El tango y la música provinciana, en la nueva obra de Nicole Nau y Luis Pereyra

Con sonidos bien argentinos

Los bailarines se han propuesto romper con la antinomia entre los géneros de raíz nativa. Rescatan el legado de "El Chúcaro", Yupanqui y Leopoldo Federico, y alertan que se está perdiendo la tradición del zapateo.

Vienen de presentarse en el Festival de Folclore de Cosquín convocados por el Chaqueño Palavecino, nada menos. Y antes de eso realizaron otra de sus habituales giras europeas con el espectáculo "Tango puro argentino... y más".
Folclore y tango, entre esas dos vertientes del arte popular, que son sólo una, se mueven Nicole Nau y Luis Pereyra. Bailarines de prolífica trayectoria y singular historia de vida (ella, alemana, llegó al país atraída por la danza que la cautivó en "Tango Argentino", espectáculo donde él, santiagueño de pura cepa, actuaba), ultiman los detalles de una nueva obra de la que realizarán sólo ocho funciones en Buenos Aires.

En la sala Siranush del barrio de Palermo se estrena hoy "El sonido de mi tierra", espectáculo cuyo título Pereyra eligió en los años "90 para bautizar un libro de su autoría que finalmente no llegó a editarse. Lo reconvirtió luego en peña y en sucesivas puestas teatrales que contaron con el protagonismo del clan Carabajal, y de Jorge Rojas en el inicio de su etapa solista.

Hoy, "El sonido de mi tierra" adquiere una nueva dimensión con un elenco de ocho personas (entre bailarines y músicos) y la puesta en escena de Víctor Tela y el propio Pereyra, pero conserva su aspiración de origen: que la música de raíz nativa conviva en armonía sobre el escenario, como en el patio de cualquier familia argentina.

"Mi afán es unir al pueblo a través de su música"", confirma Pereyra, que incluyó en el programa un tema propio, con partitura de Sergio Luna, ""que habla de la división inexplicable que existe entre la gente del tango y del folclore".

-¿Hay un común denominador dentro del repertorio?

-Los temas que elegí se relacionan con mi historia personal al haber escuchado y bailado esas músicas, y haber conocido a sus creadores. Fui muy amigo de Julián Plaza y por eso un tango como "Danzarín" siempre tiene un lugar en mis espectáculos. Incluir una versión de "El ingeniero" es para mí recuperar las tantísimas noches que compartí con Leopoldo Federico. Yupanqui también tiene su espacio, en este caso con "La nadita", una hermosa chacarera, además de Víctor Heredia con su "Taki Ongoy" y el poema "Añatuya", de Homero Manzi, que musicalizó Peteco.

ENTRE HOMBRES

-Para diferenciarlo de sus anteriores propuestas dice que éste será un espectáculo "de hombres". ¿Por qué razón?

-Porque hay un mayor protagonismo de los zapateos y las boleadoras. En mis obras anteriores la mujer ocupó un lugar preponderante, pero no en este caso. Aquí habrá mucho del zapateo que ya se conoce, pero mostrado con una estética diferente. Asimismo, rescato una forma de zapatear clásica que se perdió hace más de veinte años, ya que hoy los zapateos se hacen más con los brazos que con los pies. La tradición del zapateo se conserva apenas en los muchachos que concursan en festivales como Cosquín y Laborde.

-¿Cree que hay riesgo de dilapidar ese legado?

-A mí me entusiasma el nivel que hoy tiene el Ballet Folclórico Nacional y creo que, al rescatar obras de los años "50 y "60, le hace muy bien a las futuras generaciones de bailarines. Yo también parto de Santiago Ayala "El Chúcaro" y Joaquín Pérez Fernández. A mi generación le hizo muy bien aquel legado, aunque por algún motivo eso se perdió. En la danza, para partir hay que hacerlo desde el origen. Sólo desde ahí se puede volar con las recreaciones. Si se parte desde la acrobacia o desde lo moderno, es difícil que se le sienta el "gusto a tierra" a lo que uno hace.