Al rescate del Ave Santa

Crueldad del macá

Por Martín Bericat

Fondo de Cultura Económica. 220 páginas

 

El alpataco, cuenta el autor, es un arbusto espinoso, resistente, que crece mediante ramas subterráneas y raíces retorcidas. Parte la dureza del suelo rocoso y asoma, allí y acá, sobre la superficie. Es de las pocas especies vegetales que logra sobrevivir en la estepa patagónica. Esta novela tiene, de alguna manera, una estructura similar.

Podría decirse, entonces, que Crueldad del Macá es una historia rizomática. Cuenta, a primera vista, la aventura de tres personas que asumen la misión de ir hasta una laguna en la provincia de Santa Cruz para censar la población de Macá tobianos, un ave cuya extrema mansedumbre la ha puesto al borde de la extinción.

Una bióloga porteña, un fotógrafo noruego y un voluntario, oriundo de Caseros, parten desde la estación científica a cumplir su objetivo: registrar el estado en que se encuentra el grupo de aves que “parece estar en paz con su destino de extinción”.

Esta es la primera línea argumental, su eje visible. La novela está matizada, además, por breves párrafos históricos que cuentan la exploración y población del suelo patagónico y el tardío descubrimiento del Macá, el Ave Santa, ocurrido recién en la década del ’70 del siglo XX.

La pluma de Martín Bericat es profunda cuando necesita serlo, y liviana cuando lo exige la tensión del relato. Ha decidido que por debajo de la trama principal se extiendan como raíces las vidas, el pasado de los tres protagonistas. En esa alternancia es que la novela gana en agilidad y genera aquello tan buscado por los escritores: que el lector necesite seguir leyendo.

Como era de esperarse y para que el relato vista los ropajes de la aventura, las cosas no saldrán tal como estaban planeadas. El clima jugará sus naipes y lo que iba a ser una misión sencilla, terminará complicada. El telón de fondo estará dado por el suelo patagónico, la aridez, la inmensidad indescriptible y esa soledad que es parte de su misma esencia.