El rincón del historiador

Alfonso Reyes y Victoria Ocampo en Mar del Plata

 

Victoria Ocampo falleció en su casa de San Isidro el 27 de enero de 1979. Ese verano la cruel enfermedad le había impedido llegar a esa ciudad en la que habitualmente pasaba el verano, hasta comenzar el otoño.

El edificio de madera, fabricado en Inglaterra por la firma Boulton & Paul Ltda., lo había adquirido su tía y madrina Francisca Ocampo de Ocampo, de quien lo heredó.

Fue trasladado en barco y armado como un rompecabezas sobre una estructura de hierro y se le agregaron dos edificios uno para los caseros y otro para el personal, tarea que dirigió don Manuel Ocampo, el padre de Victoria, a la vez quede diseñó un parque en las dos hectáreas que rodean la edificación.

Lugar, como la Villa Ocampo en San Isidro, de puertas abiertas para escritores argentinos y extranjeros.

Citemos algunos de los huéspedes de la Villa Victoria: John Saint Perse, Gabriela Mistral, Waldo Frank, Roger Callois, Pedro Henríquez Ureña, Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, a los que podemos agregar otros visitantes de Mar del Plata que no se alojaron en ella.

ILUSTRE MEXICANO

Uno de los huéspedes de Victoria fue el escritor y diplomático mexicano Alfonso Reyes. Éste llegó a Buenos Aires como ministro de su país el 2 de julio de 1927, en compañía de su esposa Manuela, su hijo, el perro Alí y “sus trescientos libros favoritos”.

En esos días la representación fue elevada al rango de embajada (pronto celebraremos el centenario), y poco después presentó sus cartas credenciales al presidente Marcelo T. de Alvear.

Reyes no era un desconocido para el mundo intelectual, cuando en 1924 pensaba viajar a nuestro país, Azorín publicó en La Prensa el 18 de mayo un artículo en el que difundía los rasgos sobresalientes de su personalidad, y que indudablemente lo presentó un público más amplio que el que lo conocía por los artículos y libros, que publicaba en Madrid, donde había residido desde 1914.

Según consignó en su Diario el 17 de octubre de ese año conoció a Victoria Ocampo. Pronto surgió la amistad y la complicidad, a tal punto de la llamaba Flor Azteca como dice Oscar Hermes Villordo por “la cortesía ante una mujer tan bonita… Lo cierto es que la relación entre los dos y por extensión con el grupo, fue una de las mejores de las establecidas en la revista y en la vida cultural de Buenos Aires”.

Pero Victoria también lo llamaba de ese modo en alguna correspondencia.

SUR

Indudablemente Reyes fue uno de los que acompañó aunque ya alejado por sus funciones diplomáticas de nuestra ciudad a Victoria y al grupo integrado por Ernesto Ansermet, Jorge Luis Borges, Eduardo Bullrich, Enrique Bullrich, Guillermo de Torre, Oliverio Girondo, Ramón Gómez de la Serna, Pedro Henríquez Ureña, Eduardo Mallea, María Rosa Oliver y Francisco Romero en la creación de la revista Sur, cuyo consejo editorial extranjero integró con Henríquez Ureña, dominicano; Leo Ferrero, italiano; Drieu de la Rochelle, francés; Jules Superville, uruguayo-francés; Ernest Ansermet, suizo y Waldo Frank, norteamericano.

Ella misma le escribió el 9 de octubre de 1930 a México anunciándole: “La revista se llamará SUR. Aparecerá cuatro veces por año. El primer número saldrá a la calle en Diciembre”. Y después de mencionar los autores que habían comprometido participar agrega: “Cuento con usted, mi Flor Azteca. No me falle, cuento muchísimo”.

María Rosa Oliver, después gran amiga de Victoria, lo conoció a Reyes en la casa de Nieves Gonnet, y recuerda en sus memorias que “la Embajada de México en la calle Arroyo pronto se convirtió en el lugar donde se reunían escritores y artistas de todo el país, hasta entonces desvinculados entre sí o que mutuamente se ignoraban, y allí los argentinos tenían oportunidad de cambiar ideas con colegas llegados del resto de América y de Europa en un ambiente distendido y cordial”.

Queda por estudiar esa etapa de Reyes en Buenos Aires, especialmente en el trato que tuvo con las mujeres que además de Victoria y Oliver, circulaban en el ambiente de la promoción artística y cultural: Elena Sansinena de Elizalde, Delia y Adelina del Carril, has hermanas Nieves y Perla Gonnet, Norah Borges y Dora y Elvira de Alvear.

Alfonso Reyes estuvo en Buenos Aires hasta el 4 de abril de 1930. Luego, embajador en el Brasil mantuvo correspondencia y también trato con algunos argentinos que pasaban por Río de Janeiro.

Volvió nuevamente a Buenos Aires como máximo representante de su país el primer día de julio de 1936; sus amigos en muchos casos eran ya reconocidos escritores y Sur era una revista de prestigio. Estuvo entre nosotros hasta diciembre del año siguiente y en enero de 1938 se alejó rumbo a México.

Aunque era su íntimo y manifiesto deseo era volver, su salud no se le permitió. No volvió a pisar esta ciudad que tanto amaba, y renunció al premio “Alberdi-Sarmiento” porque debía recibirlo en persona.

EL POEMA

En su última estadía, Alfonso Reyes fue a Mar del Plata, y se alojó en la casa de Victoria, con seguridad a mediados de enero de 1937, porque en el archivo de la Academia Argentina de Letras se conserva este poema que le dedicó el día 17 de ese mes:

Mar del Plata y mes de enero, /

cuando las grandes calores /

Sale de footing Victoria/

con sus cuatro entrenadores.

 

El uno le habla de guerras /

y el otro le habla de amores, /

y el tercero como niño, /

le corta y le junta flores.

 

El cuarto nada decía, /

que iba recordando, porque /

en otras tierras dejaba /

su alegría y sus dolores.

 

“¿Por qué calla y no escuchas, /

ni te quejas, no das voces, /

ni dejas salir del pecho/

ni tus penas ni tus goces?”.

 

“Tú no lo sabes, Victoria; /

Victoria tu no conoces /

lo que es andar por el mundo /

peregrino entre los hombres”.

Victoria nada decía, /

viendo lo que le responden. /

De lejos, temblaba el mar, /

en la luz del horizonte.

 

Mar del Plata y mes de enero, /

cuando las grandes calores /

Sale de footing Victoria/

con sus cuatro entrenadores.

 

Tréboles le brinda el campo, /

y espadañas como estoques; /

diamantes de voluntades,/

todos los que la conocen.

 

La reina de la baraja /

ya entre sus triunfos y honores: /

los diamantes, las espadas, /

tréboles y corazones.

En julio de este año comenzarán los festejos del centenario de las relaciones diplomáticas a nivel de embajada entre México y la Argentina, auspiciados por la representación de ese país que encabeza Lilia E. Rossbach Suárez, que enterada de estos versos nos sugirió darlos a conocer.

Estos versos casi nonagenarios reflejan de la amistad de don Alfonso con Victoria, que resume como pocas una mujer comprometida con la cultura de su tiempo.