Siete días de política
Al gobierno le preocupa menos la inflación que la guerra mediática
El IPC llegó al 3.4%, pero Milei no tocará el plan. Se limitó a prometer que la inflación bajará en el futuro y a pelearse con el periodismo en las redes. Llamativo silencio del peronismo.
La llegada de Javier Milei al poder fue un hecho tan anómalo como sorpresivo. Ningún analista ni político lo vio venir. Pero las sorpresas no se limitaron a esa irrupción. Después de votarlo la sociedad siguió con más comportamientos “anómalos”. Apoyó en las urnas, por ejemplo, algo impensable hasta poco antes: medidas de reducción del gasto público de corte ortodoxo.
La dirigencia a la que desplazó parece haber caído finalmente en la cuenta de que algo ha cambiado en las prioridades sociales. Así que cuando el presidente sufrió su primer tropiezo en la lucha contra la inflación se cuidó de montar una campaña contra la política que había evitado la híper. Peronismo es sinónimo de inflación para un sector mayoritario del electorado, algo que sus principales dirigentes parecen haber reconocido después de los fracasos de 2023 y 2025. De allí que guardaran por lo tanto prudente silencio, absteniéndose de pronósticos catastróficos y dejando las críticas en manos del periodismo opositor, es decir, de casi todo el periodismo.
Podría atribuirse también el hecho a que el PJ se fue con una inflación del 211% o que su candidato en las presidenciales del 2023 había prometido entonces un aumento del costo de vida “que empezaría con 3”, pero que terminó empezando con 8 y después con 12. Sin embargo, ese hecho no parece la principal razón de su bajo perfil. El peronismo acusa de corrupción a la actual administración con antecedentes que recomendarían el silencio.
El presidente entendió rápido la situación y ocupó el centro del escenario para instalar su “narrativa”: los números siguen cerrando, el problema son las palabras.
Por lo tanto, mandó el mensaje de que no cambiará una letra del plan de estabilidad y que el índice del costo de vida bajará en los próximos meses. Nadie lo contradijo, porque casi todos los sectores creen lo mismo. Hasta los que ya no pueden hacer negocios como antes.
El plan económico no se toca
En resumen, volvió la inflación, pero el plan económico no se toca. La oposición que en otra época hubiera gritado ¡fracaso del plan de hambre del FMI! No lo hizo. ¿Por qué? Porque para juntar votos hoy no hay otro camino que prometer una macro ordenada.
Romper el equilibrio fiscal, volver a los subsidios y al capitalismo de amigos desembocaría en un nuevo descalabro. Por eso la dirigencia populista no propone abiertamente regresar a la emisión descontrolada, aunque es muy probable que lo haga en caso de llegar al poder. Por eso el debate público no fue alrededor de la inflación, sino por el control de una agenda mediática en la que los hechos pesan cada vez menos.
Por eso tanto Milei como Caputo estuvieron activos en Twitter y hasta Manuel Adorni reapareció para burlarse del vasto ejército de sus detractores. Como las denuncias periodísticas de corrupción ya parecen fuera de toda escala (hasta se difundieron fotos de la reparación de la cocina del funcionario como indicios de una conducta venal) el jefe de Gabinete se permite reírse de sus inquisidores.
Un ejemplo notable del ingreso directo de Luis Caputo en la batalla mediática se produjo a raíz de una importante novedad financiera. El gobierno consiguió varios éxitos en ese terreno durante la semana (ver “La mano invisible”). Organismos multilaterales comprometieron créditos o garantías por un monto cercano a los 10 mil millones de dólares.
Los anuncios fueron hechos por el FMI y el Banco Mundial en sendos comunicados acompañados por fotos del ministro argentino con los responsables de ambas entidades. Los vencimientos de deuda este año son de 9 mil millones de dólares y están cubiertos por estos créditos.
Pero un centenario matutino que no es “La Prensa” publicó en su portada que Caputo pensaba usar los créditos para emitir bonos de deuda externa pagando una tasa de prácticamente el doble. El ministro calificó la noticia de “brutalmente” falsa. El presidente de la Nación lo retuiteó. Un éxito que intentó ser presentado como pésima noticia por un diario opositor. Caputo y Milei se ven obligados a dedicar horas de su tiempo a la refutación de “fakes”, porque la política nativa se ha vuelto cada vez surrealista.
En realidad, no es a lo único a lo que se dedicó el presidente durante la semana en las redes. Se vio también obligado a definir una interna de La Libertad Avanza, episodio sobre el que los politólogos deberán aportar alguna explicación o teoría: una lucha palaciega dirimida públicamente. Hasta a Andre Breton le hubiese parecido una exageración.
El episodio pareció el último capítulo de un enfrentamiento en el círculo que rodea al presidente entre su hermana y el asesor Santiago Caputo. Como era de esperar Milei definió la pelea en favor de su hermana. Los demás deberán encuadrarse o partir. Cuando el liderazgo está definido no hay interna que dure.
