Alan Madanes, un actor dispuesto a conmover

El intérprete de ‘Bia’ y ‘Cuando Frank conoció a Carlitos’ protagoniza ‘Los ojos del perro siberiano’ en el Politeama. A diez años de su primer paso importante en la profesión, volvió a seguir una corazonada al aceptar sumarse a la adaptación al teatro musical de la novela ‘best seller’ de Antonio Santa Ana.

 

Ni bien se deja caer en uno de los sillones de la antesala del teatro Politeama, exhausto por el ensayo que acaba de concluir, Alan Madanes agradece no tener que "empezar la charla de cero". Quienes han seguido la curva ascendente de su recorrido artístico y tuvieron la suerte -como este cronista- de conversar mansamente con él en algunas ocasiones, saben cómo piensa en muchos aspectos de la profesión, cuáles son sus anhelos y sus inseguridades. Y si no lo saben, al menos lo intuyen, de tan cristalina que resulta su alma de aprendiz infatigable.

Desde el temprano musical de Broadway ‘In the Heights’ en 2016, pasando por 'Up, la formula de la felicidad', ‘El Libertador’ de Nacho Medina, ‘Juegos, ¿cuál es tu límite?’, ‘Querido Evan’, ‘Cuando Frank conoció a Carlitos’ (en la piel de un jovencísimo Sinatra), ‘Sandro, el gran show’, ‘Yepeto’ (dirigido por Nico Cabré), el unipersonal 'Souvenir de mar’ y su reciente experiencia junto a Elena Roger en ‘Invasiones I. No bombardeen Buenos Aires’, el artista de 32 años no ha dejado de desafiarse a cada paso.

Ora escritor, ora músico, ora actor, Madanes se despliega en un registro expresivo bien amplio: no hay cuerda del arte que no le interese pulsar. Mientras los últimos temas de su cosecha compositiva esperan el momento justo para salir a la luz, y madura en él el deseo de alumbrar un segundo libro de relatos (ya editó ‘Sólo hay espacio para lo inexplicable’ con Galerna), acaba de debutar como protagonista de la adaptación al teatro musical de la novela best seller de Antonio Santa Ana ‘Los ojos del perro siberiano’.

-¿En qué momento de su vida profesional lo encuentra este proyecto?

-En uno de mucho trabajo, en el que estoy interpretando varios personajes al mismo tiempo (también protagoniza ‘Animal’, dirigido por Mati Napp, en Dumont 4040). Pero, por suerte, esta obra viene madurando en mí hace casi un año cuando me la presentó Chapa (el compositor y director musical Juan Pablo Schapira). De manera que se avanzó lento, vinimos haciendo muchas lecturas y ensayos que nos permitieron llegar bien al estreno. La expectativa es enorme porque en esta obra, que es muy conmovedora, hay puesto mucho corazón de parte de todo el equipo.

-¿Qué lo atrapó?

-Al principio, la música, que fue lo primero con lo que estuve en contacto. Yo no había leído la novela de Santa Ana, pero la había escuchado nombrar. Entonces fui a buscarla y me llegó muy profundo; además de que las canciones me derribaron. Desde la primera lectura fue algo hermoso.

A sus 32 años, Madanes ya encarnó a Sandro y a Sinatra, protagonizó el clásico 'Yepeto' y trabajó junto a Elena Roger. Ganó un Cóndor de Plata por su labor en la serie 'Cromañón'.

El actor no conocía a los directores Cecilia Miserere y Nicolás Sorrivas, pero destaca que desde el inicio "fue muy fácil el trabajo con ellos. Tienen una sensibilidad muy hermosa para abordar este tipo de proyectos. Todo se fue ensamblando de una manera muy natural". Su personaje es el que narra la historia y en un momento se cuela en tiempo presente en la trama. Un juego de temporalidades que le permite moverse con cierta libertad y que lo habilitó a acercar propuestas propias durante los ensayos. "Esa es la ventaja de hacer una obra original", admite Madanes. "A mí el trabajo en modo laboratorio me fascina".

 

CORAZONADA

-En líneas generales, ¿cómo elige los proyectos de los que participa?

-Hay algo de una corazonada artística en el comienzo. Pienso en qué puedo llegar a destacarme, si existe algo nuevo que pueda entregar como actor. Pero además, a la par, analizó la trama. Cada vez más me encuentro defendiendo las que yo considero que son buenas historias. El teatro despierta en la gente algo bien distinto de lo que le ofrecen otras narrativas como las plataformas o el cine. En el teatro hay muchas historias que contar y yo me voy sumando a las que creo que puedo aportarles algo.

-¿Qué lugar ocupa el riesgo en cada elección?

-El riesgo siempre está. Primero, por la inseguridad propia de saber si uno podrá estar a la altura. Y después, porque a menudo te toca trabajar con gente que no conocés, en la que podés confiar pero que hasta que el trabajo no empieza a suceder no estás seguro de cómo se va a desarrollar. Por suerte, en todos estos años tuve buenos equipos y me entendí bien con la gente con la que laburé. En cuanto al riesgo, bueno, es algo que forma parte de esta instancia de mi carrera y lo disfruto.

