Opinión
Aldous Huxley y el literato como pontifex
Por Fernando Adrián Bermúdez *
No cabe la menor duda de que Aldous Huxley es uno de los autores más representativos del género distópico, junto a George Orwell, Ray Bradbury, Isaac Asimov, entre otros. Sus obras “Un mundo feliz” y “Una nueva visita al mundo feliz”, bastarían para tenerlo en lo más alto de la literatura del siglo XX.
Está claro que el autor no solo se dedicó a la ficción, sino que frecuentó entre otros géneros, el del ensayo, que motivaba muchas veces conferencias que tenía que dar en alguna parte del mundo.
En el presente artículo quisiéramos reflexionar sobre la figura del literato como creador de puentes, también llamado pontifex por el autor americano.
En una serie de conferencias que pronunció en 1959 en la Universidad de California, Santa Bárbara, el eje temático fue la situación humana, que luego fueron publicadas y en 1979 traducidas por la editorial sudamericana.
EDUCACION INTEGRAL
En la primera conferencia, el autor habla de la educación integral, donde deja asentado el problema de la poca instrucción como algo muy peligroso, pero también el tener mucha instrucción altamente especializada. Por esto, uno de los mayores problemas de la enseñanza superior es de qué manera conciliar las pretensiones de una vasta instrucción, es decir, especializada, con las pretensiones de una instrucción exigua sobre los problemas humanos.
EL LITERATO COMO PONTIFEX
Entre estos extremos, el hombre de letras puede cumplir esa función de reunir los temas más profundos y cotidianos, mostrando las relaciones que puede haber entre ellos. “Es un asunto, dirá el autor, de construir puentes. Pontifex, o constructor de puentes.”
Si bien el término hace referencia a un contexto religioso, ya que el pontifex es el constructor de un puente entre la Tierra y el Cielo, entre lo material y lo espiritual, entre lo humano y lo divino, Huxley lo relaciona con la educación, la literatura y el arte.
Afirma de esta manera que la función del literato: “…es precisamente construir puentes entre el arte y la ciencia, entre hechos objetivamente observados y la experiencia inmediata, entre la moral y la evaluación científica. Hay toda clase de puentes que construir…”.
Justamente todas las conferencias trataban de todos los puentes que se deben construir, con el hombre, la naturaleza, el planeta, el futuro, el lenguaje, el arte, la religión; en definitiva, con la naturaleza humana y la creación del mundo que la rodea.
Es decir, que los datos y avances de la ciencia deberíamos vincularlos con el arte, para que no queden solo como meros hechos y teorías científicas abstractas y generales, sino que lleguen a ser hechos de experiencia directa con una significación también emocional para el autor. Si bien los hechos científicos no pueden llegar a ser materia adecuada para la poesía y el arte literario, aquí es donde aparece la función del literato que debería: “…volver asequibles, para el resto de la comunidad, vastas zonas de valor y significación.” Es decir, construir puentes entre los hechos y los valores.
He aquí la función del literato, del artista, ser pontifex, es decir, crear puentes de significación a través de las palabras, resaltando lo valioso de los hechos y su constitución humana.
EL PENSAMIENTO ESCLAVO DE LA VIDA
Para Huxley, el plan que debemos llevar a cabo para lograr esa educación integral ya fue formulado hace mucho tiempo por William Shakespeare, en su obra Enrique IV, donde se dice: “Pero el pensamiento es esclavo de la vida, y la vida juguete del tiempo;/ y el tiempo, que supervisa al mundo entero, debe detenerse.” A partir de este pequeño verso el autor afirma: “El pensamiento es esclavo de la vida, no podemos pensar en forma abstracta sin estar involucrados como seres fisiológicos, como miembros de esta viviente comunidad del planeta; y la vida juguete del tiempo, el transcurso del tiempo tiende a socavar todo y a producir cambios constantes; y sin embargo el tiempo que supervisa al mundo entero, debe detenerse, hay un aspecto religioso, espiritual de la vida, el mundo de las abstracciones y de los conceptos, el mundo de la experiencia inmediata y de la observación objetiva y el mundo de la percepción espiritual, los que deben ser reunidos en un punto de vista integrado.”.
