Con AC/DC, el rock sigue intacto

Recital de AC/DC. Músicos: Angus Young, guitarra líder; Brian Johnson, voz; Stevie Young, guitarra rítmica; Matt Laug, batería; Chris Chaney, bajo. El lunes 23 en el estadio River Plate. Repite el 27 y 31 de marzo.

 

Y como dice el refrán, no hay dos sin tres: los australianos de AC/DC volvieron a pisar suelo argentino. Casi treinta años después de su primera visita (octubre de 1996, en el marco del ‘Ballbreaker Tour’) y 17 de la segunda (diciembre de 2009, como parte del ‘Black Ice Tour’, que dio origen al DVD, CD y posterior vinilo ‘Live at River Plate’), Angus Young, Brian Johnson y compañía regresaron al mismo escenario donde supieron demostrar todo su poder: el estadio de River Plate, esta vez en el marco del ‘Power Up Tour’.

Y una vez más, no solo no defraudaron sino que dejaron en claro que, a pesar del paso del tiempo, su vigencia sigue siendo absoluta.

A las 16 horas se abrieron las puertas del Monumental y los primeros en pisar el escenario fueron los locales de Eruca Sativa. Luego fue el turno de The Pretty Reckless, comandados por la cantante, compositora y exactriz estadounidense Taylor Momsen, quienes no solo brindaron un show prolijo y sin fisuras, sino que prepararon el terreno para lo que sería una noche a puro rock’n roll.

 

DEMOLEDOR

A las 21 y con 70.000 personas esperando ansiosas, las luces del Monumental se apagaron y en la pantalla principal comenzó a proyectarse el clásico video preshow. El arranque fue con ‘If You Want Blood (You’ve Got It)’; desde ahí, el recorrido fue una sucesión de himnos que sostuvieron una intensidad sin respiro. ‘Back in Black’ sonó, en concordancia con el estadio, monumental, con ese riff que sigue siendo, a pesar del tiempo, una de las columnas vertebrales del género, mientras que ‘Thunderstruck’ desató uno de los puntos más altos de la noche con el público completamente entregado.

La inclusión de temas de ‘Power Up’, su placa más reciente, como ‘Demon Fire’ y ‘Shot in the Dark’, fue un puente intergeneracional. Sin embargo, fue en los clásicos donde la banda alcanzó su punto máximo: ‘Hells Bells’, con su atmósfera oscura; ‘Highway to Hell’, convertida en un himno colectivo, y ‘Shoot to Thrill’, con su energía desbordante.

 

DE PUNTA A PUNTA

Durante el show se pudo apreciar que el escenario tiene un dueño indiscutido, Angus Young, que lo maneja de punta a punta con su energía inagotable y su clásico pasito, sin que se note en ningún momento su edad, y que está muy bien secundado por Brian Johnson, mientras que el resto de la banda -Stevie Young, Matt Laug y Chris Chaney-, si bien es un soporte esencial, funciona como un partenaire al servicio de esa dupla dominante.

El tramo final fue, directamente, aplastante. ‘You Shook Me All Night Long’ y ‘Whole Lotta Rosie’ elevaron la temperatura al máximo, preparando el terreno para un cierre que no dio tregua. ‘Let There Be Rock’ extendió la épica con una ejecución vibrante, mientras que los bises con ‘T.N.T.’ y ‘For Those About to Rock (We Salute You)’ terminaron de sellar lo que fue una noche de pura celebración.

Lejos de la nostalgia vacía, AC/DC sigue apostando por lo que mejor sabe hacer: riffs filosos, una base rítmica implacable y canciones que no pierden vigencia. No hubo sorpresas ni clichés baratos de esos “ustedes son el mejor público”, ni largas palabras al público. La banda vino, saludó y tocó durante dos horas, dejando claro que cuando el material es sólido, el impacto es inevitable. El rock, una vez más, sonó fuerte y claro.

Y como si esta descarga eléctrica no hubiera sido suficiente, la corriente sigue en circulación y todavía queda voltaje para rato, ya que AC/DC volverá a encenderse en el mismo escenario otras dos noches para demostrar que el rock sigue vigente y que su energía está lejos de bajar la intensidad.

 

Calificación: Excelente