“Argentina no tiene hipótesis de conflicto”

La politóloga Rut Diamint analizó la influencia de los Estados Unidos en la región y el rol de las Fuerzas Armadas. El reclamo por Malvinas sólo acepta la vía diplomática.

En un nuevo episodio del espacio Efecto Mariposa, el embajador Jorge Argüello entrevistó a la politóloga Rut Diamint, catedrática de la Universidad Torcuato Di Tella, investigadora principal del Conicet y especialista en seguridad, defensa y relaciones cívico-militares.

-Me gustaría hablar del Escudo de las Américas, lanzado este año. ¿Estamos en presencia de una actualización de la Doctrina Monroe?

-Primero, creo que esto no es una novedad. Ahora la llaman la Doctrina Donroe, por Donald Trump. Es una supuesta recuperación de la doctrina de 1823, que tenía el foco puesto en las potencias extranjeras de la época que eran Gran Bretaña, Francia, España, Portugal y Alemania. No estaba pensada para los conflictos internos de los países. Por eso, la mirada que tiene Trump, que es exacerbada, exagerada y muy vinculada a su propia persona, a cómo él ve la realidad, de alguna forma trae una trayectoria que es bastante fuerte: la idea de que los militares en América Latina no tenían nada que hacer en la defensa externa ni en las misiones de paz. Debían dedicarse a los problemas internos, y ahí es cuando se policializan los militares. La seguridad interna.

-Acá hay un sesgo ideológico claro. En el Escudo de las Américas están excluidos México y Colombia. Y Brasil dijo que no.

-Está muy focalizada en la defensa, pero en la defensa no como lo entendemos comúnmente sino en la defensa interna. Es lo que de alguna manera ya viene diciendo el Comando Sur hace un montón de tiempo. Esto lo leí en un trabajo antes de que asumiera Obama. Es algo que viene de larga data. Piensan que las Fuerzas Armadas de América Latina no tienen sentido, y yo pienso que sí lo tienen. Al menos en la mayoría de los países, no en todos. Y que entonces se tienen que dedicar a los problemas internos que son el narcotráfico, migraciones, fronteras porosas. Los temas que el Comando Sur ha impuesto en nuestra región.

RETROCESO

-En diciembre de 2025 el teniente general Carlos Presti asumió como ministro de Defensa, manteniendo su capacidad de militar activo. Esto no ocurrió nunca desde 1983. Usted lo definió como un “inédito retroceso en la cultura política de la Argentina”.

-Creo que no fui original porque mucha gente, por suerte, lo planteó. Pero creo que es un retroceso a esa búsqueda de la consolidación democrática que creo que no alcanzamos todavía. Los argentinos no queremos otro régimen político que no sea la democracia pero los militares han avanzado muchísimo en penetrar en la política y en la sociedad. Se vio en la pandemia. ¿Por qué teniendo un montón de estudiantes de medicina en todo el país, el centro de vacunación adonde fui estaba lleno de militares y soldados? No tengo nada contra un soldado, lo que pasa es que no está preparado para eso. Esto ocurre también cuando hacen seguridad pública: no están preparados para eso. Que nombre a un militar que va a las reuniones ministeriales con el presidente vistiendo uniforme, deja un precedente horrible para el fortalecimiento institucional, la división de poderes, componentes básicos de la democracia. ¿Sabe por qué ni siquiera Perón nombró nunca un militar como ministro de Defensa? Porque cuando nombran a uno del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea se sienten disminuidas. Yo no veo ninguna necesidad de haber nombrado a un militar ahora. Lo hace para molestar a lo que él llama el Mundo Wok; y a los que defienden la democracia liberal, que no tienen nada de izquierda. Pero para Milei son enemigos. Hay un retroceso democrático importante en haber designado a una persona que no tiene las capacidades suficientes para pensar la defensa.

-Debe tener limitaciones objetivas en cuanto al pensamiento crítico. Un militar está formado centralmente para obedecer. Usted en ese artículo hacía mención a Samuel Huntington. ¿Cómo vincula los temas?

-Huntington en realidad escribe después de la Segunda Guerra Mundial. El libro que escribe es del año ‘57 y se llama El soldado y el Estado. El dice: me da temor que dos guerras de las cuales Estados Unidos sale victorioso les genere una condición para imponer políticas dentro del Estado. Entonces él escribe para Estados Unidos, para que se genere un control civil. Dice que el control civil objetivo en Estados Unidos neutraliza a los militares para hacer política. No es lo que pasa en América Latina. Cuanto más poder tienen, más se meten en política. Una de las cosas que estoy estudiando ahora es la remilitarización de América Latina. No es a través de un golpe de Estado sino a través de invitaciones de los propios presidentes electos que necesitan reforzar su poder porque no vienen de partidos políticos fuertes. Recurren a los militares por eso, y porque no han podido solucionar con las instituciones que corresponden, que son las policías, los problemas de inseguridad que viven los países. 

