Con Rojo habilitado, El Pincha visita a Flamengo por un lugar en la final
Por estos días se está instalando, entre otros temas futboleros, uno que desata fuertes polémicas con una simple pregunta: ¿Siguen siendo cinco los Grandes del fútbol argentino? ¿Son River, Boca, Racing, Independiente y San Lorenzo más grosos que el resto? ¿No habría que modificar esa lista? ¿Agrandarla? ¿Suprimirla? Ocurre que, desde que esa nómina se fue confeccionando (por los hinchas, los periodistas, el público en general) de manera un poco arbitraria, cuando la era profesional se puso en marcha en 1931, pasaron cosas.
Esta noche y con Marcos Rojo después de la habilitación del TAS in extremis, Estudiantes de La Plata visitará a Flamengo por la revancha de una de las series semifinales de la Copa Libertadores. El Pincha es Grande, eh. Jugó cinco veces esa instancia y nunca la perdió… Anulo mufa.
Hay más: el Pincha participó en 19 ocasiones en la historia del torneo continental. Llegó a las semifinales en 1968, 1969, 1970, 2009 y en la actual, de 2026. Y el tremendo dato es que, cada vez que le tocó llegar hasta acá, luego se consagró campeón.
Es cierto que al duelo de esta noche llega con cautela. Hoy jugará la revancha, desde las 21.30, del partido que disputaron la semana pasada en el Uno de La Plata y que terminó 0-0. Es decir, irá a definir al mítico Maracaná apenas con un empate a cuestas. Obvio que la serie está abierta, pero no es lo mismo jugar en casa que de visitante. Y menos frente a uno de los siempre poderosos conjuntos brasileños.
Como fuere, los platenses saben de hazañas. Desde aquella que consiguieron en una instancia incluso superior a la Libertadores, como fue ganarle la final de la Copa Intercontinental a Manchester United, con el recordado gol de Juan Ramón Verón en Old Trafford (papá del actual presidente del club, Juan Sebastián), que le dio el empate en la vuelta tras haber ganado la ida 1-0, todo lo creyeron posible.
Y sus hinchas se fueron acostumbrando, y bien, a ganar paradas bravas. Nació la mística copera: esa fuerza que no se puede explicar pero que los Pinchas lucen orgullosos en los momentos difíciles para tomar confianza. Una especie de haka, como el que danzan los All Blacks antes de sus contiendas para intimidar a los rivales y darse ánimo. Pero Estudiantes lo hace sin bailes, y solo con el aura que despiden sus jugadores cuando llegan a estas alturas.
De allí y de mucho más se agarra el actual equipo del Cacique Medina para creer, como alguna vez pidió el Muñeco Gallardo en River. Porque el fútbol es juego y ánimo. Un estado de ánimo que puede doblegar al adversario de turno, aunque sea como el Fla, un equipo que invirtió para esta temporada más de 100 millones de dólares exclusivamente en fichajes, con un presupuesto operativo anual total en fútbol que ronda los 200 millones entre sueldos y contrataciones.
Lo de Estudiantes es más modesto, pero no dentro de la cancha. Ahí equipara las fuerzas con el juego de siempre: funcional, práctico, agresivo, inteligente. Ese que le permitió despachar a Corinthians en cuartos de final. ¿Cómo lo hizo? Empató de local y ganó de visitante, en San Pablo, contra la mayoría de los pronósticos.
Por ahora, la idea es que el frente de ataque esté compuesto por Tiago Palacios, Guido Carrillo y el Tucu Correa. En la mitad de la cancha es donde menos dudas tiene Medina: si no surgen inconvenientes, Ezequiel Piovi, Alexis Castro y Baltasar Rodríguez serán los encargados de ocupar ese sector.
En la última línea, en cambio, aparecen los principales interrogantes. Si bien el equipo recupera a Tomás Palacios y a Leandro González Pirez, la atención está puesta en la habilitación de Marcos Rojo, quien podría compartir la zaga con el Cabezón. En los laterales estarían Eros Mancuso por derecha y Tomás Palacios por izquierda.
Con esos hombres irá en busca de una nueva final copera. Le sobra mística para llegar otra vez a esa instancia.
