Calma chicha


Iba a ocurrir, se sabía. Una vez superado el escollo de las elecciones legislativas nacionales amainarían los vientos que azotaban a la economía, principalmente al sector financiero y a las variables cambiarias. Entonces entraríamos en días de sosiego.

De allí que esta semana la Argentina, al menos en su faz económica, haya vivido jornadas de calma chicha. Más allá del feriado largo, que hace las veces de lastre –como si a todos les costara un poco volver a arrancar la máquina-, lo cierto es que la agenda ofreció poca tela para cortar. Algún indicador macro, rumores varios y la idea cierta de que el Gobierno apretará el acelerador a partir del 10 de diciembre, cuando asuman sus diputados y senadores y gane así mayor fuerza en el Congreso Nacional.

En los umbrales de diciembre empieza a ganarle al país cierta sensación de viernes. El año ya está jugado. Cae el telón de un 2025 marcado a fuego por la victoria electoral del oficialismo –pese a la zozobra inicial en la provincia de Buenos Aires-, que vino a tranquilizar a los mercados y los inversores; y por el rescate del Tesoro de los Estados Unidos, sin cuya ayuda tal vez ahora estaríamos escribiendo otras líneas.

Pero lo cierto es que ambas cosas ocurrieron y el Gobierno supo capitalizarlas para construir más poder y consolidar el que ya tenía. Esos fueron los puntos salientes en una economía que tuvo como escenario base la acentuación del proceso de desinflación, hijo directo del recorte del gasto público y el superávit fiscal que la administración libertaria supo conseguir en tiempo récord, cayera quien cayese.

Aun es difícil de comprobar si la gente que votó a Javier Milei y su estructura política está realmente convencida de sus argumentos liberales, tanto en el campo político como en el económico, o si le pusieron la ficha –como quien se lanza tras un pleno desesperado en el casino- porque, reversionando la frase, en esta ocasión era mejor lo bueno por conocer que lo malo conocido.

Las consultoras, con sus indicadores de alta frecuencia, le toman el pulso a la sociedad. Cada resultado debe ser leído con prudencia, fruto directo de muestras que reflejan el humor de acuerdo a la situación social, geográfica y económica del encuestado. No hay, ya se sabe, una verdad absoluta.

Así las cosas, en la semana la Universidad Di Tella dio a conocer una nueva edición del Indice de Confianza en el Gobierno, que en noviembre –medición de la primera quincena- fue de 2,47 puntos, nivel que representa un aumento del 17,5% respecto del mes anterior. El actual nivel de confianza es 16,8% menor que el de noviembre de 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, y 69,8% mayor que el de noviembre de 2021, durante la gestión de Alberto Fernández.

Las urnas dejaron en claro que buena parte de la sociedad respalda este caminito que Milei ha comenzado a desbrozar a fuerza de motosierra. Ignoran, tal vez, lo que espera al final del sendero pero han decidido lanzarse a la aventura del cambio, hastiados de gobiernos que le dieron con una mano pero le terminaron quitando con la otra.

El calendario tiene una fecha marcada en rojo: el 10 de diciembre. Ese día, cuando las espadas libertarias asuman sus bancas, comenzará a equilibrarse el poder en los dos recintos del Congreso de la Nación. Entonces el Gobierno avanzará con las reformas estructurales en la economía, un viejo sueño liberal nunca concretado.

Las sesiones extraordinarias a las que convocará el presidente de la Nación a tal fin prometen ser fatigosas. El ardoroso sol del verano encontrará a los diputados y senadores en plena batalla discursiva. Pero esta vez algo parece haber cambiado: parte de la población no vería con tan malos ojos ensayar modificaciones profundas.

Algunos sondeos de opinión dan muestra de ello. El Monitor de Opinión Pública (MOP) elaborado por Zentrix Consultora durante el mes de noviembre muestra que el 67,5% respalda convertir la cuota sindical en voluntaria, consolidando una mayoría social que rechaza la obligatoriedad vigente y expresa desconfianza hacia el modelo gremial actual. El documento agrega: “El relevamiento también registra un apoyo extendido a modificar la normativa laboral, con una opinión pública que se inclina por cambios estructurales en línea con las iniciativas impulsadas por el Poder Ejecutivo Nacional”.