 

DESDOBLAMIENTO

En la ficción de ‘Los ojos del perro siberiano’, el rol del narrador se desdobla en dos actores, uno de ellos, un niño. Es la primera vez que Alan Madanes comparte el escenario con un colega sub-13, y el hecho de que sea Dante Barbera (‘Matilda’, ‘Charlie y la fabrica de chocolate’) tiene un valor especial para él. "Con Dante nos entendimos desde el primer momento, nos queremos mucho y eso es importante cuando te toca interpretar un mismo personaje", analiza. "Veo en él un niño que juega y un profesional que trabaja. Tiene un talento descomunal y a mí, en lo personal, me propuso cosas que uno a veces, con los filtros de la adultez, va perdiendo en la actuación".

-La novela de Santa Ana (Buenos Aires, 1963) fue publicada en 1998 y describe el cimbronazo emocional que sufre una familia ante un diagnóstico de VIH. ¿Qué cree que tiene para decirle esta historia al espectador de hoy?

-La obra humaniza las emociones que están volcadas en el texto. El hermano menor de la familia cuenta cómo se vive puertas adentro la situación de Ezequiel, el hermano mayor, cuando enferma. El juego temporal deja ver cómo ese personaje que relata crece aferrado a una tristeza, tratando de atravesar el dolor, y al mismo tiempo adoleciendo en el sentido más estricto del término.

-Leer la novela resulta conmovedor, pero verla en escena toca otras fibras.

-Sí, y lo importante creo que es tratar, desde nuestro lado, de no responder nada, de no hacer una bajada de línea sobre cómo manejar la emoción, sino solamente humanizarla y que cada espectador pueda irse reflexionando sobre qué rol ocupa dentro de esa historia. Quedan muchas más preguntas abiertas de las que uno como intérprete puede responder.

Madanes junto a Dante Barbera, con el que comparte personaje y que lo ha devuelto al juego de la actuación. (Foto: C. Brescia)

El elenco de la obra se completa con Fabio Di Tomaso, Adriana Rolla, Felipe Bou Abdo, Maqui Figueroa, Matías Fernández Giannonni, el titiritero Luciano Mansur y un ensamble integrado por Paloma Del Carril, Facundo Basso, Loli Basualdo, Matías Bruno, Julieta Strauch y Pedro Gallagher. Cinco músicos ejecutan la inspirada partitura de Schapira en vivo. El libro, adaptado de la novela original, es de Nico Sorrivas y Martín Palladino. El diseño de escenografía pertenece a Micaela Sleigh y el vestuario es responsabilidad de Analía Morales. David Seldes firmó el diseño de luces, y Diego Bros, la coreografía, con producción general de Matcha Contenidos, Compañía Amichis, Franca´s (Luli Brindisi y Franco Castronuevo) y Fratelli Cavallaro.

 

ELENCO CORAL

-Al margen de este estreno, Alan, ¿cómo ha sido la experiencia de ‘Invasiones I’?

-Algo increíble realmente. Es un proyecto que me hizo muy feliz, y volvemos el año que viene. Es casi inentendible lo que vivimos: Elena (Roger), el Teatro San Martín, la música de Charly (García)...Es uno de esos milagros que ocurren cada tanto, y a los que el público elige. Sentirme parte de ese engranaje ha sido un gran aprendizaje.

-¿Por qué lo dice?

-En estos años me ha tocado estar al frente de algunas compañías protagonizando, y de pronto te encontrás siendo apenas una pieza dentro de algo gigante, en donde sólo tenés pequeñas intervenciones como parte de un elenco enorme. Eso enseña mucho porque uno debe aprender a administrar la energía, a seguir el hilo conductor de la obra.

-Y a domesticar el ego.

-Absolutamente. Hay que aprender a masticar el deseo de desplegar la vocación que uno tiene. Los mejores arcos dramáticos suelen tenerlos los protagonistas, pero en este caso, tener una intervención muy precisa y concreta también me resultó interesante. Ya me había pasado con Connor en ‘Querido Evan’: tenía unas pocas escenas y dos canciones, y sin embargo, mucha gente me recuerda por ese personaje. En el fondo, a mí me apasiona el trabajo colectivo.

'Los ojos del perro siberiano'  sale a escena los martes a las 20 en el teatro Politeama. (Foto: C. Brescia)

El actor que supo ser Tuca en la serie ‘Cromañón’ (trabajo por el que obtuvo un Cóndor de Plata como Revelación) tiene ahora tres películas terminadas y a la espera del estreno, en las que fue dirigido por José Cicala, Martín Basterretche y los hermanos uruguayos Ventura (Santiago, Javier y Matías). También aguarda con expectativa el lanzamiento de la segunda temporada de la serie ‘Coppola’ (Disney), en la que realizó una participación de la que todavía no puede dar mayores detalles.

"Yo digo que tengo diez años de recorrido artístico, aunque de más chico ya cantaba singles y actuaba en publicidades. Estudio teatro desde la adolescencia. Diez años pasaron desde que estrené mi primera obra importante en teatro; mucho tiempo. Es muy loco lo que me ha ido regalando la vida".