tesoro Nacional, y desplazamiento del crédito bancario normal para utilizar esos fondos en el carry trade).
El carry trade espanta a potenciales inversores no especulativos y deteriora la imagen del país, consolidando su mal rating de crédito internacional. En México y Brasil ha funcionado para adquirir reservas, porque sus economías no piensan y especulan en dólares.
PREOCUPACIONES
Recordemos las preocupaciones del presidente por el enorme costo cuasifiscal heredado. Sin embargo, ahora se ha generado uno nuevo. Los intereses de los títulos generan inflación “endógena” pues el Estado necesitara emitir dinero para pagarlos. Y así se genera una bola de nieve.
Incluso si la esterilización funcionara a corto plazo, hay inflación reprimida por el mismo motivo. Y si el tipo de cambio se mantiene controlado artificialmente para que el BCRA compre barato, tarde o temprano se producirán saltos devaluatorios que se trasladan a los precios.
En este punto sólo tenemos entonces mera emisión si simplificamos por propiedad transitiva tachando los pasos redundantes. Y allí es donde aparece la inflación. Clásico y tradicional.
Si se discontinua la “esterilización” se detiene la inflación por ella generada, pero sobreviene un mal mayor, que es devaluación del peso por presión de la masa monetaria sin esterilizar sobre el dólar; y luego se suma la inflación por pretender dolarizar precios.
Desde todo punto de vista la política de comprar reservas con emisión es mala e insostenible en el mediano y
largo plazo. Entonces, ¿por qué no se acumulan reservas con el método genuino, que es ingresos por exportaciones menos egresos por importaciones? Porque los dólares genuinos se venden para colchón (transferencias al exterior y cajas de seguridad), y para turismo emisivo.
Estos dos rubros totalizaron en 2025 unos u$s 32.340 millones que salieron de la economía argentina, simplemente desaparecieron, sin crear PBI ni trabajo ni generar impuestos, desde que se levantó el cepo. Fueron dólares de verdad, no esterilizados ni remonetizados. A esto hay que agregarle más de u$s 2.536 millones por pago de consumos con tarjetas en el exterior. Fuga de divisas, lisa y llana, sin mitigantes y en gran escala.
¿Pero por qué hace eso el Gobierno? Creo que por motivos electorales para el 2027, a sabiendas de que 20 millones de argentinos votarán dólar y viajes, como lo hicieron para el segundo gobierno de Menem. El problema es que los otros 25 millones pagan las consecuencias de la
pobreza, el desempleo y la inflación que como sabemos, golpea más a los más pobres.
Debemos saber que estos trucos financieros son solamente para corto plazo, un periodo gubernamental y un poco más quizá, y luego el país quedará destrozado, como evidencia la historia económica argentina y como ya se ve que hoy está ocurriendo con la industria, el empleo, la morosidad, la falta de competitividad, falta de infraestructura y demás.
Las excepciones son el agro y la minería, como en el siglo XIX. Si hubiera un sinceramiento, habría que limitar esos u$s 32.000 millones con las dos únicas herramientas útiles existentes en gobiernos anteriores (más allá de todo el descalabro económico y político de aquellos años) y que fueron el límite (cepo) para ventas de dólares para usos no específicos, llámese colchón, y el impuesto PAIS.
En 2024 escribí en La Prensa que el cepo no debía ser abolido sino reforzarlo. Creo que fui el único que dijo eso. Nadie lo quiere, pero hace falta un presidente valiente que de una vez por todas diga y haga lo que corresponde, pues la moneda argentina no es el dólar, y al Estado (y finalmente, a la gente, no a la casta) le cuesta mucho cualquier fantasía monetaria.
Recordemos que en 2019 el expresidente Macri tuvo que reimplementar el cepo porque los dólares se le fueron en colchón y turismo. Si seguimos así, la historia se repetirá. También recordemos aquel dicho atribuido a Einstein que dijo: “Locura es hacer lo mismo y pretender resultados diferentes”.
De hecho, de haber mantenido el cepo y el impuesto PAIS la situación económica y financiera de Argentina sería hoy muy buena, pues actualmente hay equilibrio fiscal y antes no. Fue un error muy costoso haberlos eliminado prematuramente.
El impuesto ayudaría a la recaudación impositiva que acumula varios meses de caída debido a la eliminación de impuestos, informalidad y fraude fiscal, gravando operaciones no productivas (que no producen PBI).
Para dar una idea de cuánto dinero es u$s 32.000 millones, piense el lector que se podrían construir 1.000 hospitales de u$s 32 millones cada uno. O que es más que toda la deuda que Argentina tiene que pagar en los próximos tiempos.
Desafortunadamente, las fugas de divisas de las últimas décadas (los u$s 275.000 millones que los argentinos tienen en el colchón, y que continua actualmente a razón de u$s 2.000 millones por mes) demuestran que Argentina no puede vivir sin cepo sea cual fuere el presidente o el Gobierno, por lo menos hasta que esas fugas se discontinúen.
