Cambalache siglo XXI o 4.0.
Señor director:
Si el siglo XX fue “problemático y febril”, el presente siglo es “enfermizo y pueril”. El bajo nivel de gran parte de los dirigentes y que no respetan las instituciones es más que alarmante.
Con algunos jueces camaleónicos, que cambian de color al vaivén de los vientos políticos y que se prestan más de una vez a un juego siniestro con la prensa, los servicios de inteligencia, los políticos, sus operadores y todos sus protagonistas o, como jugando al truco, ojean los personajes de las partes de un proceso judicial antes de tomar una decisión.
Con algunos legisladores que no parlamentan sobre el objeto del debate para sancionar una ley, sino le hablan a sus propias tribunas partidocráticas o, para peor, hacen una parodia circense, lo que evidencia que muchos no leyeron ni una hoja A4 de los motivos del proyecto de ley y, para colmo, adelantan el sentido de sus votos a los cuatro vientos por televisión antes de hacerlo en el recinto, donde realizan una pantomima impresentable y todo diálogo pierde todo sentido dado que nadie convence a nadie.
Con algunos funcionarios del Poder Ejecutivo que les da escozor mencionar, en el año 2026, las ideas de “plan” o “programación”, como si se trataran de por sí de algo dañino y fueran malas palabras. Al no explicitarse públicamente, desconocemos si en el seno del Gobierno existe un plan estratégico y si lo que estamos viviendo son pazos de corto, mediano y largo alcance en ese sentido. Urge saber el direccionamiento de la flecha y, al menos un esbozo, del destino final. Ello es imprescindible a esta altura de los hechos, las palabras, las ideas, las cosas y los derechos para estimular la esperanza del pueblo argentino, para saber de qué se trata y cómo sería ese lugar al cual nos quieren conducir y no caer en un supuesto “Estado alegórico”, que podría llegar a convertirse en un nuevo “pecado” del liberalismo vigesimónico, si es que no está anclada su existencia en la realidad moderna para procurar el bien común.
Este cambalache 4.0 no es ajeno a algunos dirigentes sindicales que se creen economistas o especialistas en estas ciencias o en seguridad ciudadana, sociología, estadísticas, empresarios y otras yerbas; donde algunos dirigentes del fútbol que tienen un comportamiento corporativo cuasi mafioso y paran el deporte como si fuera un derecho a huelga; y donde algunos periodistas son nuestros referentes ético-morales y en los más variados sentidos y hacemos más caso a ellos que a lo que nos dicen con palabras y gestos nuestros propios dirigentes.
Una cosa es hacer un editorial periodístico por televisión y otra, muy distinta, reemplazar el discurso oficial o de la oposición. Y todo buen periodista, sabe a lo que nos referimos.
Absolutamente a todos los aludidos en el párrafo anterior les decimos: “al que le quepa el sayo que se lo ponga” o que se lo ponga la sociedad. Si en el XX daba lo mismo “un burro que un gran profesor!”, en el XXI, da lo mismo un “inculto incompetente ” que un “gran maestro” que hace de su arte, oficio o profesión un ejemplo de vida honesta, ética y moral. No todo está perdido en estas pampas, si se alza el argentino sol (…) Y sueña. Y ama, y vibra; (A Roosevelt de Rubén Darío), pero para ello primero todos debemos hacer carne el viejo dicho: “cada zapatero a sus zapatos”.
Javier R. Casaubon
jrcasu@hotmail.com