Camuflaje de la grieta: contradicciones discursivas recientes en torno a Malvinas
Por Analía Arriaga
La tesis es la verdad indiscutible, geográfica e histórica que une al pueblo argentino: el enemigo real es Inglaterra. El Reino Unido es el imperio invasor que usurpa nuestro territorio, vulnera la integridad nacional y despliega una fortaleza militar en el Atlántico Sur. Este enemigo es concreto: se traduce en el avance del megaproyecto petrolero Sea Lion y en las licencias pesqueras ilegales, que financian la sustentabilidad de la ocupación colonial. A simple vista, no hay confusión posible: el invasor es el usurpador externo.
LA ANTITESIS: LA COLONIZACION DE LA GRIETA
La antítesis irrumpe de forma destructiva cuando la política doméstica toma la causa nacional. Cada vez que se aborda el tema de la soberanía, entra en juego la grieta político-partidaria entre argentinos. Sus actores desvirtúan quién es el verdadero enemigo y reflotan la figura del enemigo interno (el rival político local). Toda acción soberana deja de evaluarse por su impacto geopolítico real frente a Inglaterra y pasa a ser utilizada como munición para la guerra de facciones. El odio doméstico cotiza más alto que la defensa del territorio.
LA SINTESIS: EL INTENTO DE SUPERACION
La síntesis consiste en la recuperación de la soberanía intelectual del ciudadano común. Exige elevar la Causa Malvinas a una razón de estado irreversible, volviéndola inmune a la alternancia de gobiernos y a las especulaciones de las urnas. La sociedad civil debería castigar el uso partidario del símbolo, pues defender los recursos frente al invasor exige una coherencia por encima de cualquier camiseta de partido.
EL ESCANEO DE LAS PARADOJAS
La grieta partidaria logra camuflar al verdadero invasor y perjudica nuestros intereses nacionales. ¿Qué tan cierto es el slogan de que “Malvinas nos une”? La antítesis que nos debilita se alimenta de medias verdades, interpretaciones sesgadas y de indignación selectiva. Permítame el lector hacer un escaneo de nuestras paradojas más frecuentes:
EL SAQUEO SILENCIOSO DE LOS RECURSOS
El Gobierno actual anuncia un endurecimiento penal y legislativo contra las petroleras extranjeras involucradas en el megaproyecto Sea Lion. Sin embargo, la oposición tilda la medida de "puro humo electoral", mientras denuncia que se mantiene la vista gorda sobre la depredación pesquera en nuestras aguas.
Lo paradójico es la amnesia selectiva de quienes hoy dictan cátedra de soberanía desde la oposición: Durante el peronismo de los noventa, la cancillería promovió la política de "seducción" bajo el "paraguas de soberanía”. La Declaración Conjunta de 1995 permitió la cooperación comercial y terminó legitimando la presencia británica en el Mar Argentino.
En 2016, bajo la gestión del PRO, se firmó el pacto “Foradori- Duncan”, un entendimiento bilateral que flexibilizaba las restricciones a la navegación, la pesca y la exploración de recursos en el Atlántico Sur. Fue calificado en su momento por la propia oposición como una concesión excesiva hacia la administración británica.
Durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015 / 2019-2023), se sancionaron leyes que podían endurecer la presión sobre los depredadores de nuestros recursos. En 2007, se dio de baja a la Declaración Conjunta firmada en 1995. Además, se prohibió por ley a toda empresa pesquera operar en aguas continentales de la Argentina, si mantenía permisos ilegalmente expedidos por los kelpers. En 2013, anunció sanciones a las empresas petroleras o logísticas que operaran en la plataforma continental argentina sin autorización de Nación. Pese a la retórica antiimperialista, la confrontación legal y punitiva fue testimonial; en la práctica, se mantuvieron activos mecanismos que permitieron a la potencia ocupante consolidar su negocio pesquero.
El escaneo del archivo demuestra que, cuando el rival gobierna, cualquier medida firme se califica como argumento electoralista; cuando gobiernan los propios, las concesiones al invasor se disfrazan de pragmatismo diplomático.
LA UNION DE LOS OPUESTOS CONTRA EL RIVAL DE TURNO
Ante anuncios de endurecimiento soberano impulsados por el Ejecutivo, la reacción lógica de las fuerzas que dicen defender la causa nacional debería ser el respaldo. Más aún, cuando alegan que son réplicas de normativas ya vigentes, impulsadas por sus propias facciones. Sin embargo, los polos opuestos del arco político se unen de inmediato en un mismo coro discursivo: "puro humo", "patriotismo fingido" o "cipayismo disimulado". Se apresuran a descalificar la contundencia de la medida antes que admitir un acierto -o la continuidad de un acierto- en manos del rival de turno, cuyo pasado discursivo lo condena.
La paradoja queda al descubierto: en la disputa de patriotismo, el costo de concederle un punto al adversario político local se percibe como infinitamente mayor que el de mostrar un frente fisurado e impotente ante el verdadero invasor externo.
GEOPOLITICA DE CABOTAJE
Cuando Donald Trump amagó con revisar la postura de neutralidad histórica de Washington respecto a la soberanía de Malvinas, el oficialismo celebró las palabras como si fueran una victoria diplomática, producto de su sintonía ideológica. Lo que en realidad constituyó una presión táctica de la Casa Blanca hacia el gobierno británico
en el marco de sus propias disputas geopolíticas dentro de la OTAN, fue presentado localmente como un triunfo de la gestión.
