Briski a los 88: “No daba un mango por mí”
El dramaturgo, actor y director será objeto de un festival homenaje con la representación de varias de sus obras. Cada vez más renuente a dar entrevista, aceptó un mano a mano con ‘La Prensa’ en el que habló del teatro como experiencia grupal, de su eterna rebeldía y su olfato para descubrir talentos.
“Hoy estaba pensando que el chofer del 102 no me cobra cuando subo al colectivo. Y eso empieza a mostrar que tengo un continente solidario. Me alimenta, me inspira”, dice Norman Briski. A los 88 años, el actor, director y dramaturgo está sentado en la recepción de Calibán, el espacio teatral que fundó en 1986 y convirtió en una usina de producciones colectivas. Empezó su recorrido en los tiempos del mítico Di Tella, atravesó el exilio, participó en innumerables producciones de cine, teatro y televisión, y formó a generaciones de actores. Está acá, lúcido, ocurrente, dispuesto a conversar. Lo van a homenajear, pero, claro, no es de eso de lo que más habla.
EL FESTIVAL
Del 2 al 13 de noviembre se realizará el festival ‘Briski en escena´, que incluirá creaciones del artista como ‘Sexágono’, ‘Hydra’, ‘Piedra libre’ y ‘La propiedad es la maldición de la hermandad’. El actor y productor Eduardo Misch se encuentra detrás de la movida. “Para mí, que Eduardo esté en estos menesteres también es un regalo. Yo no haría ningún tipo de homenaje a lo que tengo por obvio. Me parece que no es inherente a mi manera de ser empezar a aparecer demasiado. Así que estoy agradecido a todos los grupos que van a intervenir, a los lugares que dan sus espacios y a la gente que puede concurrir. No hay otro interés que lo que estamos jugando. Y agradezco que vos estés acá, que hagas una nota para difundirlo”.
-Por favor.
-Tampoco nunca me preocupé demasiado por eso. El periodismo está en otros lados.
Aunque participó en todo tipo de propuestas, incluso comerciales, y en clásicos eternos como la película ‘La fiaca’ (1969), Briski ocupó muchas veces un lugar ligado a los márgenes de la escena cultural. El festival ‘Briski en escena’ ocurrirá en distintas sedes de la ciudad de Buenos Aires, entre ellas la Universidad de las Madres, el Club El Campito del Barrio 31 Mugica y el Centro Cultural Paco Urondo de la UBA. “A mí me gusta ir a los lugares que me quieran -señala Briski, que observa, piensa, se muestra con gestos-. Es todo más fácil ahí. Y esos lugares son queridos por mí y viceversa. Como tiene que ser el amor: un viceversa”.
-Esto tiene que ver con el teatro que usted hace, un teatro de trinchera, que interviene, se mete y cuestiona. ¿Cómo ve ese teatro operando hoy?
-No sé. La verdad que no sé. Vos ya lo definiste como trinchera y yo no sé si lo definiría así. Cada una de las cosas que escribo tiene, en general, otros paisajes. Me identifico con la mayoría de los que no tuvieron una intervención directa en la realidad, sino que, de alguna manera, fueron refugios, apoyos, ayudas. Es un rol que nunca se reconoce, pero que necesita cualquier luchador. Yo no existiría sin este teatro, sin los otros compañeros, sin amigos, sin grupos a los que les guste este juego.
-Para semejante homenaje algo habrá sembrado, Norman, seguramente.
(Sonríe) -Aunque no me ocupé de sembrar. Mi viejo decía: “Qué pena que la tierra no esté a la altura de la mano, porque sería más fácil cosecharla”.
-Vivimos en un contexto muy hostil para este tipo de propuestas colectivas. ¿Cómo hacemos para enfrentarlo? ¿Reuniéndose, agrupándose?
-La gente está agrupada; lo que pasa es que no ve nada que la entusiasme. Es como si viniera al teatro y saliera sin entusiasmo para contar lo que vio. Me parece que no hay una alternativa que entusiasme. Y claramente no está por el voto, sino por una idea de que esta sociedad repare lo que significa una penetración enorme de intereses culturales, de falta de afectos y de amor. Lo que está sucediendo es que cierta gente, o esa misma gente durante un tiempo, se enamora de estos aparatos (señala al celular). O del consumo, que permite conseguir las cosas más rápidamente que otras que requieren lucha y esfuerzo. En un país que amarga…No es que la gente no se agrupe. La está pensando, diría yo.

EN POS DEL GRUPO
-Por Calibán pasó mucha gente que habla muy bien de usted.
-No te creas. Hay algunos que no aguantan tanta democracia, que buscan otro tipo de cosas. Acá nunca fue por problemas artísticos. La manera rigurosa de este lugar tiene que ver con que algunos no cumplen con sus propios grupos. Mi energía, en ese sentido, aparece cuando un integrante de un grupo no respeta a su propio grupo. Me parece una insolencia que nadie merece, como me pasa a mí cuando trabajo.
