Congratulations to England!
El equipo inglés merece sin duda estas felicitaciones por haber obtenido un meritorio tercer puesto en el Campeonato Mundial de Fútbol 2026. Aunque sospecho que el tercer puesto es menos importante que el segundo.
De todas maneras, sólo cabe añorar aquella hazaña del año 1966, en que el conjunto inglés, capitaneado y dirigido técnica y tácticamente por el árbitro y polígloto alemán Rudolf Kreitlein, se coronó campeón del torneo organizado ese año con la finalidad de otorgar los laureles al país anfitrión.
Los ingleses deben, pues, festejar legítimamente ese tercer puesto, ya que -me atrevo a conjeturar, vistas las deficiencias deportivas del conjunto-, desde ahora y hasta la consumación de los siglos, no lograrán alcanzar ni siquiera las grisáceas galas del tercerón. Por otra parte, hacen muy bien en aplaudir como propio el triunfo de España, país que, en cierta medida, forma parte del Imperio Británico en lo que respecta al Peñón de Gibraltar.
Lamento, eso sí, que el temperamental guardavallas Jordan Pickford (el que castigó con trompaditas histéricas el césped) no haya podido impedir los goles convertidos por Enzo Fernández y por Lautaro Martínez, desdicha que originó un generalizado lloriqueo imperial, con la consecuente proliferación de pañuelos lacrimosos en tan civilizadas islas.
En cuanto al enérgico filósofo Piers Morgan, le deseo que obtenga, más temprano que tarde, alojamiento perpetuo en la mejor clínica psiquiátrica, donde probablemente logren atenuar —ya que no curar— su esquizofrenia aguda que incluye irreprimibles deseos homicidas.
¡Vamos, Piers, no todo está perdido: a pesar de tu cara, tú puedes…!
