“Argentina tiene una visión demasiado simplista de Medio Oriente”

El alineamiento del Gobierno con Estados Unidos e Israel en la guerra contra Irán desnuda falencias. “El desafío es pensar una política exterior que sea realista en función de nuestros intereses”, enfatiza el analista Paulo Botta. La caída del régimen de Teherán abre el riesgo de un vacío de poder. China y Rusia, expectantes.

El conflicto en Medio Oriente tiene múltiples aristas pero representa, ante todo, un escenario complejo. Están en juego el equilibrio de poder en la región, la supremacía global de los Estados Unidos y el posicionamiento de Israel. 

Pero hay algo más. Los misiles que caen, los drones que estallan, siegan vidas y destruyen infraestructura. Sobre todo, dañan el entramado productivo del sector petrolero. De allí que haya escalado el precio del barril de crudo, subido la nafta y la inflación global esté agazapada, lista para dar el salto si la guerra se prolonga en el tiempo.

La platea global asiste al conflicto azorada. Todo lo que hay en torno al futuro surge incierto. “Lo más claro de todo en este momento es que los que se están llevando la peor parte son los países árabes del Golfo. Si uno ve la cantidad de drones y misiles que ha lanzado Irán, alrededor del 75% fueron con destino a los países árabes del Golfo. En la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, los que reciben mayor cantidad de ataques son las naciones árabes. Esta es una situación novedosa -explica Paulo Botta, experto en política internacional y director de la oficina de Trends Research & Advisory en América Latina-. Anteriormente Irán centraba todas sus operaciones militares sobre Israel y, en menor medida, en las bases norteamericanas en el Golfo. Se afecta ahora la infraestructura de hidrocarburos en Arabia Saudita, Kuwait, Omán, y eso tiene un impacto muy grande en toda la región.

-¿Cuál es el objetivo, tener un alto impacto en el aspecto económico, dañar infraestructura?

-Creo que hay varios motivos. Se discute mucho y nadie puede saber a ciencia cierta cuál es la razón. Pero podemos decir que hay básicamente tres factores: el primero es la voluntad de dar una respuesta que sea militarmente válida. Estados Unidos e Israel, en cambio, básicamente lo que hacen es repeler cualquier posibilidad de ataque. Cada 100 misiles o drones que lanza Irán contra Israel o las fuerzas norteamericanas, llegan pocos. El segundo punto es que los misiles que necesitan para atacar a los países árabes del Golfo son distintos a los que necesitan para atacar a Israel. En ese sentido hay más posibilidades de éxito. Después está la situación de que quieren afectar a la economía de estos países y, de cierta manera, también a la economía global. Hoy en día los cimbronazos que está teniendo el sistema internacional en términos económicos tiene mucho que ver con lo que está haciendo Irán. En tercer lugar es que en los primeros días del conflicto hubo algunas voces en Irán que remarcaban la idea de tratar de ejercer algún tipo de presión a través de estos países que son grandes aliados de los Estados Unidos para que a su vez presionen a Washington y se terminen las operaciones militares. Hay que ser sinceros, Irán hoy no puede hacer que Estados Unidos e Israel se sienten a la mesa de negociación, pero tampoco puede disuadirlos en términos militares. Lo que le queda es ver si otro puede hacer lo que ellos no pueden. Las causas de los ataques es la sumatoria de esas tres cosas.

-¿Hay algún aliado natural de Irán en la región, teniendo en cuenta las características del régimen? Son musulmanes pero no árabes…

-No hay ningún aliado. Es más, me parece que una de las cosas más relevantes que nos va a dejar este conflicto en términos más estructurales es la creciente desconfianza de los árabes. Todos los países árabes de la región realmente encuentran injustificado el nivel de ataques que ha tenido Irán hacia ellos. Eso no se va a olvidar fácilmente. Haber estado metidos en un conflicto que no pidieron, y que además hicieron todo lo posible para que no sucediera, es algo importante. El segundo elemento es que se van a fortalecer las posiciones nacionalistas de estos países. Pero ya no como árabes o como musulmanes como criterios centrales de identidad, sino como Estados que tienen derecho a defenderse y a un lugar en el sistema internacional. Creo que la separación entre árabes y persas va a estar ahí, aunque nadie la diga en voz alta.

