LA VIDA PUBLICA DEL LIDER SOCIALISTA, REFLEJADA EN SUS LIBROS

Alfredo Palacios y su biblioteca



POR MARIO TESLER

Entre algunos dedicados al estudio de la bibliotecnología surgió la idea de ocuparnos de las bibliotecas personales importantes en Argentina, quienes fueron sus propietarios, cómo se formaron, cómo se utilizaron y, cuando estos fallecieron, cuál fue su destino.

Tomamos como referencia algunos libros sobre el tema, entre ellos el de Juan Ángel Farini Origen y formación de la biblioteca del general Bartolomé Mitre y el de Josefa Emilia Sabor Pedro de Angelis y los orígenes de la bibliografía argentina.

Nuestro propósito era ofrecerlas en un repertorio, pero como la idea por ahora no se concretó continué ocupándome personalmente de algunas, entre estas la de Alfredo Palacios, a quien Arturo Capdevila llamó con admiración por su lucha “El Quijote Americano”.

UNA CASA EN PALERMO

En el legendario barrio de Palermo Viejo, en la calle Charcas 4741, entre Oro y Godoy Cruz, se encuentra una construcción sólida, aunque modesta, que data de finales del siglo XIX. En el marco de la puerta de entrada una pequeña chapa de bronce, opacada por la pátina del tiempo, reza Alfredo L. Palacios abogado.

Tiene dos plantas y un sótano. Al ingresar un ancho vestíbulo da entrada a lo que hoy es un amplio salón biblioteca, por el otro lado el acceso a las dependencias de servicio y, por la escalera a los cuartos de la planta superior. La parte posterior del salón comunica con una pequeña habitación y su ventana mira hacia el patio y el jardín.

A principios del siglo XX esta casa la alquilaron y se mudaron a ella el joven abogado Alfredo Palacios sus 4 hermanos, 5 hermanas y su madre Ana Ramón.

Antes la familia había vivido en una casa de la calle Uruguay y Córdoba, donde nació Alfredo, de allí se mudaron a la calle Santa Fe, entre Montevideo y Rodríguez Peña. Estos dos domicilios explican por qué cursó sus estudios primarios en la escuela Onésimo Leguizamón, en Santa Fe y Paraná, a la que también concurrió mi madre Sila Berson. Concluido el ciclo primario se inscribe en el Colegio Central, de la calle Bolívar entre Moreno y Alsina, hoy Colegio Nacional de Buenos Aires.

Su madre, ferviente católica, lo inició en las lecturas del Nuevo Testamento. Políticamente comenzó a formarse en los Círculos de Obreros Católicos, que fundó el sacerdote redentorista Federico Grote. A los 16 años despidió los restos del fogoso orador católico José Manuel Estrada.

Desencantado con alguna limitación que le sugirieron por su encendida verba se alejó para siempre del catolicismo, pero mantuvo su admiración por el mensaje de Jesús a quien consideraba el precursor del socialismo, tal como lo manifestó en la conferencia pronunciada en la Sociedad Unione e Benevolenza en 1903 y publicada en el mes de abril del mismo año por la Revista Jurídica y de Ciencias Sociales.

En su biblioteca nunca hubo un crucifijo pero sí un cuadro con el rostro del Nazareno. Identificado con el costado rebelde del cristianismo, en algunas oportunidades manifestó que su lucha estaba inspirada en las bienaventuranzas pronunciadas por Él en el Sermón de la Montaña.

SOCIALISTA Y MASON

Siendo muy joven ingresó a las filas del Partido Socialista y a la Masonería, esto ocurrió en 1901. Víctor García Costa informa que la afiliación al partido se produce el 1° de septiembre por vía del Comité Socialista de La Plata y a la Masonería -según Alcibíades Lappas- es iniciado en la logia Libertad n° 48.

Frente a la disciplina partidaria, Palacios mantuvo posiciones heterodoxas y siempre se lo encuentra como líder en algunas de las divisiones que surgieron a raíz de disidencias ideológicas.

Fue expulsado de esa agrupación política en 1915 por manifestarse partidario del prejuicio caballeresco y haber aceptado batirse a duelo; por el mismo motivo se vio obligado a renunciar como miembro activo en la Masonería. En 1930 fue invitado a reincorporarse al viejo Partido Socialista.

En esos quince años desde la cátedra y en cargos directivos universitarios continuó dedicándose a la defensa del valor humano.

