EL RINCON DE LOS SENSATOS

¿Cómo es posible que aún haya zoológicos?

Recuerdo que, en los años setenta del siglo pasado, en las páginas finales de un libro sobre ovnis que escribí, decía que, tal vez, en algún lugar del Universo, en otro planeta habitado por seres inteligentes mucho más avanzados que nosotros, hubiera un zoológico en el cual pudiera verse una jaula con el cartel Humanos de la Tierra.

Eso generó gran controversia y tuve muchos comentarios enojosos en mis presentaciones y conferencias. ¿Cómo era posible que yo supusiera que seres de otros mundos, al llegar a nuestro planeta tan avanzados tecnológica y científicamente, fueran a poner humanos para exhibirlos en una jaula?

Entiendo que eso haya molestado. Siempre respondí de la misma manera: ¿Y por qué nosotros tenemos zoológicos? ¿Acaso esos animales están felices y agradecidos por estar encerrados allí?

¿Qué nos lleva a tener, aún hoy, animales traídos de distintos lugares, para ponerlos en sitios de donde no son autóctonos, al solo efecto de mostrárnoslos a quienes visitamos esa secuencia de jaula y jaulones?

LAS AGUILAS

Recuerdo, de chico, ser llevado por mis familiares al zoológico de la Ciudad de Buenos Aires (inaugurado el 11 de febrero de 1888 y cerrado el 23 de junio de 2016, cuando fue transformado en un ecoparque), donde había -entre otros- unas águilas. Y para asemejar el lugar de origen se las había instalado en un jaulón muy alto con imitaciones de montañas (además, pintadas de blanco para que parecieran nevadas) en las que esas pobres víctimas inocentes intentaban levantar vuelo.

Solo voy a recordar aquí que, durante el primer trimestre de 2016, dos lobos marinos murieron con tres días de diferencia.

La Organización SinZoo denunció, por entonces, que uno falleció por estrés y agotamiento luego de realizar 15 shows en un día (espectáculo circense con animales que estaba prohibido por la Ley 1446), y el otro por excesiva ingesta, tras ser alimentado en demasía por la irresponsable actitud de los visitantes.

También causó controversia la muerte de las crías de jirafa y, cuando dos maras se fugaron, una de ellas murió atropellada por un colectivo. Suficientes ejemplos para coincidir en que no debería haber zoológicos en ninguna parte del mundo. Los animales no nacieron para vivir presos.

Se me podrá argumentar que los zoológicos tienen fines didácticos y de entretenimiento. Pero convengamos que no es explicación suficiente, ni sensata.


¿TAN INHUMANOS SOMOS?

Es verdad que nuestra capacidad para hacer cosas terribles hasta llevó, en ciertos países y en un pasado no tan lejano, a tener humanos enjaulados por el solo hecho de llamarlos atrasados e incivilizados. Sí. Con tales antecedentes, lo de enjaular leones, osos, monos o serpientes parece poco. ¡Hay que reflexionar sobre esto!

Podemos llegar a aceptar que haya algún que otro animal encerrado estrictamente para estudios científicos y, aún así, que se asegure que se encuentran en cuidadas condiciones. Hacer ciencia no es un bill de impunidad.

Mientras escribo esto recuerdo que la conquista del espacio comenzó con el asesinato de la perra llamada Laika.

Laika fue enviada, por la entonces Unión Soviética, al espacio exterior, convirtiéndose en el primer ser vivo terrestre en orbitar la Tierra. Lo hizo a bordo de la nave soviética Sputnik II, el 3 de noviembre de 1957, un mes después del satélite Sputnik I. También fue el primer animal que murió en órbita. El satélite no tenía previsto un sistema de retorno, por lo que se le habían puesto raciones de comida envenenadas para que, tras unos días en el espacio, el animal falleciera. No fue necesario: murió a causa del estrés y el sobrecalentamiento pocas horas después del despegue, convirtiendo al vehículo en el primer ataúd orbital.

El Sputnik II, con el cadáver de Laika, orbitó la Tierra 2.570 veces durante 163 días. La nave se desintegró al entrar en contacto con la atmósfera el 14 de abril de 1958.

¿Fue esto justificado? Desde el campo científico suele decirse que sí, que la breve estadía orbital brindó mucho conocimiento para los futuros vuelos tripulados. La pregunta que se mantiene es si no pudo hacerse de otro modo, sin necesidad de este cruel asesinato a plena consciencia.

Es cierto que hoy en día hay una decisión generalizada de cerrar todos los zoológicos que aún están en funcionamiento. También es verdad que devolver cada animal a su zona natural implica una tarea delicada, pues no están acostumbrados a alimentarse solos y deben adaptarse a otro lugar y forma de vida. Es más, como algunos nacieron en esa jaula, ¡ni siquiera conocen su hábitat natural! Pues bien, se hará de la manera que resulte más conveniente. Ya con no seguir incorporando nuevos ejemplares, estamos mejorando.

La afirmación que debemos obligarnos a tener en mente es esta: ¡terminemos con los zoológicos! Ningún animal merece ser tratado de ese modo. No hay justificativo real para hacerlo.