América, con la respiración contenida por el desenlace de las elecciones brasileñas

La victoria de Flávio en el balotaje supondría la culminación del giro a la derecha de la región, mientras que la reelección de Lula mantendría un bastión izquierdista estratégico y frenaría esa tendencia.

Brasil en una encrucijada histórica. Hoy decide el pueblo del país vecino si concede al izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva un cuarto mandato presidencial o da un giro drástico hacia la nueva derecha al elegir al senador Flávio Bolsonaro, aliado de Javier Milei y de Donald Trump, como mandatario número 40 de la historia.

Cerca de 159 millones de brasileños están llamados a las urnas para elegir a su próximo jefe de Estado, que asumirá el poder el 5 de enero de 2027.

Lula, que a sus 80 años es uno de los jefes de Estado de mayor edad del mundo, es el presidente número 35 y 39 de Brasil; gobernó de 2003 a 2010 y nuevamente desde 2023. Bolsonaro, de 45 años, busca devolver el apellido de su familia al poder mientras su padre cumple condena por supuestamente intentar un golpe de Estado para impedir el fin de su presidencia de 2019-2022.

Bolsonaro hijo superó a Lula por más de 2,2 millones de votos en la primera vuelta de este mes, pero ninguno de los dos candidatos obtuvo una mayoría absoluta, lo que preparó el escenario para la segunda vuelta de hoy. Bolsonaro obtuvo el 47% de los votos frente al 45% de Lula, y las encuestas muestran que la contienda sigue muy cerrada mientras los votantes regresan a las urnas.

ÚLTIMAS ENCUESTAS

Bolsonaro ganaría el balotaje con un 51% de los votos válidos frente al 49% de Lula da Silva, según los dos últimos sondeos antes de la cita en las urnas del domingo.

Las encuestas de Quaest y Datafolha, las dos firmas demoscópicas más importantes del país, dejaron a ambos candidatos en empate técnico, ya que el margen de error de ambos estudios es de dos puntos porcentuales, tanto hacia arriba como hacia abajo.

ELEGIDO TRES VECES

Lula, que comenzó como obrero sindical y perdió el meñique en un accidente en una fábrica a los 19 años, inspiró una devoción casi de culto durante su primer y su segundo mandato, cuando la economía de Brasil se expandió con ayuda del auge de las materias primas y de la asistencia directa en efectivo que sacó a millones de brasileños de la pobreza.

Más tarde pasó más de un año en prisión por condenas por corrupción que finalmente fueron anuladas por tecnicismos, antes de ganar un tercer mandato en 2022.

El expresidente de Estados Unidos Barack Obama llegó a llamar a Lula «el político más popular del mundo», pero sus índices de aprobación han caído hasta el 24% en este mandato, mientras los votantes expresan preocupación por la delincuencia y el costo de vida. Él ha respondido con promesas de compartir los beneficios de la extracción de los minerales raros de Brasil y otros recursos, y aumentó en un 15% los pagos de su emblemático programa Bolsa Familia.

Entre las medidas que el mandatario ha tomado para apuntalar el apoyo antes de la segunda vuelta están recortar impuestos a los combustibles, condonar las deudas que 3,6 millones de pequeñas empresas mantienen con el gobierno, avanzar para bloquear las señales de telefonía celular alrededor de las prisiones y proponer un aumento de los pagos de asistencia a estudiantes universitarios. Y, a pocos días de esta votación, el Senado de Brasil aprobó normas respaldadas por el gobierno de Lula para reducir la semana laboral máxima de 44 a 40 horas, al tiempo que consagra dos días de descanso sin recorte salarial.

EN NOMBRE DEL PADRE

El senador Bolsonaro comenzó su carrera política a los 21 años, cuando se convirtió en el legislador estatal electo más joven de Río.

El expresidente Jair Bolsonaro no puede postularse debido a que cumple una condena de 27 años bajo detención domiciliaria, por lo que su hijo mayor ha adoptado en gran medida la agenda conservadora de su padre, al tiempo que intenta moderar su estilo de comunicación para atraer a votantes centristas.

Sus políticas de seguridad de línea dura han sido un pilar de su campaña, y las encuestas muestran que estas propuestas son populares. El senador se ha comprometido a combatir a los grupos criminales construyendo megaprisiones al estilo de El Salvador, a seguir el ejemplo del gobierno de Trump al designar a las pandillas transnacionales como organizaciones terroristas y a juzgar como adultos a los acusados desde los 16 años.

Una victoria del senador Bolsonaro sumaría a Brasil a una lista de países latinoamericanos —entre ellos, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica y Perú— que han elegido gobiernos afines a Trump en los últimos años.

VOTO OBLIGATORIO

Brasil también celebró su primera vuelta de votación para legisladores estatales y federales el 4 de octubre, y quedaron confirmados los candidatos que obtuvieron más del 50% de los votos válidos, que excluyen los votos en blanco y nulos. Junto con Lula y Bolsonaro, en las papeletas de segunda vuelta figuran además candidatos a gobernador en cinco estados (Amazonas, Tocantins, Acre, Espírito Santo y Rio Grande do Norte) y en el Distrito Federal.

Votar en Brasil es obligatorio, y casi 160 millones de brasileños están convocados a las urnas. Pero más de 33 millones, o el 21% del electorado, no votaron a comienzos de este mes y podrían enfrentar una pequeña multa por no emitir su voto sin justificación. Quienes se ausentaron en la primera vuelta pueden votar en la segunda.

Los brasileños votan mediante urnas electrónicas, introduciendo los dígitos que corresponden a sus candidatos. Los resultados se informarán a las pocas horas del cierre de las urnas.

EL CONGRESO

Las elecciones del 4 de octubre dejaron en Brasil un Congreso más inclinado hacia la derecha y fragmentado. En la Cámara de Diputados, donde se renovaron las 513 bancas, el Partido Liberal (PL), del candidato presidencial Flávio Bolsonaro, pasó de 99 a 121 diputados, con 22 escaños más que en la legislatura anterior. Es la mayor bancada elegida desde 1990 y solo queda por detrás de los 260 que obtuvo el PMDB en 1986. El Partido de los Trabajadores (PT), del presidente Lula, pasó de 69 a 70 diputados. Le siguen União Brasil, con 46, y el PSD, con 43.

Ningún partido alcanza por sí solo la mayoría absoluta de 257 bancas, y la aprobación de proyectos dependerá de alianzas y negociaciones entre bloques. La renovación fue la menor de la serie histórica: el 42,7% de los electos, es decir 219 diputados, no tenía mandato en la legislatura anterior.

En el Senado, donde se disputaron 54 de las 81 bancas, el PL también fue el gran ganador. Sus 19 senadores electos son la mayor cantidad que un partido consigue en una sola elección desde 1988. Sumados a los legisladores que conservan su mandato, la proyección es una bancada de 28 senadores en 2027, la más grande de un solo partido al inicio de una legislatura desde la Constitución de 1988. Detrás aparecen el PT, con nueve senadores, y el MDB, con ocho.