Aventura y fantasía en un mundo de excluidos

 

Morsa

Por Sebastián Grimberg

Diotima. 242 páginas

 

Morsa es un personaje que parece salido de las páginas de una historieta. Vive junto al hombre que lo encontró siendo niño y lo protegió del mundo. Está recluido en el sótano de un negocio de antigüedades y cómics, rodeado de objetos y lecturas que funcionan como refugio ante el entorno del que permanece apartado. La desaparición de Maru, la mujer trans de la que está enamorado, lo empuja a abandonar ese aislamiento y emprender una búsqueda que lo enfrenta con una realidad bastante más brutal que la de sus héroes de papel.

Sebastián Grimberg construye una trama que combina elementos del policial negro, la aventura y la fantasía, con un protagonista que carga sobre sí las marcas de la exclusión y la diferencia. Hay asesinatos, personajes marginales, una investigación periodística y un recorrido que conduce la historia desde los márgenes urbanos hasta otros territorios.

La novela apuesta por un ritmo acelerado. Los capítulos breves y la sucesión de acontecimientos parecen buscar un efecto de vértigo, que en varios momentos resulta muy logrado, como si el relato quisiera reproducir la dinámica de una historieta de aventuras.

El texto retoma la figura clásica del monstruo condenado por su apariencia y por la percepción de quienes lo rodean. Aparecen entonces interesantes lazos con el Fantasma de la Opera o Frankenstein.

Es en el terreno visual donde Morsa encuentra uno de sus mayores atractivos. Las ilustraciones de El Tomi, realizadas a lápiz, construyen un universo de sombras, cuerpos y personajes de una expresividad notable.

Lejos de funcionar como un mero acompañamiento del texto, sus dibujos aportan una atmósfera propia y una gran densidad. Hay en ese trabajo una potencia gráfica que remite a una larga tradición de la historieta argentina, pero que conserva una identidad inconfundible.

Morsa tiene una premisa atractiva y un universo visual poderoso, y en muchos momentos encuentra el cauce narrativo que promete su interesante punto de partida.

 

Alejandro Pigman