"EL FANTASMA DE LA OPERA" DE WEBBER, TIENE UNA EXCELENTE PUESTA EN ESCENA
Como un muestreo de pasiones
Ficha técnica:
"El fantasma de la ópera". Música: Andrew Lloyd Webber. Letras: Charles Hart, basada en la novela "Lé Fant™me de L"Opera" de Gastón Leroux. Dirección musical: Gerardo Gardelin. Dirección: Harold Prince. Puesta en escena musical y coreografía original: Gillian Lynne. Escenografía y vestuario: Maria Bjornson. Cantantes-actores: Carlos Vittori, Claudia Cota, Nicolás Martinelli, Mirta Arrua Lichi, Walter Canella, Ricargo Bangueses, Lucila Gandolfo, Santiago Sirur y Silvina Tordente, entre otros. Opera (Corrientes 860).
Con equipo local y el excelente desempeño vocal y actoral de la mexicana Claudia Cota, se conoció la versión original de "El fantasma de la Opera", que conserva todos los elementos, según se anticipó, del montaje original que Harold Prince realizara en Londres y luego en Nueva York.
Aunque la reposición local corrió por cuenta de la mexicana Rocío Rodríguz Conway, puede decirse que pocas veces en nuestra ciudad se ha podido apreciar un montaje de tal calidad técnica.
La puesta del famoso director escénico Harold Prince exige de un movimiento de maquinaria escénica muy complejo y de gran exigencia para los cantantes y técnicos y en la función a la que asistió La Prensa, resultó de una sorprendente efectividad.
Estrenada hace veintidós años, la puesta de Prince, que ha llegado a Buenos Aires, se conoció en Londres el 9 de octubre de 1986 y el 26 de enero, de 1988, en Nueva York.
DIECINUEVE ESCENAS
Dividida en diecinueve escenas, la pieza se inicia en 1911, cuando en el escenario de la Opera de París, un grupo de personas asiste a la exhibición de algunas piezas del teatro, que están a punto de venderse. Entre los admiradores de la historia de esa sala, está un hombre llamado Raoul y es él, quien momentos antes de salir a remate una pieza clave, conduce al espectador por el laberinto de sus recuerdos y de este modo, la obra se abre a un espacio escénico, que retrocede hasta 1881, dividido en dos partes.
La historia de "El fantasma de la Opera" es suficientemente conocida: un extraño ser habita en las oscuridades de la Opera de París y se comunica con una joven cantante, a la que convierte en su discípula.
Cuando la "prima donna" del teatro, Carlota Giudicelli, desiste de un papel porque durante un ensayo se cayó un telón inesperadamente, entra a escena Christine Daaé, la que hará una carrera vertiginosa, en esa sala para felicidad de sus nuevos dueños. Los obstáculos aparecen cuando aparece en escena Raoul, vizconde de Chagny y se convierte en amante de Christine Daaé. Es en ese momento cuando, como en la "Carmen" de Bizet, asoma un triángulo de pasiones, que tendrá un desenlace fatal.
CONSTANTE DESAFIO
Si bien el argumento es conocido y se sitúa en el plano de los dramas románticos, la evolución que va adquiriendo dentro de ese contexto permite el lucimiento -todo un desafío- de cada uno de sus protagonistas, que deben debatirse entre el drama que se desarrolla detrás del telón, en las entrañas de la sala y el que aparece delante del público, con una escena de un colorido Carnaval de Venecia incluída.
La música que es uno de los pilares de la historia, deja entrever climas que posibilitan desde el encuentro secreto de los amantes, hasta los conflictos por celos artísticos y de alcoba, en medio de un marcado suspenso, que deja entrever el misterio que rodea a esa tan complicada como inteligente criatura trágica, que es el fantasma.
En ese rubro de personalidades las voces de los protagonistas se convierten en un verdadero desafío a superar, en el que las arias del fantasma y Christine adquieren el vigor de un amor atravesado por la pasión y el espanto al mismo tiempo.
Carlos Vittori en el papel del fantasma asume una apariencia escénica que no deja de sorprender, no sólo por su estupenda voz, también por su carisma interpretativo. Mientras que la mexicana Claudia Cota resulta de una vitalidad vocal y de pronunciado magnetismo personal. Su voz va del susurro a cierta desesperación en los agudos, sin exagerar nunca en el caudal, ni tampoco exagerar en los planos rítmicos, que la partitura tiene y que en otra podría haberse convertido en un riesgo insuperable.
Si las actuaciones de los artistas mencionados, más Nicolás Martinelli, como Raoul, o Mirta Arrua Lichi muestran una extraordinaria fuerza, no lo es menos el aporte de la puesta en escena de Harold Prince, que se acompola a ellos y uresulta de una conceptualización que ha permitido jugar con estilos y épocas, con un excelente resultado estético.
Esta flamante versión de "El fantasma de la Opera" merece ser vista por su relevante calidad artística y visual.
Juan Carlos Fontana