Ni latinoamericanista ni hispano americanista, durante toda su vida fue un entusiasta del ibero americanismo y combatiente permanente contra todos los imperialismos; esto lo mantuvo siempre alejado de los sovietistas. Consecuente con este principio, el Primer Congreso Iberoamericano de Estudiantes de México lo declaró en enero de 1925 “Maestro de la Juventud”, cosa que molestó a Arturo Jauretche quien lo expresa en uno de sus polémicos libros.

Repudió el panamericanismo, en particular el oficial, pero con reservas y para no ser objeto de divisiones, se sumó a la Unión Latinoamericana, de la que fue su presidente. Palacios se recibió de abogado en el año 1900 y en la puerta de una vieja casa en la calle Bolívar 268 coloca la placa de profesional con la leyenda: “Atiende gratis a los pobres”. Desconozco si también vivió en ella su familia.

EL SOLTERON

De la calle Santa Fe entre Montevideo y Rodríguez Peña se trasladaron a la casa de la calle Charcas 4741, donde falleció su madre Ana Ramón; con el tiempo fue quedando solamente Alfredo, entonces dejó de ser la vivienda familiar y la adaptó para que fuera el ámbito de su taller. Un periodista de la revista El Hogar que lo entrevistó en junio de 1930 relata: “nos concita a caminar, con el pretexto de enseñarnos una u otra cosa, por todas las habitaciones de su casa amplia y desalineada de solterón”.

Dice el periodista que le fue difícil distinguir en ella el carácter de las habitaciones: “todas las paredes se hallan cubiertas de estanterías repletas de libros y revistas”.

Considerando que el abandono de la casa de Palacios en la cual se encontraba tras su fallecimiento era su segunda muerte, la revista Primera Plana confirma en octubre de 1966 que hacia el año 1943 la casa había sido adquirida por el escribano Alfonso Romanelli quien se la cedió a Palacios de por vida sin ningún pago.

Corre la versión no confirmada de que Palacios no aceptó vivir gratis y Romanelli le propuso que pagara un peso por mes.

Fue por aquellos años que se quitaron las paredes divisorias de la sala del frente y de los cuartos contiguos, transformando todo en un salón para reuniones y a la vez de biblioteca con anaqueles de madera que rozaban el techo para poblarlos con los libros, más un mueble florentino donde guardaban documentos, quedando la pequeña pieza del fondo para usarla como escritorio.

Con el transcurrir de los años el vestíbulo y el salón se fueron poblando con distinciones que le otorgaron a Palacios y obras de arte que le fueron obsequiando, entre otros, Rogelio Yrurtia, Benito Quinquela Martín, Agustín Riganelli y Antonio Berni.

Y ya que aludí a las distinciones cabe recordar que rechazó con fundamentos varias condecoraciones: la Legión de Honor otorgada por el gobierno de Francia; también la de Caballero de la Orden de la Corona que le ofreció Bélgica; y tampoco aceptó la más alta que confiere el Paraguay, como me lo contó el coronel Fermín Garay, colaborador del mariscal José Félix Estigarribia, presidente de ese país.

En cambio luce en el salón biblioteca los diplomas que lo acreditan doctor honoris causa de las universidades de Yucatán, México, Lima, La Paz, Chuquisaca y Paraguay.

PIEZAS DE VALOR

No fue bibliófilo. Nadie encontrará una edición príncipe, tampoco ningún ejemplar intonso de los que gustan los exquisitos; sus libros no poseen ex libris para marcar pertenencia. Pero sí hay muchísimas piezas que portan el valor agregado que les proporcionan las conceptuosas dedicatorias y muy particularmente los subrayados lineales en los textos resaltados, los signos gráficos, los comentarios entre líneas, las notas al pie de página y las marginalias que Palacios puso de su puño y letra. (Durante décadas para el subrayado usó una lapicera estilográfica con tinta negra o azul y en las últimas de color verde.)

Algunos de esos libros fueron publicados por su iniciativa, entre estos las Obras Completas de Joaquín V. González; el alegato de Paul Groussac en favor de nuestras Islas Malvinas y dado a conocer inicialmente en francés en los Anales de la Biblioteca Nacional; también las Obras Completas de Almafuerte, La sociedad primitiva de Lewis Morgan.

Durante la vida de Palacios esta biblioteca fue utilizada por muchas personas y -por qué no decirlo- Juan Carlos Coral me comentó que a veces entre éstas o entre las numerosas delegaciones que concurrían a verlo por algún problema no faltaron quienes tomaron indebidamente algún ejemplar.

