CLASICA
Cautivó al Colón, junto al pianista Vincenzo Scalera Gran rentrée de Juan Diego Flórez
Recital de Juan Diego Flórez, con obras de Mozart, Rossini, Donizetti, Soutullo y Vert, Pérez Soriano, Serrano, Lecuona, Lalo, Gounod, Godard y Verdi. Con: Vincenzo Scalera (piano). El martes 22, en el Ciclo de Grandes Interpretes del Teatro Colón.
De una calidad altamente demostrativa y contundente fue el recital de reaparición en nuestro medio del gran tenor peruano Juan Diego Flórez, nacido en Lima en l973, que luego de desarrollar una notable carrera vuelve a estar con nosotros, donde lo habíamos aplaudido ya en su debut aquí en la temporada de 2005, hace prácticamente dos decenios, cuando sus éxitos ya lo tenían encumbrado.
Por supuesto que el tiempo ha pasado (en aquel debut contaba treinta y dos años, y en este retorno, cincuenta y tres), pero demostrando la admirable perdurabilidad de su registro de tenor “lírico-leggero” por excelencia, al cual agrega sus propiedades interpretativas demostradas de entrada en la página mozartiana del inicio, ‘Misero o sogno’ K. 431.
Así fueron desarrollándose sus intervenciones en Rossini, por ejemplo, con ‘Pechés de vieillesse’, y con Donizetti con la muy aplaudida ‘Una furtiva lacrima’ de ‘L’elisir d’amore’, cerrando con el ‘Ed ancor la tremenda porta’ de ‘Roberto Devereux’ del músico bergamasco.
El acompañamiento del pianista Vincenzo Scalera, con quien tiene una empatía de absoluto congenio, también demostró esta vez sus condiciones y dominio del teclado en el fragmento de ‘Semiramide’ para piano solo, creando un mini-espacio de respiro para el cantante.
Más luego, ya en la segunda parte, el repertorio se tornó más ecléctico al comenzar con la ‘Bella enamorada’ de Soutullo y Vert, y siguiendo con Agustín Pérez Soriano, ya ingresado entonces en el repertorio zarzuelero y con José Serrano, repertorio que Flórez domina con manifiesta propiedad de su lenguaje propio y expresivo. En suma, un género que ya nos tiene también acostumbrado en sus interpretaciones.
OPERISTICA FRANCESA
Así como hubo algunos momentos de descanso para el piano en el extenso recital, como suele ocurrir en estos casos, descansó también el cantante. Y fue el momento de lucimiento del músico acompañante, en este caso con la ‘Mazurka glissando’ para piano, del compositor Ernesto Lecuona, hijo de un periodista español que vivió en Cuba. Significó este pasaje otro momento de considerable calidad del tecladista, bien reconocido por el aplauso del público que colmaba la sala.
De ahí en más Flórez reapareció para el momento ya conclusivo del repertorio propuesto, el que estuvo dedicado a la operística francesa, entonando con verdadero brillo las arias de ‘La roi d’Ys’ de Edouard Lalo, ‘Vainement, ma bien-aimée’, con dulzura y expresiva emoción; seguida luego por la conocida ‘Ah! leve toi soleil’, de Charles Gounod, en su magnífica ‘Romeo et Juliette’.
Así llegó el cierre de lo programado con Giuseppe Verdi a través de la evocación de su quinta ópera compuesta a lo largo de su carrera,’I due Foscari’, cantada por Flórez con el color, estilo y fraseo de su registro, lo que le valió una merecida ovación.
Pero como como siempre ocurre en los recitales de figuras atrapantes como el tenor limeño, allí no terminó todo. Era de esperar un complemento de encores con el público mostrando su entusiasmo.
En este caso, llamó la atención verlo regresar a escena con una guitarra. Entonces dio también su aporte a páginas locales como ‘El día que me quieras’, de Gardel y Le Pera, y otros temas, demostrando su versatilidad de adecuarse a lenguajes musicales propios de países latinoamericanos también, que en su carrera ha venido transitando.
En resumidas cuentas, Juan Diego Flórez volvió a conquistar con su exquisito recital. Desde el punto de vista musical, el artista nos convence siempre de ser una de las voces de registro más singular y personal de nuestra época, ligada a los grandes teatros líricos y sus repertorios. Últimamente, al famoso Festival Rossini de Pesaro. En suma: un recital para el recuerdo.
Calificación: Excelente