-No se trata de que uno esté en una empresa y tenga que cumplir con ella, sino de cumplir con los requisitos de estar agrupado.
-El teatro es en grupo. Tengo una frase que algunos repiten: “Si Dios existe, es un grupo”. Porque todo lo que se pueda producir o realizar, aunque vos estés solo en una escena, necesita que haya alguien afuera, en la puerta. Me parece que somos esencialmente grupales. Es como si un tipo estuviera solo en una isla, hablando con una palmera o esperando que se caiga un coco para hablar con algo redondo. Hemos nacido para la otredad, para estar con otros, y el teatro es una exigencia.
-Es un arte muy difícil, muy demandante.
-Yo siempre digo que hay algo de la experiencia que permite saber si alguien es del palo o no. ¿Qué quiere decir eso? Que el tipo de teatro sabe que, si no hay nadie que le prenda el agua, tiene que prenderla él. Si no encuentra el farol, va a tener que ir a buscarlo. Si no tira el papel en el baño, está jodiendo a alguien. Estar en el palo tiene que ver con haber nacido para contar cosas grupalmente, con peleas, con paciencia y con todo lo que se necesita para relacionarse con lo creativo.
-¿Y qué lugar tiene el talento ahí?
-El talento hay que junarlo. Mi experiencia me dice que alguien puede parecer un tronco y, dos años después, ser un capo. Algo cazó. Cuando empecé a ser maestro de teatro me hacía el diagnosticador. Ahora no me agarrás haciendo eso. No le bajás la caña tan rápido a alguien, pero tampoco lo elevás enseguida. Vamos a ver. Tengo ejemplos. A veces entra alguien y uno se pregunta: “¿De dónde salió?” Pero con el tiempo algunos renacen o pierden una timidez congénita.
CON PACIENCIA
-Le escuché decir algo parecido hace poco a Pompeyo Audivert. A veces sorprende cómo alguien que al principio no parecía tener grandes condiciones termina desarrollándose.
-Exactamente. Yo tampoco daba un mango por mí mismo. Al principio me echaron de cada clase de teatro.
-¿Cómo se sentía cuando pasaba eso?
-No lo registraba demasiado. Yo iba siempre. Tuve maestros que me tuvieron paciencia. Yo era muy rebelde.
-¿Y usted con sus alumnos? ¿Es de echarlos?
-Ya te dije cuándo rajo. Nunca he echado a ninguno que no fuera por algún motivo grupal: porque no van a los ensayos, llegan siempre tarde o no tienen interés.
-¿Y esto tiene algo de disciplina? Algo de ponerse a trabajar.
-Pero sin llamarlo disciplina. No es disciplina: son ganas. Si tenés ganas vas a saber que tenés que ensayar más. Entonces, consecuentemente, parece una disciplina.
Briski posa para las fotos en las dos salas de Calibán y en la puerta. Se lo ve vital, inquieto. No busca homenajes, pero tampoco los rechaza. Y al final vuelve a aparecer aquel colectivero del 102. En ese gesto sencillo encuentra algo que va mucho más allá de un viaje gratis: la reconfortante sensación de sentirse parte, en grupo.
El arte como factor de transformación
Eduardo Misch, gestor de ‘Briski en escena’, anticipa el festival.
‘Briski en escena’ es un homenaje que incluye ocho producciones teatrales, intervenciones callejeras y actividades abiertas al público. Todas las actividades tendrán entrada libre y contribución solidaria.
Como parte del tributo, el viernes 13 de noviembre a las 19 se presentará ‘Culmine’, un libro que reúne obras inéditas de Briski, con prólogo del crítico de arte Gabriel Isod y epílogo de Carlos Aznárez.
Eduardo Misch, gestor del encuentro, destacó la importancia cultural del festival y recordó que la idea surgió hace años: “Tengo anotaciones de 2017, así que para mí es un deseo que tenía que hacer realidad”. Y agregó que el homenaje es una forma de agradecerle a Briski, a través de un hecho estético y político, su compromiso con el arte como herramienta de transformación colectiva.
Sobre las obras seleccionadas, explicó que todas están o estuvieron bajo la dirección de Briski y que la propuesta busca sacarlas del ámbito de Calibán para llevarlas a espacios alternativos y populares.
Misch también destacó asimismo la concepción del teatro de Briski, que “no podía ser una burbuja” y debía salir a la calle, llegar a los barrios y acercarse a quienes nunca habían pisado una sala. “Norman fundó el teatro de la gente porque creyó que la cultura no es privilegio sino que es un derecho”, afirmó. Para el organizador, el festival es una forma de reconocimiento público a una trayectoria dedicada al arte y al compromiso con los otros.
Toda la programación en https://elbarrosesubleva2.wixsite.com/el-barro-se-subleva/briski-en-escena.