Según el informe, “respecto a la posibilidad de que se realicen reformas laborales, más de la mitad de los encuestados (55%) se manifiesta a favor de actualizar o reemplazar la normativa vigente, un resultado que se sostiene aun entre quienes expresan dudas o posiciones intermedias. Esta inclinación refleja un diagnóstico social extendido: la estructura laboral actual es percibida como rígida, desactualizada y poco compatible con las dinámicas económicas contemporáneas”.

¿CRECIMIENTO?

Cualquier navegante de embarcación a vela sabe que la calma chicha se asocia también con la desesperante falta de vientos. La nave, entonces, queda estancada, a merced de alguna que otra correntada. No avanza, no retrocede. Sólo cabe esperar.

El último dato del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), elaborado por el Indec, se tradujo en títulos periodísticos que trajeron alivio: “La economía evitó la recesión”. Con una mejora del 0,5% en septiembre con respecto al mes anterior, cortó una racha negativa que generaba preocupación. Además, en la comparación interanual se registró un crecimiento del 5%.

Esta foto de la economía preelectoral podría tener poco valor en la actualidad ya que los escenarios, al menos en la Argentina, cambian y se modifican con una inusitada vorágine. Sin embargo, una segunda lectura de los números y las tendencias permiten confirmar el rumbo de una nación que navega escorado hacia el sector financiero y que, además, desdeña la producción industrial.

¿Qué muestra el Indec? Que la actividad de Intermediación financiera (39,7% interanual) fue la de mayor incidencia positiva en la variación del EMAE, seguida de Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (5,0% ia). ¿Cuál fue el sector que permaneció en rojo? Industria manufacturera, con una merma del 1% año contra año.

Pese al sesgo financiero del programa económico –si lo hubiera-, los bancos no pudieron evitar la zozobra del período electoral y en la presentación de sus balances mostraron esta semana pérdidas cuantiosas. Por ejemplo, Grupo Financiero Galicia informó un rojo trimestral de 87.710 millones de pesos, afectado por mayores exigencias regulatorias, un aumento en el costo del fondeo y los gastos asociados a la integración del HSBC. Igualmente en los primeros 9 meses del año registra ganancias por $ 259.223 millones.

Otro punto que socavó la ganancia de los bancos –a lo largo de la semana se presentaron nuevas hojas de balance- fue el incremento de la morosidad, que se triplicó en un año producto del desajuste entre las tasas y los ingresos de la población. Se trata del mayor nivel de incumplimiento en los últimos 15 años.

CARA Y CRUZ

La Argentina, sin embargo, no deja de ser una criatura difícil de auscultar y mucho más ardua aún de diagnosticar. Conviven en ella las personas que no llegan a fin de mes junto a los que colman las playas en un fin de semana largo; los que alimentan el consumo de bienes –escaló 1,9% interanual en octubre, según la Cámara de Comercio- y los que enfrentan juicios por expensas impagas, litigios que aumentaron un 58,2% interanual en el primer semestre, a partir de datos del Poder Judicial de la Nación.

La nueva matriz económica que ha comenzado a parir la gestión oficial tiene como eje la eficiencia y el pragmatismo. Nadie debe pagar por un bien más de lo que vale, bajo ningún concepto. Y si esto significa importarlo, con el impacto negativo sobre el sector productivo local y el empleo, el daño será secundario pues, a ojos de los teóricos libertarios, será más grande el beneficio.

Esa política tiene su cara y su cruz. Poco a poco comienzan a llegar al mercado productos importados, en una dinámica símil década del ‘90, y fluyen las compras puerta a puerta desde el exterior, principalmente desde China. Tanto que hasta Mercado Libre dejó de hacerle honor a su nombre para pedirle al gobierno que intervenga.

El discurso de lo lindo que es comprar barato se traduce en pan para hoy y hambre para mañana. Un ejemplo claro es lo que ocurrió con la empresa Whirpool, que cerró su planta ubicada en Pilar y despidió a 220 trabajadores.

La explicación es una sola: resulta imposible competir contra las marcas chinas. Según explicó uno de los obreros, un lavarropas Whirpool con capacidad para siete kilos se comercializaba entre $ 800.000 y $1 millón, mientras que “una marca china puede conseguirse a mitad de precio”. Como bien saben los viejos economistas, abrir la economía sin antes modificar la presión fiscal, facilitar el acceso al crédito y eliminar la industria del juicio laboral, empujará al quebranto a más de una firma nacional.

La economía brinda aisladas señales de recuperación, crecimiento concentrado en rubros específicos. El resto, todavía, está al garete en esta calma chicha.