“Con la derrota de Trump perdemos nuestro as en la manga”

El cambio de fuerzas en el Congreso de los Estados Unidos pone en duda la ayuda que el Tesoro de ese país puede brindarle a la Argentina en caso de emergencia. “Podrán interpelar al presidente sobre el uso discrecional de esos fondos”, aclara Marina Lacalle, politóloga y docente de la Universidad Austral.

Pocas veces en la historia una elección de medio término en los Estados Unidos estuvo tan ligada al futuro de la Argentina. La derrota del Partido Republicano de Donald Trump en el Congreso norteamericano siembra de incertidumbre el porvenir del programa financiero libertario.

El año próximo el Estado enfrenta vencimientos de deuda por casi u$s 20.000 millones. El primer compromiso tiene como fecha tope el 9 de enero, cuando habrá que pagar la suma de u$s 4.378 millones. El ministro de Economía, Luis Caputo, repite hasta el hartazgo que su administración tiene los dólares en el bolsillo, pero no es menos cierto que en caso de emergencia contará con el respaldo del Tesoro estadounidense.

La firma del secretario del Tesoro, Scott Bessent, está siempre lista. Tal como ocurrió en momentos de zozobra, justo en el 2025, cuando el Gobierno de Javier Milei se jugaba un pleno en las elecciones legislativas y las arcas estaban secas. Pero ahora todo puede cambiar.

¿Podrá manejarse Trump con tanta libertad para socorrer a sus amigos en caso de naufragio financiero? ¿Le atará las manos el Congreso, ahora dominado por los demócratas? ¿Alcanzan los dólares que reunió el Gobierno para saldar los compromisos de la deuda externa?

LA CAIDA

La derrota republicana genera dudas en estas pampas. Marina Lacalle, profesora de la Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Austral, desentraña parte del misterio.

-¿Cuáles son las razones de la victoria demócrata en las elecciones de medio término de los Estados Unidos?

-Hay una cuestión que tiene que ver con algo más sistémico que es propio del modelo y sistema político norteamericano con sus elecciones de mitad de término. Y con la particularidad de que Donald Trump es un presidente que no puede reelegir. Situación que se conoce como el pato rengo. Trump es un líder que tuvo la particularidad de estructurar la demanda y la campaña dentro de su propio partido y dentro incluso del partido demócrata a pesar de no ser candidato. No perdamos de vista que hoy es un líder republicano que tiene un poder que quizás otro líder históricamente no ha tenido, al menos en las últimas décadas. En términos sistémicos la realidad es que cuando el elector vota, también lo hace de acuerdo a varias cuestiones que tienen que ver con la economía doméstica. Hay varias cuestiones que se van acumulando a lo largo del tiempo. Las elecciones de mitad de término suelen ser ese termómetro donde a la mayoría de los analistas no nos sorprende esa ola de presidentes perdiendo elecciones legislativas. Si se trata de un presidente que está en sus primeros cuatro años de gestión, es una señal, una alarma. Es información para estar alerta o dar un volantazo. Pero si está en el segundo mandato, la situación se complica. Esto es lo que vive hoy Donald Trump.

-¿Hay otros motivos?

-Otra de las razones que explican este revés tiene que ver con un factor clave: el voto no es obligatorio. La movilización del electorado tiene muchas chances de mover la aguja del resultado electoral. En este caso lo que se pudo ver es que el voto latino, el voto de la mujer y el voto joven se movió bastante. Y no fue hacia el lado que Trump hubiera preferido. Hay también una cuestión de la realidad económica norteamericana que afecta a los Estados azules, del noreste del país.

-Cuando Trump fue electo como presidente la primera vez se hablaba mucho de la influencia del Cinturón de Oxido, esos Estados que habían sido industriales y lo respaldaron. ¿Se puede hacer una lectura similar viendo cómo quedó coloreado el mapa?

-Esto se vincula a lo que Hobsbawm (Eric) llamaba el trabajador de cuello azul. Es decir, la industria en toda su amplia gama. Hoy la economía norteamericana se ve golpeada, aunque es un fenómeno que viene de hace un par de años. Le fueron dando crédito a Trump hasta ahora. Como decimos en la academia, el elector tiene dos o tres maneras de votar, si lo hace con su corazón. Puede hacer un análisis a futuro, proyectar lo que puede venir a pesar de que a mí me vaya mal; o vota con el bolsillo. El famoso pocket vote. Hoy el norteamericano está votando con el bolsillo. No es un fenómeno exclusivo de ellos, lo vemos a nivel global. Esto lo vimos también en Brasil. A Lula, en la primera vuelta, lo afectó eso, su propio electorado diciéndole que los números globales estaban bien pero la gente estaba endeudada y la plata no alcanzaba.