CONOCIMIENTO, VOLUNTAD Y AFECTOS
En este sentido, el autor promueve concertar matrimonios entre los diferentes departamentos del conocimiento, de la voluntad, de los afectos y de las emociones, ya que hoy por hoy se encuentran arbitrariamente separados y aislados.
Un ejemplo de esta preocupación en la educación es el mentado enciclopedismo racionalista, que ha fragmentado el conocimiento en un mero conceptualismo sin vida ni alma, subestimando lo volitivo y lo afectivo en la formación humana. “Somos a la vez intelecto y pasión, nuestras mentes tienen a la vez conocimiento objetivo del mundo exterior y experiencia subjetiva. Descubrir métodos de reunir esos mundos separados, mostrar la relación que hay entre ellos, es la tarea más importante de la educación moderna”.
Como se ve, Huxley no sólo pudo anticiparse a situaciones inéditas para el momento en sus libros Un mundo feliz y Una nueva visita al mundo feliz, sino que también pudo percibir uno de los grandes males de la educación actual, como es su fragmentación y falta de realidad.
Un cierto positivismo que niega aspectos esenciales de la naturaleza humana, como los afectos y los sentimientos. En definitiva, promueve construir todos aquellos puentes entre los hechos y los valores, porque la ciencia, el arte y la filosofía son tres maneras de dar sentido al mundo en que vivimos, cuyas miradas y relaciones nos permitirán tener una comprensión amplia y abarcativa del mundo, las cosas y los hombres.
En definitiva, debemos renunciar al saber angosto y parcial para lograr un saber lo suficientemente amplio y abierto a través de los mejores pontífices que la tradición occidental nos ha legado, entre los cuales Aldous Huxley ocupa un lugar principal, cuya preocupación ha sido no solo la denuncia, sino construir puentes que nos permitan pensar y contemplar de otra manera.
* Docente Universitario UM – UNCuyo.
No cabe la menor duda de que Aldous Huxley es uno de los autores más representativos del género distópico, junto a George Orwell, Ray Bradbury, Isaac Asimov, entre otros. Sus obras “Un mundo feliz” y “Una nueva visita al mundo feliz”, bastarían para tenerlo en lo más alto de la literatura del siglo XX.
Está claro que el autor no solo se dedicó a la ficción, sino que frecuentó entre otros géneros, el del ensayo, que motivaba muchas veces conferencias que tenía que dar en alguna parte del mundo.
En el presente artículo quisiéramos reflexionar sobre la figura del literato como creador de puentes, también llamado pontifex por el autor americano.
En una serie de conferencias que pronunció en 1959 en la Universidad de California, Santa Bárbara, el eje temático fue la situación humana, que luego fueron publicadas y en 1979 traducidas por la editorial sudamericana.
EDUCACION INTEGRAL
En la primera conferencia, el autor habla de la educación integral, donde deja asentado el problema de la poca instrucción como algo muy peligroso, pero también el tener mucha instrucción altamente especializada. Por esto, uno de los mayores problemas de la enseñanza superior es de qué manera conciliar las pretensiones de una vasta instrucción, es decir, especializada, con las pretensiones de una instrucción exigua sobre los problemas humanos.
EL LITERATO COMO PONTIFEX
Entre estos extremos, el hombre de letras puede cumplir esa función de reunir los temas más profundos y cotidianos, mostrando las relaciones que puede haber entre ellos. “Es un asunto, dirá el autor, de construir puentes. Pontifex, o constructor de puentes.”
Si bien el término hace referencia a un contexto religioso, ya que el pontifex es el constructor de un puente entre la Tierra y el Cielo, entre lo material y lo espiritual, entre lo humano y lo divino, Huxley lo relaciona con la educación, la literatura y el arte.