MENDIGAR
El presidente y el ministro han hecho muchísimos viajes para conseguir unos pocos dólares: el nuevo tramo de u$s 1.000 millones del FMI sólo equivale a la cantidad que los argentinos compraron para colchón y viajes en 15 días en los meses de 2026. ¿Vale la pena?
Y las garantías del Banco Mundial y el BID de u$s 2.550 millones alcanzan para otro mes de fugas. ¿Tiene sentido andar mendigando dólares y generando deudas, siendo que los dólares están en casa y vienen de las muy buenas exportaciones? Yo creo que no.
Varios economistas ya están hablando de que los dólares llegan por las exportaciones y son más que suficientes como para tener un país floreciente, pero no van a la producción, ni al desarrollo, ni a la inversión productiva sino al colchón y al turismo.
Por otro lado el ministro insiste en que no “quiere” ir al mercado internacional de bonos, pero la realidad es diferente pues no “puede” ir ya que los potenciales inversores sólo serán del segmento que opera en mercados altamente especulativos o de alto riesgo (high yield bonds,
que en Argentina se los llama “buitres”).
Para atraer a un segmento mejor (con menores tasas)
el inversor requiere bajar las salidas de dólares improductivas (colchón y turismo), transparentar la custodia de las reservas de oro como garantía que hoy están ocultas, y negociar o pagar los juicios pendientes en el exterior, como punto de partida.
O sea, por ahora es imposible acceder, y no se trata de querer o no querer. De todas formas las tasas de los títulos locales esterilizadores e inflacionarios es superior a la de bonos high-risk.
Otra forma de comprar reservas genuinas es con el superávit fiscal, que Argentina tiene, pero no con el volumen que se necesitaría para acumular las reservas necesarias. Esto opción no la veo viable, pues no se puede “apretar” más al país y a la gente.
Si el plan del Gobierno es seguir comprando reservas con emisión de pesos y de títulos al 23% (con dólar planchado que promociona el carry trade) en vez de con dólares genuinos, la inflación seguirá y crecerá. Se creó un círculo vicioso de deuda cuasifiscal. El Gobierno dice
que la deuda no afecta al BCRA sino al Tesoro Nacional, pero simplificando, afecta a la Nación Argentina pues ambas entidades son hermanas.
Imaginemos que Argentina quisiera tener las mismas reservas que Perú y entonces intente comprar otros u$s 45.000 millones para totalizar u$s 90.000 millones. En ese caso la metodología actual crearía un estrago inflacionario difícil de describir por su magnitud. Por “suerte” sólo se habla de comprar u$s 17.000 millones más.
En Argentina hay mucho por hacer, y ciertamente se han hecho cosas buenas, pero el tema de comprar reservas con emisiones inflacionarias en vez de hacerlo con el dinero que se vende para colchón y turismo parece ser el más importante pues es el cimiento de las demás cosas.
Hay otro riesgo que apenas me atrevo a describir, y es que los ciudadanos liberales se pueden estar reconvirtiendo en socialistas luego de ver que la grieta social está cada vez peor, y que mientras algunos están de fiesta con dólares, aviones y créditos hipotecarios; otros tienen las necesidades básicas insatisfechas. Ambas cosas pesan diferente.
El límite para ambos lados es el sufrimiento humano. Y cuidado con el dato oficial de baja de pobreza, pues en él hay mucho supuesto empleo informal que es imposible de medir.
La moraleja de esto es que no se puede seguir emitiendo pesos y títulos pensando que la esterilización funciona, poniendo los dólares verdaderos a la venta para colchón y turismo sin límites ni impuestos, y al mismo tiempo pensar que no habrá inflación. Eso es inocencia o impericia, o falta de experiencia o conflicto de intereses. Es una utopía.
Se dice en management que hay que preguntarse al menos cinco veces ¿por qué? Es una escalera para llegar a la causa raíz de una situación. Entonces:
¿Por qué hay inflación? Porque se emite dinero.
¿Por qué se emite dinero, principalmente? Para poder comprar reservas no genuinamente.
¿Por qué no se acumulan reservas directamente de las exportaciones? Porque los dólares que entran se gastan en colchón y turismo.
¿Por qué se pueden gastar en colchón y turismo? Porque se levantaron el cepo y el impuesto país prematuramente.
¿Por qué se levantaron el cepo e el impuesto prematuramente? Por intereses políticos y personales, aun sabiendo los riesgos.
Entonces por propiedad transitiva eliminando pasos: hay inflación porque se levantaron el cepo y el impuesto país, y entonces hay que emitir pesos para comprar reservas. No hace falta devaluar, sino simplemente gravar las ventas de dólares no productivos con un impuesto y establecer límites a tales ventas.
Si no se hace rápidamente, habrá más inflación y presión devaluatoria, o sea un mal escenario en el mediano plazo.