LA GUERRA

-¿Qué peso tiene la guerra con Irán en el resultado de las elecciones?

-Influenció porque la guerra afecta a la economía interna de los Estados Unidos. Todo este discurso de Estados Unidos para los norteamericanos, pero también Estados Unidos involucrándose en otros escenarios. Como toda potencia hegemónica, es el rol que cumple a nivel de geopolítica. A la opinión pública esto la golpeó. Tengamos en cuenta, además, que Trump es un líder con muchas particularidades. Este revés político va a tener implicancias fortísimas hacia adentro y hacia afuera.

-¿Hay una fragmentación de la base republicana?

-Claramente. Esto se puede ver en que es un presidente que no pudo construir poder dentro del partido, y con esto me refiero a tener un sucesor o un grupo de personas que lo pueda suceder, y que sea razonable. Porque Donald Trump es único por sus características como líder, por su carisma y por lo que transmite él solo hablando, con su cara y sus gestos. Si es así, está en un problema. Algo que también viene sucediendo hace muchos años. El partido Republicano está fragmentado. Si uno mira las votaciones dentro del Congreso o el trabajo en comisión, los proyectos legislativos antes de que salgan al pleno, vemos legisladores republicanos que de pronto están más cercanos a un demócrata. Se da una conjugación de variables que terminan generando el resultado que hoy estamos viendo.

-¿Se puede hablar de un trumpismo dentro del Partido Republicano, de una línea propia?

-Quizás es pronto para hacer un vaticinio con respecto a eso. Hace varios años que Trump y otros líderes a nivel global son protagonistas de la agenda política local e internacional. Hay que ver qué suerte tiene. Pienso en las elecciones en Brasil y en Bolsonaro (Jair), que en su momento fue una especie de clivaje de la sociedad brasileña. Trump también lo es. Son ciclos que se dan a lo largo del tiempo. Son líderes que vienen a llenar un vacío. En este sentido en lo que es la crisis de representación global que sufre la principal institución de las democracias, que son los partidos políticos. Partidos que no se renuevan y no brindan alternativas viables. Es algo que lo vemos como pieza empírica en Estados Unidos: el elector empieza a castigar a los malos gobiernos. La economía doméstica no es lo mismo que hace dos años, y entonces en esto sí el elector norteamericano tiene un margen de tolerancia menor.

-Dada la relación de fuerzas con que queda en el Congreso, ¿hay margen para impulsar un juicio político contra Trump?

-En un juicio político la Cámara de Diputados acusa y el Senado juzga. Tienen el número para acusar. Se dice que habrá acusaciones e incluso al partido Demócrata le conviene avanzar en ese sentido. Es una manera de fijar agenda. Nos paramos acá, con estos temas no estamos de acuerdo y creemos que hay que interpelar al presidente. En el Senado no alcanzan los votos porque se requiere una mayoría extraordinaria para llevar a juicio político a Trump. Es inviable en términos matemáticos. Pero puede poner en la agenda pública que el presidente tenga que enfrentar una amenaza así. Perder la mayoría en el Congreso norteamericano no es lo mismo que perderla en otros sistemas presidenciales de la región. El presidente no tiene manera de generar coaliciones que le permitan negociar.

-¿Se vienen dos años de gestión mediante decretos?

-Sí, pero es una variable que va a generarle un costo político. El Congreso sí puede interpelar ministros y pedir explicaciones. Ahí entra la Argentina. Estados Unidos ha sido nuestro salvataje en los últimos años y hoy estamos perdiendo nuestro as en la manga. El partido mayoritario, el Demócrata, va a ocupar la mayoría de las bancas y también las presidencias de las comisiones. Eso significa controlar la agenda. Tengamos en cuenta que el presidente norteamericano no tiene iniciativa legislativa, sus proyectos tienen que ingresar por el líder del bloque. Está muy atado. En nuestro Congreso hay un montón de partidos diversos y colores para negociar. Esto en Estados Unidos no pasa, es muy maniqueo, de alguna manera. Trump salió a reconocer la derrota, ya no es el presidente bravucón de otra época. Está abierto a negociar ciertas cuestiones con el partido Demócrata. Se modera porque políticamente es lo que le conviene.

