Blade Runner y Homero
He vuelto a ver Blade Runner (1982) –la versión de Ridley Scott, no la olvidable secuela, Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve–. Con música de Vangelis, la versión original, es una película que, vista hoy, resulta absolutamente contemporánea, en vestuario, efectos y estética.
La escena que me interesaba –cuando la recordé la relacioné con un pasaje de La Ilíada– dura poco menos de 4 minutos. Rick Deckard introduce en Esper, el lector de imágenes de su computadora, una foto que encontró en el apartamento del replicante León. A continuación, obedeciendo órdenes verbales de Rick, Esper va mostrando modificaciones de la instantánea, la escena de la película es una secuencia de cinco planos.
En el primero, la foto aparece en la pantalla de Esper, plana y granulada, aparentemente banal, luego siguiendo indicaciones de Rick, la computadora obedece: enhance (mejorar definición), pan right o pan left (desplazar la imagen hacia la derecha o izquierda), stop (detener), enhance zoom in (acercar). Con cada mandato, la pantalla revela zonas que, lógicamente, no deberían verse desde el ángulo de la toma original; así hasta llegar a la pista buscada y la última orden, Give me a hard copy (imprimir o generar copia física).
En la imagen ampliada y manipulada, ahora desde un rastreo en 3D, Rick Deckard descubre a la replicante Zhora en una bañera, ve un tatuaje de serpiente en su cuello, ofidio del que se desprendió una escama, hallada en la bañera de cuando revisó el departamento de León. Rick busca al fabricante de la serpiente boa artificial con la que Zhora realiza un show erótico y logra dar con la replicante.
Estos cuatro minutos muestran como Esper no inventa: extrae y reelabora lo que virtualmente está en la superficie plana de la foto; la transforma en navegable y tridimensional, como un espacio físico. Rick Deckard actúa como detective clásico y, a la vez, operador de informática. En 1982 la película anticipó debates actuales sobre Inteligencia Artificial. Es una escena clave; propone algo radical: ver no es sólo mirar, sino saber qué instrucciones dar al observador. De resultas, esa foto (como cualquier otra)es un texto a ser interpretado; y Esper, herramienta o instrumento de lectura.
EL ESCUDO DE AQUILES
En La Ilíada, 27 siglos antes que Blade Runner, en el canto XVIII (versos 477 a 610), con la descripción del escudo de Aquiles Homero creó la primera Inteligencia Artificial. En ese pasaje describe el escudo y lo que en él aparecía representado en relieve; figuran estrellas, emboscadas, ciudades, asambleas, juicios, personas que desempeñan distintas profesiones, campos de cereales en los que ocurren escenas costumbristas e historias que difícilmente podrían estar plasmados en el escudo: ganado mugiendo, un niño que canta con delicadeza; y una representación del cosmos entonces conocido. Para el lector de La Ilíada, inmerso en un relato de venganzas y ardores guerreros, la descripción –sea un anacronismo, “cinematográfica”– del escudo forjado por un dios como obra de arte, le otorga un respiro.
Este fragmento y mensaje, recibido y asimilado en la tradición posterior, amplió el horizonte de un género literario: la descripción de obras artísticas, que las retóricas y los tratados asimilaron con el término griego écfrasis –versión en narrativa y poesía de una obra artística: cuadro o escultura–, suerte de traducción entre códigos. Odas a urnas griegas o relatos sobre una escultura de Apolo son creaciones literarias nacidas de piezas artísticas; muchas son parte de la historia de la literatura.
El camino inducido por la Ilíada, de la palabra que engendró la imagen; fue una suerte de écfrasis inversa. Y hoy, en versión simple y automática, la tenemos a nuestra disposición con herramientas de Inteligencia Artificial. Podemos pedir a una aplicación que genere imágenes donde, por ejemplo –sea el caso de un amoral contemporáneo–, Andrés, ex príncipe Andrés y ex Duque de York, donde esté, en la isla del caribe de Jeffrey Epstein, en una escena de sexo explícito con la Olimpia de Manet.
El poeta latino Horacio (siglo I a.C.) en su Epístola a los Pisones (también conocida como Arte poética), en los versos 360 a 365, define el fundamente de la écfrasis: “la poesía es como la pintura” (ut pictura poesis).
Si antes, en la écfrasis la creación visual era previa a su representación con palabras, el procedimiento automático actual se levanta a la manera homérica: primero se crea con palabras y luego se lleva a la imagen –la función de Esper, cumpliendo órdenes de Rick Deckard–; las consecuencias están a la vista en un mundo dominado por fake news, estos usos veloces nos hacen presa fácil de estafas y malversaciones éticas; en la creación malintencionada de un operador informático, podemos ser víctimas de la manipulación de nuestras palabras y actos.
Sometidos a la invención de máquinas, debemos reprimir nuestra espontaneidad e inventiva, muchas veces aletargada por la incapacidad para concentrarnos, deslumbrados por el brillo de pantallas y las redes sociales. Han crecido la escolarización, la educación, la lectura y el número de países que declaran ser democracias. Pero ha menguado nuestra disposición para interpretar, diluida entre consignas y mensajes simples, maniqueos y fáciles de entender. Ya no estamos en la época de Homero, pero nuestro cosmos, siendo mayor, parece no haber engrandecido nuestras posibilidades. Se ha rebajado nuestra capacidad de abstracción, de figuración, de reflexión profunda sobre las emociones, los problemas o las debilidades que no son fáciles de describir. ¿Se le ocurriría a una máquina, per se, representar todo un microcosmos en un escudo, como hizo Homero? ¿Cómo se representan la turbación, el hastío o la renuncia y la decepción? Hoy cualquier persona medianamente capacitada puede pedirle a una aplicación que genere imágenes comprometidas de alguien que sea nuestro rival; suma de falta de escrúpulos que posibilita el chantaje o descrédito. Muchos sucesos de los últimos años pueden dar fotos o información que sea inventada, no real.
Vuelvo a Epístola a los Pisones en el verso 359, aclara: “me impaciento cuando se adormila –mejor, “despista”– el bueno de Homero (indignor quandoque bonus dormitat Homerus). Locución latina que hoy se ha revalorizado y puesto en contexto para prevenir a personas famosas o políticamente expuestas para evitar declaraciones o gestos que los puedan comprometer. El Gran Hermano de Orwell, ahora Inteligencia Artificial, nos vigila e investiga.
Rick Deckard y Esper sabían de esto.
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