"MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES", UNA LOGRADA Y MODERNA VERSION DE UN CLASICO
Con sencillez y encanto
Ficha técnica:
"Mucho ruido y pocas nueces", de William Shakespeare. Dirección y adaptación: Oscar Barney Finn. Escenografía: Jorge Ferrari. Vestuario: Mini Zuccheri. Iluminación: Eli Sirlin. Actores: Virginia Innocenti, Sergio Surraco, Salo Pasik, Malena Figó, Daniel Miglioranza, Verónica Piaggio, Rocco de Grazia, Enrique Iturralde, Pablo Mariuzzi y Carlos Kaspar, entre otros. Martín Coronado del teatro San Martín (Corrientes 1530).
De 1598 data el estreno de "Mucho ruido y pocas nueces" del gran dramaturgo inglés William Shakespeare, inmediatamente posterior a "El mercader de Venecia" y "Las alegres comadres de Windsor". Un dramaturgo de treinta y cuatro años mostraba su profesionalismo en una comedia romántica de seguro éxito.
El director Oscar Barney Finn toma el texto traducido por Cristina Piña, moderniza la historia manteniendo las historias de amor de Claudio-Elisa y la de Beatriz-Benedicto, cambiando la época y el espacio en que se desarrolla la acción (la corte por una estancia en la Pampa, propiedad de don Leandro, el padre de Elisa).
Estamos entre 1875 y 1876. Se alude a la época de trincheras, a los soldados que vienen de combate y a la llamada Zanja de Alsina, la que se convertiría en zona de frontera para separar dos mundos, el de los blancos y el de los indígenas. También aparecen los habitantes de la estancia, las tías viejas, el sacerdote, el comisario y su segundo, los soldados y sus jefes que deciden quedarse, mientras aprecian las lindas mujeres de la zona.
SUBESTIMAR Y DESEAR
Un mundo donde los hombres por un lado subestiman a las mujeres y por otro las desean, donde los diálogos se dan en niveles cuyas consecuencias no son precisamente los de las acciones que desencadenan.
Los sentimientos se ocultan, hay un mundo de superficie y una capa oculta en la que se desequilibran los sentimientos. Por eso nada ocurrirá como se piensa y cada uno, baile de disfraces mediante, se quitará la careta para vivir de nuevo.
Esta versión de "Mucho ruido y pocas nueces" tiene el encanto de la pieza original y alcanza distintas vertientes de humorismo en las distintas capas en que se abre la pieza con sus tramas y subtramas. Momentos de comedia, de cierto dramatismo (una supuesta muerte), de romance, de juegos verbales que disimulan enfrentamientos sexuales y aún de farsa, en los que el caricaturesco terceto, dirigido por el comisario y su segundo (el divertido Claudio Pazos), despierta los momentos cómicos de la obra.
Es destacable el diseño de campo del amplio escenario de la sala Martín Coronado, transitado permanentemente por veintisiete personas, plenas de plasticidad en una inquieta y permanente cobertura del espacio.
JUEGO DE PODER
Con algo de "Las mujeres sabias" o "Las alegres comadres de Windsor", el agudo juego de poder entre hombres y mujeres, buenos momentos musicales que dinamizan el desarrollo de la trama, atractiva escenografía con impecables y aceitados cambios a escena, la obra se disfruta en sus equívocos, sus clásicas ambigüedades, engaños y los disfraces de una sociedad de doble cara. Hasta podría darse con algunos minutos menos de extensión.
A propósito de las secuencias musicales, destacamos al que fuera inolvidable Alfredo Germont, de "La Traviata", de Soledad De la Rosa en el Avenida y Santiago Bürgi, de bella voz y segura presencia.
El nivel general de actuación es muy homogéneo y funciona con armonía un equipo en el que Virginia Innocenti da fuerza y autoridad a su Beatriz en buena pareja con el dúctil Sergio Surraco. Salo Pasik, Daniel Miglioranza, con su grupo de "gauchos malos" aportan profesionalismo, mientras Malena Figó demuestra una vez más encanto y talento, junto a la vehemencia y juventud de Rocco De Grazia.