SALVAVIDAS

-El ministro de Economía, Luis Caputo, le bajó la intensidad a la derrota republicana y dijo que está todo arreglado con el Tesoro norteamericano. ¿Cree que es así?

-El Gobierno argentino tiene que salir a dar un mensaje tranquilizador. La realidad es que no depende del Tesoro. Hoy sí, pero el año que viene no porque habrá un Congreso que va a estar interpelando lo que hizo Trump y lo que hará Trump. Parte de estos salvatajes, el rescate de Argentina, son cuentas discrecionales que utiliza el presidente norteamericano para darle ayuda a algún país que necesita el dinero para salvar su economía. No tiene que rendirle cuentas al Congreso, pero el Congreso sí puede interpelarlo sobre qué está haciendo con esa plata. Hasta ahora Trump se manejaba de forma discrecional. De esa manera mantenía una presencia geopolítica en la región.

-Estados Unidos el tercer país en importancia para la Argentina en el intercambio comercial. ¿En el vínculo prevalece la visión económica o la afinidad ideológica entre Trump y Milei?

-Si bien se van trenzando ambas cosas, creo que todo lo que tiene que ver con lo comercial pesa, independientemente del color político. Por ejemplo, Brasil y Argentina tienen sus relaciones diplomáticas en crisis y, sin embargo, el único representante que dejó Brasil acá tiene que ver con los tratados comerciales. Somos socios económicos y no vamos a pegarnos un tiro en el pie. Argentina no le puede aportar mucho desde ese aspecto a Estados Unidos, pero uno de los grandes golpeados fue Elon Musk. Nosotros dependemos de la potencial agenda del magnate el año próximo en términos de inversiones con todo lo que tiene que ver con la construcción de los data centers. Ahora está todo en veremos. No tenemos que perder de vista, además, que Argentina tiene vencimientos de deuda el año que viene de u$s 16.500 millones. El primer vencimiento es en enero y el segundo, en julio. Necesitamos los dólares para eso. No falta mucho y el tiempo apremia. A eso hay que sumarle el efecto del tercer trimestre del año donde la economía argentina está entrando en recesión. El principal zimbronazo del resultado electoral fue también la caída de los bonos y la suba del riesgo país, que está por encima de los 800 puntos. No podemos recurrir al mercado internacional y nos vemos obligados a pedirle a los amigos.

-En términos prácticos, ¿le dio resultado al gobierno de Milei alinearse de manera incondicional con los Estados Unidos?

-Eso es lo que se le está criticando ahora. Hubiese sido positivo ser racional y moderarse. Estamos ante la presencia de un líder que también tiene características muy personales. Hasta ahora le supo generar mucho rédito. La Libertad Avanza es un partido nuevo que depende pura y exclusivamente de Milei.

-En las elecciones presidenciales en Brasil ganó Lula; en Estados Unidos se impusieron los demócratas. ¿El péndulo se está inclinando hacia el otro lado? ¿Cómo queda parado Milei de cara a la contienda electoral del 2027?

-A esto hay que sumarle cómo se viene dando la economía a nivel micro y cómo la vive hoy por hoy el ciudadano argentino. Hay que ver cómo continúa la recesión. Creo que Milei todavía tiene margen frente a su electorado, que puede pensar que el presidente está poniendo las cosas en orden. Tenemos espalda para seguir aguantando un poco más. También hay que ver qué ocurre en las provincias porque es ahí adonde se define la cuestión electoral a nivel nación. En esto de necesitar dólares para pagar la deuda, lo que queda es recurrir a las exportaciones. Hay que ver cómo se posiciona el presidente frente a las provincias que pueden aumentar el porcentaje de exportaciones. Esto obviamente es una negociación pensando en el año que viene.

-Algunos especialistas explicaban en estos días que cuando un presidente en un país poderoso pierde las elecciones de medio término y ya no tiene la posibilidad de ser reelecto, se vuelca sobre la agenda externa. ¿Qué opina?

-Es el escenario que le queda para mover las piezas. Los politólogos decimos que los presidentes, después de su segundo mandato se retiran y se van a escribir sus memorias. Tiene que ver mucho con el bronce. Trump es un personaje con destino incierto. Hacia adentro muestra señales de moderación, pero hacia fuera no lo sabemos. Lamentablemente eso para las democracias no es bueno porque la incertidumbre es todo lo contrario a lo que se busca.