CUBA Y VENEZUELA

-Usted ha estudiado el rol de las Fuerzas Armadas en Cuba. Son mucho más que una institución de la defensa. ¿Imagina un escenario de gobierno de transición con un régimen tutelado por los Estados Unidos?

-Me cuesta mucho pensar que puede pasar algo así, por dos razones: la primera es que la cúpula política de Cuba sigue pensando que puede gobernar, a pesar de los cortes de luz, la falta de alimentos y todos los problemas que tienen, piensan que no van a largar el poder. Además, las Fuerzas Armadas se han organizado en torno a la lealtad al régimen, no a los méritos. La gente que hoy manda en los comandos militares está muy vinculada al poder político. Y el buró político, que es la asamblea más importante, tiene una gran participación de militares en actividad. Están muy mezclados con el poder. Se supone que hay una posibilidad muy chica, por la reacción social, de que la cúpula política se mueva un poquito y entonces aparezca una negociación para una transición muy lenta y en muchas etapas. En esa transición no se puede obviar a las Fuerzas Armadas porque tienen poder de fuego, presencia territorial y todavía se las vincula con las victorias en Angola y Mozambique como victorias propias. Hay una épica muy fuerte que nosotros no tenemos. Es al revés, nosotros teníamos militares que no podían salir de uniforme a la calle. Raúl Castro fue históricamente el ministro de Defensa, y en primer período especial, cuando la Unión Soviética cae, se le quita el apoyo económico y eso les genera una crisis tremenda. Ahí Raúl Castro dice que las Fuerzas Armadas no pueden ser una carga para el Estado, tienen que autoabastecerse. Cuando llega el segundo período especial, ante la caída de Venezuela, las Fuerzas Armadas ocuparon económicamente el país a través de una sociedad que se llama GAESA (Grupo de Acción Empresarial Sociedad Anónima). Estados Unidos ha denunciado 80 empresas que están vinculadas a GAESA, a las cuales no puede facilitarles ningún tipo de crédito.

-¿Qué tan distinto es el rol de las Fuerzas Armadas venezolanas?

-Dependen más de la dirigencia política del Estado que las cubanas, que son más autónomas. Son las fuerzas de represión que tiene el Estado. Chavez desconfiaba mucho de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y por eso crea las milicias. Siendo militar, conoce las internas. Piensa que los militares no van a apoyarlo. Hay que pensar que el primer país que tiene los aviones F-5 de los Estados Unidos es Venezuela. Siempre ha estado muy vinculado a Estados Unidos, mucho antes que el resto de los países de América Latina. Estos militares no son marxistas, izquierdistas, están en contra de Chavez.

-En el 2015 Argentina da de baja los aviones Mirage y pierde la capacidad supersónica. Una década después llegan los 24 aviones F-16 provenientes de Dinamarca. A mí me tocó como funcionario vivir la feroz pulseada entre Estados Unidos y China, que buscaba vender los JF-17, por imponer su producto. El cambio de modelo hubiera tenido consecuencias grandes.

-Cuando yo estuve en el Ministerio de Defensa en el año 2003, los chinos vinieron a vendernos aviones. En ese momento no había un peso, era imposible comprar nada. China tiene una visión muy comercial, también en penetración militar. Pensar que China es el bueno y Estados Unidos el malo es una tontería. China también tiene intereses, muy fuertes, y tiene otros tiempos. Estados Unidos es voraz, ya. Cuando se compra material nuevo, hace falta entrenamiento. Si comprábamos los aviones chinos íbamos a tener una fuerte diferencia con los países de la región, que siguen la lógica norteamericana.

-¿Qué hipótesis de conflicto tiene la Argentina y cómo ve la cuestión Malvinas?

-Desde el inicio de la presidencia Menen, Argentina dejó de lado las hipótesis de conflicto. Tiene hipótesis de confluencia, de cooperación, pero no hipótesis de conflicto. Es muy difícil pensar en tener un conflicto con Brasil, Chile, Uruguay o Bolivia. Eso no significa que no tengamos problemas.

-¿La cuestión Malvinas sigue representando una hipótesis de conflicto?

-Para los militares sí. Todos los presidentes, incluido el actual, han dicho que sostendrán la idea de que las Malvinas son argentinas por la vía diplomática. Entonces los militares pueden pensar que la hipótesis de conflicto son las Malvinas pero no van a tener el aval de la política. Eso les quita la posibilidad de avanzar con una propuesta militarizada.