El ex gobernador bonaerense vivió la vida gloriosa de los seguidores sacrificados de Yrigoyen

Anselmo Marini, un hombre de sobradas y comprobadas virtudes republicanas

 

 

Por Diego Barovero * 

Recordamos en estos días un nuevo aniversario del fallecimiento de quien fuera en vida hombre público de sobradas y comprobadas virtudes republicanas: el doctor don Anselmo Antonio Marini.
Es sabido que Marini hizo en la política lo que los romanos definían como "cursus honorum", la carrera de los honores. En pocos casos se puede observar un currículo más completo.
Inició su vida política en la Universidad Nacional de La Plata representando al claustro de estudiantes en el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Jurídicas en 1930.
Le tocó ser concejal en su ciudad y presidir el radicalismo platense, compartiendo ese reducto de mentes privilegiadas que integraron Ricardo Balbín, Emir y Amílcar Mercader, Emilio Donato del Carril, ente otros. En 1949 fue diputado en la Convención Nacional Constituyente.
En 1952 integró y presidió el bloque de diputados de la UCR en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires.

En 1957 volvió a integrar la Convención Nacional Constituyente ocupando la vicepresidencia 1ø del cuerpo. Esa Convención no solamente restableció en la Nación la vigencia de la Constitución Nacional histórica de 1853 con sus reformas de 1860, 1866 y 1898 sino que incorporó el valioso artículo 14 bis, baluarte del llamado constitucionalismo social.
Desde 1958 hasta la crisis institucional de 1962, presidió el bloque de diputados nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) en el que descollaban notorios y brillantes parlamentarios como Carlos H. Perette, Rubén Blanco, Antulio Pozzio, Nerio Rojas, Jorge W. Perkins, Carlos Becerra, Conrado Storani, entre otros, en el que Marini, su presidente, se destacó especialmente por su laboriosidad y enjundia.

Desde 1963 y hasta el bochornoso golpe militar de 1966, que dio inició a la llamada "Revolución Argentina", Marini ocupó el sillón de Dardo Rocha ya que había sido electo gobernador de Buenos Aires, y desarrolló una gestión progresista y ejemplar.
Con la restauración de la democracia constitucional en 1983, le fue encomendada por el gobierno del presidente Raúl Alfonsín la representación diplomática argentina ante la hermana República del Perú, desempeñando su misión con la dedicación e inteligencia que había acumulado a lo largo de sus años al servicio de la Patria.

La UCR lo distinguió como presidente de la Comisión Nacional de Homenaje al centenario de su fundación (1990/1992), además de haberle correspondido ser convencional nacional en varios períodos. En 1996 fue designado Miembro de Honor del Instituto Yrigoyeneano.
Lo acompañaron siempre en su prolongada y fructífera vida, su esposa Edith, su hija María Edith y una legión de nietos y bisnietos.

IDEALES
Octavio R. Amadeo, en sus brillantes ensayos reunidos en "Vidas Argentinas", al referirse a la vejez de una figura consular argentina escribió: "Le fue otorgada la vejez, que es casi un virtud; y cuando se llega a ella con salud moral y física, con utilidad social, es como una santidad... Fue un gran viejo; la vejez es una dignidad y una virtud. Producir un viejo es un éxito de la naturaleza y una victoria de la raza".

Esto se puede aplicar sin dudas a la figura eminente de Anselmo Antonio Marini que alcanzó la senectud con una dignidad y un señorío reconocido y admirado por propios y extraños, sin diferencia de banderías.
En su compromiso ciudadano con los ideales que abrazó desde niño y su consecuencia de conducta sin estridencias, vivió la vida gloriosa de los seguidores sacrificados de Yrigoyen, aquel que exaltó al pueblo a los primeros planos por medio de la revolución democrática que inspiró y llevó a cabo.

El monumento pétreo que espera a Marini y el espiritual que ya tiene levantado en los corazones de sus conciudadanos ha de servir de guía espiritual de una sociedad sedienta de ejemplos morales como el del doctor Marini.

* Presidente del Instituto Nacional Irigoyeneano