ESTRATEGIA

-¿Detecta en la estrategia de los Estados Unidos algún hilo conductor que una lo ocurrido a comienzos de año con Venezuela, las amenazas sobre Groenlandia y ahora el conflicto en Medio Oriente?

-Es una política exterior de Trump en términos totalmente estadocéntricos. La idea de Trump es “nosotros tenemos nuestros intereses y esos intereses no pueden ser limitados por nada”. Ni siquiera por las consideraciones que pueden tener sus aliados. Tienen una política estadocéntrica clásica. Si uno toma los manuales de realismo político se puede entender claramente lo que piensa el presidente Trump. Tampoco es una sorpresa. Es algo que se veía venir no sólo ahora sino también en su primera presidencia. La idea es hacer América grande de nuevo. El tema es que los intereses norteamericanos están por sobre cualquier otro tipo de consideración. 
 

-En estos meses se teorizó mucho acerca del retorno de las potencias a su zona de influencia. ¿La guerra en Medio Orienta echa por tierra todo este debate?

-Sí, por supuesto. Las potencias lo único que van a seguir son sus propios intereses. Tendríamos que acostumbrarnos a esa situación, que es lo que veremos. No vamos a tener otra visión más institucionalista en el sistema internacional.

-Algunos expertos ponen en tela de juicio la calidad de los liderazgos en esta época. ¿Qué opina?

-No es solamente el liderazgo, es algo más amplio. También las sociedades han disminuido su capacidad. Creo que la sociedad en todos los ámbitos sufre esta situación que es transversal y global. Hay problemas en la educación, entre otras cosas.
 

-Entre muchas de las cosas que se leen y escuchan está la idea de que la economía le va a poner un freno a la guerra por el incremento del precio del crudo y su latigazo global. ¿Puede ocurrir?

-Puede ocurrir, por supuesto. Lo que pasa es que la economía, mal que le pese a algunos o muchos, no es la que gobierna. La que determina siempre el camino es la política, y la economía la sigue. No hay que hacerse ilusiones al respecto. A muchos economistas les cuesta entender que hay una situación de asimetría. Por eso Aristóteles decía que la política era la ciencia arquitectónica. La economía puede influir pero de manera asimétrica.

CHINA Y RUSIA

-¿Qué evaluación hace del posicionamiento de Rusia y China en el contexto de la guerra?

-China tiene vínculos muy profundos con Irán. En el caso de Rusia, tiene vínculos en términos militares y de seguridad con Teherán porque durante la guerra con Ucrania ha recibido apoyo en materiales como drones iraníes. Ambos estados son potencias que tienen sus intereses.
 

-Prescinden de involucrarse por el momento.

-Por el momento me parece que sí. Como suele decir el Turco Asís: “Te van a acompañar hasta el cementerio pero se van a quedar en la puerta”. Además, tienen sus prioridades y no tienen que ver con esto, con meterse en un conflicto abierto con los Estados Unidos por Irán. Hay análisis que están comenzando a hacerse, con las limitaciones propias de estar en una situación muy fluida, y donde se destaca que cualquier incremento en el precio del petróleo y el gas beneficia a Rusia. Lo primero que exportan es eso. Que Irán no pueda exportarle a China, también beneficia a Rusia que en última instancia puede ocupar ese nicho de mercado. Que Estados Unidos se desgaste desde lo militar y también en su prestigio internacional beneficia a China.

-¿Taiwan es un tema a tener en cuenta?

-Lo que resulta claro es que en un sistema internacional donde el derecho internacional no tiene un papel secundario, nadie puede esgrimirlo cuando el otro comienza a hacer otras cosas. 

