CLASICA
Bifronte edición de ‘Los cuentos de Hoffmann’
La ópera de Offenbach, de regreso en el Teatro Colón.
‘Los cuentos de Hoffmann’, ópera en tres actos, prólogo y epílogo, con texto de Jules Barbier y música de Jacques Offenbach. Coreografía: Irene Martens. Iluminación: Eli Sirlin. Escenografía, vestuario y régie: Eugenio Zanetti. Con: Jean-François Borras, Annalisa Stroppa, Dmitry Ulyanov, Mar Morán, Jaquelina Livieri y Marina Costa-Jackson. Coro (dir.: Miguel Martínez) y Orquesta Estables del Teatro Colón (dir.: Carlo Montanaro). El viernes 9 en el Teatro Colón.
Separemos la paja del trigo. El viernes, en penúltima función de gran abono de la temporada lírica oficial (sólo siete eventos, esto es: muy pocos), el Colón reeditó la producción de 2019 de ‘Los cuentos de Hoffmann’. Por cierto irregular, la versión, remedando a Jano, ofreció dos caras, netamente diferenciadas. Por un lado, la puesta fue de una abrumadora pesadez, mientras que en el cuadro de solistas vocales hubo algunas figuras de real interés.
COMO EN HOLLYWOOD
En sus costados escénicos, todo o casi todo corrió por cuenta del figurinista, pintor, director de cine y de arte, ganador de un Premio Oscar, ilustrador, escenógrafo, decorador y dramaturgo argentino Eugenio Zanetti (fallecido durante los ensayos). Costosa, superplagada de figurantes, su creación se exhibió fundamentalmente recargada al máximo posible de objetos, volúmenes, proyecciones, pájaros, edificios, luna, humo, autos, góndolas, faroles, catedrales, libreas, la torre Eiffel, dirigibles, todo siguiendo los vaivenes interminables del disco giratorio. Ello, en ocasiones, con muy ambigua coherencia y dudoso gusto, rozando la cursilería (en realidad, al mejor y más aparatoso estilo hollywoodense). El acto en la casa de Crespel, en Munich, sin ir más lejos, parecía tomado del castillo del conde Drácula, con paseantes y/o barqueros de fondo (¿iban a la laguna Estigia?), una suerte de confesionarios en escalera, movimientos poco ordenados y una gran deidad oriental en el medio.
En el podio y en su debut en nuestro medio estuvo el maestro toscano Carlo Montanaro, quien a partir de ciertos desajustes y un deslucido y macizo enfoque pre-verista, brindó una traducción basta de la magnífica, fascinante partitura de Offenbach, despojada desde ya de charme y del arquetípico refinamiento francés que la caracteriza.

LAS VOCES
Preparado por Miguel Fabián Martínez, el Coro Estable, un modelo orgánico de alto rango, volvió a lucir impecable belleza y agraciadas amalgamas, pese a las versátiles posturas a que lo condujo el regisseur, mientras que en el tinglado, Santiago Martínez asumió sus cuatro papeles (Andrés, Cochenille, Franz, Pitichinaccio) con adecuado carácter y esbelto registro. El bajo barítono ruso Dmitry Ulianov se mostró en cambio inconvincente debido al retrasado emplazamiento de su centro de impostación y su debilidad tímbrica en algunos sectores, al tiempo que en los papeles femeninos, la reconocida mezzo bresciana Annalisa Stroppa (45, Nicklausse, Musa), a partir de un comienzo un tanto tenso, fue creciendo hasta alcanzar un canto sólido y aterciopelado (‘Des cendres de ton coeur’). La extremeña Mar Morán (34. Olympia), caracterizada de manera payasesca, desplegó el lenguaje de su muñeca con atildado esmero; Jaquelina Livieri (Antonia), con color algo más oscuro del que se le conocía, salió airosa de su difícil compromiso; al igual que la vistosa ítalo-estadounidense Marina Costa-Jackson (39, Giulietta), quien acreditó metal sólido y homogéneo.
Reapareció con firmeza María Luján Mirabelli (madre de Antonia). Alejandro Spies (Crespel) y Emiliano Bulacios (Schlemil) se desempeñaron con corrección, y en lo que hace al protagonista, el tenor de Grenoble Jean-François Borras (lo conocimos en ‘Werther’ el año pasado), desde ya el artista más relevante de la velada, cabe apuntar que sin poseer un canto más heroico o lírico-spinto, fraseó con calidad y refinada línea estilística y se manejó con soltura en las diversos zonas de su registro (‘Cést une chanson d’amour’, ‘Amis, l´amour tendre et rêveur erreur’).
Calificación: Regular