De vida austera fue sí un hombre público que se desempeñó en varias actividades. En el mismo hogar, en el que vivió hasta el fin de sus días, instaló el taller de trabajo para contribuir a la forja social. Fue precisamente en esa labor que utilizó los libros como herramientas de trabajo.

TAREAS Y LOGROS

Palacios fue abogado, diputado y senador nacional, catedrático, decano y rector de universidades, convencional constituyente, embajador extraordinario, historiador y académico, La mención de todas estas funciones no da una dimensión de la tarea realizada, pero sí lo permiten algunas obras de referencia que estimo oportuno citar.

Con motivo de su fallecimiento la presidencia del Congreso de la Nación hizo imprimir un volumen con registros de sus iniciativas y otras participaciones en ambas cámaras. Para conocer algunos de sus logros en todas las actividades sugiero la información que ofrece el Diccionario biográfico de las izquierdas argentinas dirigido por Horacio Tarcus.

La jornada de trabajo de Palacios y sus desinteresados colaboradores comenzaba muy temprano; como la casa carecía de calefacción, en invierno, a media mañana, se los invitaba con una taza de caldo de puchero, su comida diaria, que preparaba la fiel colaboradora Amelia Gándara.

La relación con la prensa gráfica era una de las primeras de las que se ocupaba en atender, en una época en la que no se contaba con los medios auxiliares de comunicación que hoy se cree existen de toda la vida. Pero no: se disponía solamente del teléfono y el telégrafo.

Para que los diarios dieran cabida generosa a una información era necesario colaborar con los periodistas y facilitarles la tarea laboral. Por eso sobre el tema que iba desarrollar en sus conferencias y discursos políticos, Palacios preparaba un texto manuscrito con los temas de su exposición de dos o tres páginas que luego alguien mecanografiaba, con varias copias obtenidas mediante la colocación de papel carbónico, y las hacía llegar a las redacciones de los diarios. Esos cientos de borradores y algunas de las copias quedaron en su archivo.

Otra muestra de su método de trabajo lo proporciona el cumplimiento de la solicitud formulada por el director de la Oficina Internacional del Trabajo sobre psicofisiología del trabajo. A su pedido logra que la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires le proporcione su apoyo para transportar el laboratorio a las obras del Riachuelo y poder realizar los trabajos de observaciones sobre los efectos del cansancio en el proceso del trabajo.

La Facultad resolvió publicar en 1922 los resultados de esta investigación en un informe que luego editó Claridad con el libro La fatiga y sus proyecciones sociales. Ese mismo año la obra fue galardonada con el Premio Nacional a la Producción Científica. Toda esta documentación se encuentra en el mueble florentino.

CORRESPONDENCIA

Gracias al notable periodista que fue Gregorio Selser, su secretario durante años, tuve noticias de correspondencias enviadas a Palacios por hombres notables, entre ellas y al boleo: las del científico y escritor Gregorio Marañón; de Santiago Ramón y Cajal, Nobel de Medicina; del político y escritor José Vasconcelos; de Paul Pic catedrático de la Universidad de Lyon; las de Gabriela Mistral, Nobel de Literatura; del filósofo Albert Schweitzer; el médico de Lambarené y Nobel de la Paz; del presidente de México, general Lázaro Cárdenas; de Romain Rolland Nobel de Literatura; de Albert Einstein, Nobel de Física; las del diplomático y escritor Alfonso Reyes.

Parte de la correspondencia intercambiada con Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA, la dio a conocer la revista La Ciudad Futura en octubre de 1986.

En algunos de sus libros, como Nuestra América y el Imperialismo, porque venía a cuento con el tema, Gregorio Selser, su compilador, intercaló correspondencia o fragmento de algunas tomadas del archivo de Palacios.

He encontrado del escritor y filósofo Miguel Unamuno un facsimil de una carta en su libro Estadistas y Poetas.

Dos revistas de temas políticos, sociales y literarios de nuestro medio se ocuparon con generosidad de su actuación y en oportunidades dieron su cabida a correspondencia tanto la enviada como la recibida. Hoy se pueden con facilidad localizarse para la consulta en el índice de Claridad, una contribución bibliográfica de Florencia Ferreira de Cassone, y en los índices de Nosotros confeccionados por Nélida Salvador y Elena Ardissone.

