SIETE DIAS DE POLITICA

Con el peronismo fuera de juego y la oposición en manos de la vice

Sin el escándalo Adorni, sin agenda propia ni liderazgo definido, la oposición quedó a cargo de Victoria Villarruel que intentó trabar el funcionamiento del Senado. La diferencia con Cobos.

La parálisis del peronismo a causa del enfrentamiento entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof le ha quitado protagonismo tanto en el Congreso como en los medios. También inciden en esta situación la falta de un programa económico alternativo y de una estrategia opositora viable, debido esto último a la inexistencia de una conducción aceptada por todos los sectores.

Para completar el cuadro de la inoperancia opositora, el escándalo Adorni dejó de encabezar la agenda. Claramente con su campaña de denuncias los medios apuntaban más a desgastar al gobierno que a elevar el nivel de la ética pública.

En ese marco la vicepresidente de la Nación, expulsada del gobierno poco después del triunfo electoral, pasó a concentrar la atención mediática y a sobreactuar su rol opositor. Pero su futuro no depende de ella, sino del espacio que le otorgue el periodismo, porque carece de estructura política y llegó al cargo que ocupa en la estela del “boom” libertario del cual ahora, con un desconcertante sentido de la oportunidad, quiere diferenciarse.

Además de su falta de “timing”, la vicepresidente tiene un inconveniente extra para presentarse como alternativa a Milei: su ideología. Comulga (nunca más adecuada la palabra) con el nacionalismo y el tradicionalismo católico, mentalidades más desactualizadas que la peronista y con mucha menor penetración social.

Ello no obstante, la ofensiva villarruelista alcanzó su punto más alto la semana pasada cuando fracasó en su intento de impedir que el Senado sesionara. El oficialismo tenía en carpeta asuntos urgentes y la vice planteó la alternativa de postergarlos para celebrar el triunfo en el partido de fútbol contra el seleccionado inglés, propuesta oportunista incompatible con una mínima seriedad institucional.

Trascendió un intercambio de mensajes agresivos entre ella y la presidenta del bloque oficialista, Patricia Bullrich, y finalmente el jueves pasado hubo sesión en la que el gobierno logró dos objetivos. El primero, reunir el quorum, lo que demostró que continúa controlando la Cámara. El segundo, la prórroga para que se mantenga en su cargo Víctor Pesino, camarista del trabajo que volteó la cautelar de la CGT para evitar la aplicación de la ley de modernización laboral.

Tanto los senadores peronistas como los sindicalistas están en guerra contra el magistrado que el 27 de mes cumple 75 por lo que, si no se aprobaba su nuevo acuerdo senatorial el jueves pasado, iba a quedar jubilado de hecho. El juez obtuvo finalmente la prórroga solicitada por un margen de sólo cuatro votos (ver “Quienes no votaron a Pesino” en Visto y Oído).

Acto seguido, la sesión pasó a cuarto intermedio porque Bullrich no tenía los votos para aprobar un proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada que resiste la oposición de todos los colores, la Iglesia y hasta el empresariado. Se trata de una legislación con cláusulas sobre materias diversas, pero que ha provocado una fuerte reacción adversa por la posibilidad que abre a los extranjeros para que compren tierras sin los impedimentos hoy vigentes.

El rechazo se ha focalizado en esta parte de la legislación con argumentos patrióticos y de seguridad nacional, pero poco se ha dicho sobre el impacto que podría tener, en caso de que finalmente se apruebe, en el precio de la tierra con el ingreso de extranjeros al mercado presionando hacia arriba la demanda. Por ejemplo, a qué precio llegaría la hectárea en la zona núcleo.

Más allá, sin embargo, de si el proyecto afecta intereses inmobiliarios o no, el texto que se pretendía llevar al recinto era precario. Contenía tantas enmiendas y cambios de última hora que su discusión en el recinto hubiera generado un caos.

Por último, la asunción de una actitud opositora explícita de Villarruel dejó planteado una cuestión que afecta especialmente a los inversores: en qué medida la anarquía política puede afectar al programa desregulador y de libre mercado.

El enfrentamiento de un vicepresidente con su presidente es propio del sistema institucional. Se trata de un conflicto de poderes entre uno en funciones y otro en expectativa. El vice no sólo “toca la campanilla del Senado”. Como dijo el primer vicepresidente de los Estados Unidos, John Adams”: “No soy nada, pero puedo ser todo”.

El caso de Villarruel no es, sin embargo, comparable con el conflicto presidente-vice más reciente: el de Julio Cobos versus los Kirchner por la resolución 125. El mendocino tenía detrás un partido nacional -la UCR- y un apoyo social que con el paso del tiempo convergió en la alianza que terminó echando al kirchnerismo del poder. La actual vice, en cambio, está aislada, es un subproducto del mileismo y ningún sector político de peso planea llevarla como candidata.