Afirma de esta manera que la función del literato: “…es precisamente construir puentes entre el arte y la ciencia, entre hechos objetivamente observados y la experiencia inmediata, entre la moral y la evaluación científica. Hay toda clase de puentes que construir…”.
Justamente todas las conferencias trataban de todos los puentes que se deben construir, con el hombre, la naturaleza, el planeta, el futuro, el lenguaje, el arte, la religión; en definitiva, con la naturaleza humana y la creación del mundo que la rodea.
Es decir, que los datos y avances de la ciencia deberíamos vincularlos con el arte, para que no queden solo como meros hechos y teorías científicas abstractas y generales, sino que lleguen a ser hechos de experiencia directa con una significación también emocional para el autor. Si bien los hechos científicos no pueden llegar a ser materia adecuada para la poesía y el arte literario, aquí es donde aparece la función del literato que debería: “…volver asequibles, para el resto de la comunidad, vastas zonas de valor y significación.” Es decir, construir puentes entre los hechos y los valores.
He aquí la función del literato, del artista, ser pontifex, es decir, crear puentes de significación a través de las palabras, resaltando lo valioso de los hechos y su constitución humana.
EL PENSAMIENTO ESCLAVO DE LA VIDA
Para Huxley, el plan que debemos llevar a cabo para lograr esa educación integral ya fue formulado hace mucho tiempo por William Shakespeare, en su obra Enrique IV, donde se dice: “Pero el pensamiento es esclavo de la vida, y la vida juguete del tiempo;/ y el tiempo, que supervisa al mundo entero, debe detenerse.” A partir de este pequeño verso el autor afirma: “El pensamiento es esclavo de la vida, no podemos pensar en forma abstracta sin estar involucrados como seres fisiológicos, como miembros de esta viviente comunidad del planeta; y la vida juguete del tiempo, el transcurso del tiempo tiende a socavar todo y a producir cambios constantes; y sin embargo el tiempo que supervisa al mundo entero, debe detenerse, hay un aspecto religioso, espiritual de la vida, el mundo de las abstracciones y de los conceptos, el mundo de la experiencia inmediata y de la observación objetiva y el mundo de la percepción espiritual, los que deben ser reunidos en un punto de vista integrado.”.
CONOCIMIENTO, VOLUNTAD Y AFECTOS
En este sentido, el autor promueve concertar matrimonios entre los diferentes departamentos del conocimiento, de la voluntad, de los afectos y de las emociones, ya que hoy por hoy se encuentran arbitrariamente separados y aislados.
Un ejemplo de esta preocupación en la educación es el mentado enciclopedismo racionalista, que ha fragmentado el conocimiento en un mero conceptualismo sin vida ni alma, subestimando lo volitivo y lo afectivo en la formación humana. “Somos a la vez intelecto y pasión, nuestras mentes tienen a la vez conocimiento objetivo del mundo exterior y experiencia subjetiva. Descubrir métodos de reunir esos mundos separados, mostrar la relación que hay entre ellos, es la tarea más importante de la educación moderna”.
Como se ve, Huxley no sólo pudo anticiparse a situaciones inéditas para el momento en sus libros Un mundo feliz y Una nueva visita al mundo feliz, sino que también pudo percibir uno de los grandes males de la educación actual, como es su fragmentación y falta de realidad.
Un cierto positivismo que niega aspectos esenciales de la naturaleza humana, como los afectos y los sentimientos. En definitiva, promueve construir todos aquellos puentes entre los hechos y los valores, porque la ciencia, el arte y la filosofía son tres maneras de dar sentido al mundo en que vivimos, cuyas miradas y relaciones nos permitirán tener una comprensión amplia y abarcativa del mundo, las cosas y los hombres.
En definitiva, debemos renunciar al saber angosto y parcial para lograr un saber lo suficientemente amplio y abierto a través de los mejores pontífices que la tradición occidental nos ha legado, entre los cuales Aldous Huxley ocupa un lugar principal, cuya preocupación ha sido no solo la denuncia, sino construir puentes que nos permitan pensar y contemplar de otra manera.
* Docente Universitario UM – UNCuyo.