-¿Es ingenuo pensar en un derrumbe del régimen iraní y el surgimiento de un gobierno liberal?

-Las expectativas están, pero hay un tema que a veces perdemos de vista. La República Islámica nace de una revolución, y ellos están de los dos lados del mostrador. Saben cómo hacer una revolución y luego quieren conservar el poder, por lo tanto también saben cómo abortar cualquier inicio de revolución. Eso hay que entenderlo. El régimen iraní ha aprendido de sus errores en los últimos 50 años. Por eso las manifestaciones contrarias al régimen cada vez son reprimidas de la peor manera. Evitan cualquier intento de levantamiento. El Gobierno iraní es consciente de que carece de una gran legitimidad. Se han ocupado sistemáticamente de hacer desaparecer cualquier posibilidad de oposición. Por lo tanto, si no están, ¿quiénes estarían en lugar de ellos?

-¿Existe el riesgo de que se produzca un vacío de poder?

-Por supuesto. Hay otra cuestión relevante: es un país de 90 millones de habitantes y nadie quiere una nación tan grande sin gobierno central, pero tampoco quieren un Irán fuerte, nuclear y con voluntad de ser hegemónico. Este equilibrio es muy difícil.

-¿Qué rol juega Reza Pahlaví II, heredero del depuesto Sha de Persia? Suele arengar al pueblo para que se movilicen en contra del régimen.

-Es una persona que hace casi 50 años que no está en Irán. Puede haber algunos sectores que lo vean con cierto afecto pero el 70% de los iraníes, desde el punto de vista demográfico, nació después de la revolución islámica. Es gente que conoce del Sha por lo que le contaron sus familiares. No creo que tenga un apoyo global.

ARGENTINA

-¿Cuál es su punto de vista sobre la posición de Argentina en el conflicto?

-Creo que Argentina hoy en día tiene que entender que Medio Oriente es una región compleja. No es tan simple. Y que nosotros no podemos tener políticas exteriores hacia la región de Medio Oriente divididas como si fueran compartimentos estancos hacia distintos países. Deberíamos tener una política holística, comprensiva. No podemos negociar un acuerdo de libre comercio del Mercosur con los Emiratos Arabes, buscar inversiones saudíes, cuidar nuestras exportaciones hacia Egipto o Argelia, y a su vez desestimar cualquier consideración que puedan tener esos países hacia el sistema internacional. No podemos pedirles votos por Malvinas en las Naciones Unidas y luego dar la espalda a sus puntos de vista. El desafío es pensar una política exterior que sea realista en función de nuestros intereses y nuestras capacidades.

-Algunos expertos aseguran que en el actual contexto no hay espacio para ser neutrales. ¿Es correcto?

-No es que no haya lugar para ser neutrales, pero lo que debe haber, antes que nada, es lugar para nuestros propios intereses. Hay una visión demasiado simplista. En Argentina tenemos un enorme desafío para construir conocimiento. No puede ser que decisiones gubernamentales en todos los ámbitos, universidades, centros de estudio y empresas, no tengan idea certera de lo que ocurre en otros lugares. Yo escucho que la guerra en Medio Oriente no nos va a afectar pero la nafta ya superó los $2.000. Tenemos una limitación en el acceso a los fertilizantes que pueden poner en riesgo nuestra próxima campaña agrícola por el cierre del Estrecho de Ormuz. También está el parate de varios proyectos de inversión que esas naciones pueden tener en nuestro país. Argentina es el 0,5% del PBI mundial y cayendo. Hay una gran asimetría. El mundo influye en nosotros más de lo que nosotros influimos en el mundo. Si es así, por lógica tenemos que estar muy atentos a lo que sucede. Para nosotros estudiar el mundo no es un lujo, es una necesidad de primer orden. Sino siempre nos encontramos sorprendidos por lo que ha pasado. Para eso hay que tener un ecosistema analítico, mucha gente que piense un tema y generar conocimiento basado en nuestra perspectiva. Necesitamos entender más al mundo.