La oposición no tardó en señalar la gravedad del espejismo: sugirió que el oficialismo podía incurrir en el síndrome del "Galtierito", es decir, cometer el mismo error de apreciación histórica que la Junta Militar en 1982: creer ingenuamente que un guiño retórico de Washington equivale a un respaldo estratégico de Estados Unidos frente a su principal aliado en la OTAN.
Para este sector, el Gobierno ignora -o abona- la verdadera ambición norteamericana en la región: la militarización del Atlántico Sur y el control de la proyección antártica. La paradoja queda al desnudo: el oficialismo festeja com o respaldo soberano lo que no es más que la disputa de dos potencias por el dominio de nuestros propios recursos; los de la vereda de enfrente, aprovechan la escena para mofarse del triste papel de quien se pretende aliado estratégico y termina expuesto como un simple espectador subordinado.
LA VECINDAD SELECTIVA
El mapa regional muestra con claridad cómo la causa Malvinas se utiliza según la conveniencia partidaria de momento.
En la Expo Prado de Montevideo, la Embajada Británica volvió a montar un stand oficial, usando el nombre de "Falklands". La Cancillería argentina puso el grito en el cielo por la presencia del stand isleño. Sin embargo, el Gobierno omitió hablar del problema de fondo: los puertos y aeropuertos uruguayos siguen siendo, como hace décadas, la principal base de apoyo logístico y reabastecimiento para los barcos y aviones que operan en las islas usurpadas.
Del lado de la izquierda, la indignación padece la misma miopía: denuncia con vehemencia la complicidad de los países vecinos solo cuando en ellos gobierna la derecha, pero silencia los mismos lazos comerciales y logísticos, si el mandatario de turno pertenece a su propia línea ideológica.
Algo similar ocurre con Chile. En el plano discursivo, el presidente chileno respalda los derechos argentinos en el Atlántico Sur. Sin embargo, en la práctica concreta, Chile mantiene activos los vuelos desde Punta Arenas, que le garantizan a los ingleses su conexión con el continente, además de la cooperación técnica y de seguridad marítima.
En el medio de este juego, el ecosistema mediático y las redes sociales inyectan en la sociedad un enojo simplista contra los pueblos vecinos. Se termina tapando lo esencial: para la dirigencia local, la defensa de la soberanía no responde a una estrategia nacional permanente, sino a la etiqueta ideológica con la que viste el presidente vecino.
LAS ARMAS DE LA DISCORDIA
La compra de los aviones F-16 dejó al desnudo una nueva paradoja en el discurso político local. Durante años, se denunció el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas y la indefensión del país; sin embargo, ante la mayor adquisición militar en décadas, se pasó a calificar los aviones como chatarra vieja o insuficiente para la disuasión.
Este pacifismo de ocasión sostiene que la soberanía en el Atlántico Sur se defiende solo con comunicados diplomáticos, tildando cualquier reequipamiento como un acto de provocación.
Del otro lado, el oficialismo cayó en su propia trampa: celebró la compra como un logro histórico para la foto oficial, mientras desde el interior de las fuerzas reclaman el congelamiento del presupuesto, sobre todo para sus hombres.
La encerrona de la grieta queda expuesta: si no se invierte en defensa, se acusa desmantelamiento; si se compra equipamiento, se acusa belicismo.
LA SABIDURIA DEL ARRABAL
La poesía del tango ya ha verbalizado la miseria de la simulación. En su célebre tango “Camouflage”, advertía: “Hoy en día todo es grupo, disfrazado de verdad, y una sarta de mentiras ha invadido la ciudad.”
El estribillo pinta el escepticismo actual del ciudadano de a pie frente a la posverdad de la grieta: “Camouflage, apariencias engañosas que no dejan ver las cosas como son en realidad. Martingalas, de tahúres de la vida que escabullen la partida con genial habilidad. Camouflage, emboscada traicionera en donde cae cualquiera con fatal ingenuidad. Artimañas que al nacer ya nacen muertas, porque quedan descubiertas con la luz de la verdad.”
Al hacernos desconfiar de nuestras propias leyes y de la veracidad de los datos, los tahúres de la política doméstica terminan siendo los mejores camuflados al servicio del despojo colonial.
EL PROBLEMA SIEMPRE ES LA GRIETA
Para salir de esta emboscada traicionera, es preciso barajar de nuevo y encaminar la tríada dialéctica hacia un verdadero desenlace. El escaneo de las paradojas actuales nos obliga a resolver la contradicción de fondo: ¿Malvinas nos une?.
La Tesis se mantiene inalterable: el enemigo real es el imperio británico. Es la afirmación del derecho y la historia frente al invasor. Sin embargo, las antinomias locales nos arrojaron a la Antítesis: la privatización de la causa por parte de una grieta partidaria, que transforma al compatriota en el “enemigo interno”. Mientras tanto, en el corso de la política doméstica, los chorros se dan cita en el campo del honor y camuflan el avance del verdadero usurpador.
La síntesis superadora debe ser un acto de rebelión intelectual del ciudadano común: rescatar a Malvinas de la polarización para elevarla a la categoría de irrenunciable razón de estado. Así, se volverá inmune a las artimañas del circo electoral.
Solo cuando logremos apagar el ruido de la grieta, seremos capaces de plantarnos con una sola bandera frente al verdadero enemigo.