EN EL EXTERIOR

Palacios publicó también trabajos en varios países, y en otros se reprodujeron muchos tomados de nuestras revistas. Algunos de ellos he tenido oportunidad de leerlos: recuerdo sus discrepancias sobre lo que opinaba Domingo Faustino Sarmiento sobre el indio y el gaucho, con lo que dio a conocer en una de las entregas de la revista mexicana Cuadernos Americanos. Y lo recuerdo precisamente dado que cuando resultó electo senador nacional por tercera vez en 1961, a los 83 años, manifestó a un vespertino que se encontraba preparando un libro sobre la revisión de Sarmiento y su obra, para lo cual concurría con frecuencia al Museo Sarmiento para consultar documentación. Los apuntes de este trabajo quedaron en el archivo.

Donde alguna vez aparecen piezas de su correspondencia es en las decenas de revistas culturales en las que era colaborador. Para facilitar su localización es imprescindible comenzar con su ubicación en los tomos sobre La Prensa Literaria Argentina de Washington Luis Pereyra.

Hoy día todos estos documentos y miles de piezas más, apenas indizados no pueden ser consultados y, lo que es peor, en riesgo de sufrir deterioros por falta de una limpieza y guarda apropiada en cajas de cartón libre de ácido, en un ambiente fresco y seco, con control de plagas.
No solamente preocupa las condiciones de almacenamiento de estas piezas documentales o la falta de descripción adecuada de su contenido, sino que carecen de digitalización.

En 1992 la casa del político fue declarada por ley Lugar Histórico Nacional.

VISITAS ILUSTRES

Periodistas y personas en general cuentan cómo les impactaba al ingresar en la casa encontrarse con un ámbito cubierto por anaqueles poblados de libros.

La casona de la calle Charcas fue con frecuencia escenario de importantes actividades y presencias ilustres. He aquí algunos de ellas:

En la segunda década del siglo XX en esa casa trabajó el líder francés Jean Jaurès durante su visita a nuestro país, donde entre otras actividades vino a pronunciar conferencias sobre historia argentina.

Con el propósito de difundir nuestros derechos sobre las Islas Malvinas en este domicilio se constituyó en julio de 1939 la Junta de Recuperación de las Malvinas, la primera en su género.

Entre el selecto grupo de personas que recibieron dos premios Nobel se encuentra Linus Pauling, galardonado con el de Química en 1954 y el de la Paz en 1962, por su oposición a las pruebas nucleares. Cuando Pauling vino a la Argentina realizó dos visitas: una a las autoridades nacionales y la otra a Alfredo Palacios en su domicilio.

Los padres de Palacios eran uruguayos, y hombres de la política de esa hermana república también solían verlo en su domicilio, como el líder socialista Emilio Frugoni y asiduamente el presidente Luis Batle Berres, entre otros. Palacios fue candidato a la presidencia en 1958 y en 1963. En las dos oportunidades los ganadores tuvieron actitudes que ignoro si en nuestro pasado hay antecedentes similares. Al día siguiente de las elecciones que consagraron a Arturo Frondizi, cuando llegó a esa casa, le manifestó a los periodistas que iba a saludar al Primer ciudadano de América. Con actitud similar Arturo Umberto Illia visitó a Palacios en compañía de Carlos Humberto Perette, su vicepresidente.

Por resolución de las autoridades universitarias Palacios dictó en su hogar cursos y seminarios, tal el que le encomendó Lázaro Trevisan, vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas, sobre Legislación del Trabajo.

HOMENAJES

Contaba con 84 años cuando en el mes de julio de 1962 el rector y el vicerector de la Universidad de Buenos Aires concurrieron a su hogar para hacerle entrega del documento por el cual la Universidad de Buenos Aires lo designaba Profesor Emérito. Como homenaje se sumaron los rectores de todas las demás universidades nacionales de aquel entonces, la de La Plata, Córdoba, Litoral, Tucumán, Cuyo, Nordeste y Sur.

Alfredo Palacios falleció a los 87 años el 20 de abril de 1965 y su casa fue declarada por Ley 24.169 Lugar Histórico Nacional en 1992.

Es difícil calcular, a ojo de buen cubero, la cantidad de ejemplares que alberga esa biblioteca; he leído en notas periodísticas que quedaron 10.000, en otras se habla de 17.000, 20.000, 27.000 y hasta 30.000. Lo cierto es que a 60 años de su fallecimiento todavía no ha sido catalogada y clasificada.