Argentina entre Inglaterra y España

Los angelistas y moralineros de siempre han dicho que el partido Argentina versus Inglaterra en el Mundial de Fútbol 2026 era solamente eso: un partido. Es decir, un juego y una competencia.

Es cierto que el fútbol es un deporte. También se ha convertido en un gran negocio (y los estadounidenses no lo han disimulado). Pero que sea un deporte y un negocio no significa que no sea muchas otras cosas y, todavía, más importantes.

Argentina vs Inglaterra, entonces, es la vida misma. Porque la vida humana es, como enseña el libro de Job, milicia (cf. Job 7, 1). Claro está: no se trata de un belicismo irracional que se justifica por cualquier causa que es tanto como decir por la satisfacción de las propias pasiones. Es, antes bien, un estilo de vida guerrero que procura restablecer la paz cuando es dañada por la injusticia. Lejos, por cierto, la vida como milicia está de ese pacifismo estúpido que, como la canción, tiene “sabor a nada”.

Así es como Argentina versus Inglaterra, en el campo de juego de Atlanta, es una imagen, discreta pero real, de la turba malvinense en la cual nuestros bravos compatriotas libraron el buen combate por la Hispanidad.

Lo confesaron, burlándose de correcciones hipócritas, nuestros jugadores al finalizar el partido. “Las Malvinas son argentinas”.

Ése es el lema de este bravo grupo de argentinos que sabe muy bien que, contra Inglaterra, no hay amistosos ni solamente partidos de fútbol. Es milicia, como la vida misma.

Con España, en cambio, sucede todo lo contrario. Ella no nos ha quitado nada. Antes bien, nos ha dado todo para ser una gran nación. Como supo llamarla el beato fray Mamerto Esquiú: Madre Patria.

¿Cómo, entonces, entender la vida como milicia en contra de ella cuando ha sido quien nos ha engendrado para la Civilización Cristiana?

Cierro esta nota cuando ha acabado la final mundial de fútbol entre Argentina y España.

Lo que hemos vivido es una fiesta de la Hispanidad que, cuando españoles y argentinos jugamos al fútbol, se nos nota. Como en tantas otras cosas.

La Copa ha quedado en familia.