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Adicciones y "la fatiga" de los "atrincherados"
“…lo importante es huir, no se adónde pero que sea a cualquier lugar” (Narrando su experiencia con drogas - Charles Baudelaire, 1821-1867)
Nada llega porque sí. Hoy en esto que podemos describir como pandemia adictiva tenemos y debemos tratar a verdaderos “despojos” humanos que llegan a consulta para un tratamiento intensivo y que describo como los “fatigados” luego de un largo atrincheramiento. Viven lo que técnicamente se llama “stress crónico” (meses y meses sufriendo la tortura de la falta de contactos validos) y con la incertidumbre como espada de Damocles.
ANOTACIONES DE LA ESCLAVITUD ACTUAL
Tres notas características de esta esclavitud y encierro se suceden:
1) Muchos años de consumo compulsivo de todo tipo de drogas; unos comenzaron a la edad de 12 años y sin tutores que lo acompañen en un camino de cuidado a la vida desde pequeños o con padres también consumidores que operaron como modelo identificatorio y, mientras tanto, otros llegan vencidos después de los 40 años con más de veinte años de consumo con hijos sueltos, varias internaciones y son sobrevivientes de varias terapias intensivas.
2) El celular dominando vidas y en ese circuito infernal donde no hay otros ni otro habitan el mundo de los espejos del like, me gusta y de todas las trampas imaginarias, ahí, los algoritmos mandan y dirigen los apetitos. La alteridad o sea el otro que es la vigencia de la salud mental y del sentido de realidad va desapareciendo y me voy transformando en el espejo que me devuelven los algoritmos del celular. No hay nada diferente a mí. Al no haber otro ni otros, entonces, nadie me cuestiona, nadie me impone límites y así no maduramos ni crecemos y surge lo que Byung-Chul Han llama el terror de lo igual en su libro “La expulsión de lo distinto” en donde vivimos encerrados en burbujas en donde solo vemos opiniones, gustos e ideas que se parecen a las nuestras. La “selfie” es la confirmación de nuestra imagen y encaramos el brutal encierro en nosotros mismos alejados del mundo, solo importan los ecos de nuestra voz.
3) El tercer elemento típico de estos mundos de “solos y solas” que aparece en la clínica de hoy es el juego, las ludopatías varias en donde la apuesta marca la impronta del vivir. Hoy las casas de apuestas legales han perdido casi el 30 % de su clientela ya que basta el encierro en el celular para revivir un mundo alucinante y que nos lleva también a la pérdida del sentido de realidad de vivir con el riesgo de ganar todo o perder todo. Esto habitualmente se une al consumo de drogas que alimentan aún más la compulsión y se agrega a todo esto centros de préstamos que ofrecen los mismos sistemas de apuestas que consumen aún más a los seres humanos a una deuda cada vez mayor y a estar siempre ahí adelante en la lista del Veraz (deudores eternos).
Fatigados y atrincherados en un mundo cerrado en donde la búsqueda de la droga y el contacto con los “dealers” se torna clave y además, hoy, en un mundo digital que los circunda que los incorpora cada vez más en el aislamiento afectivo encerrados en los algoritmos de Internet que los sumen aún más en una devaluación, falta de palabras y contactos humanos que son lo verdaderamente valido para ser en la vida. Viven atrincherados pero fatigados. El whiski, las pastillas, el insomnio que no cede, la marihuana que los levanta un poco, los polvos mágicos estimulantes que llegan por varias vías en bicicleta o moto desde cualquier medio digital.
Ahí en las “trincheras” consumen, consumen. Llegaron al mundo nuevo rodeadas de aparatos, digitalizados todos, pero “inmensamente solos” como dice la letra de tango. Familias rotas o con varios miembros en carrera de consumo. Muchos ven su trabajo peligrar. Otros ya lo perdieron. La trinchera se llena de fatigados. La humanidad se arrodilla ante los gigantes tecnológicos.
Nos transformamos en adictos a la tecnología y exhaustos acudimos a un “quitapenas”. Hoy las drogas delatan un exceso de mundo digital y una caída del mundo humano. Va surgiendo la “fatiga de los atrincherados”.
EL DESCONTROL ADICTIVO
Una de las características más angustiantes para el terapeuta que trabaja en adicciones -a drogas y al mundo digital- es asistir al descontrol de las conductas a la cual se llega con un consumo persistente y voraz de estupefacientes. Si …nos angustia observar vidas mutiladas. Aun así desde esos restos humanos que observamos necesitamos y debemos devolver esperanza. Choques, accidentes, mutilaciones, contraer enfermedades de transmisión sexual en sesiones de sexo sin cuidados, y toda la gama de síntomas psicóticos que van desde la confusión alucinatoria, los delirios tóxicos, las amnesias y deterioros cognitivos (atención, percepción, hiperkinesia improductiva), depresiones largas con abulias que muestran la agonía de la voluntad, noches de insomnio que son sesiones interminables de abstinencia y vacío, etc.; son las distintas secuencias de un deterioro gradual pero que no se percibe como tal. Progresivamente la persona se va ignorando a sí misma. El descontrol surge de la llamada “gira” en donde durante días y días desafiando el cansancio y, ahí, entonces el “dopaje” se transforma en un rito sacrificial. No se puede parar. Es la religión nueva de los esclavos, los condenados a un “Infierno Terrestre” en donde odian lo que hacen, pero no pueden dejar de hacerlo. El odio a lo que hacen es también odio a sí mismo. Cada dosis decreta la baja de la autoestima.
¿Dónde está aquel placer inicial que se había encontrado? ¿Ese “flash” cautivante de aquella luna de miel inicial con las sustancias? Nunca más aparecerá. En realidad, nos drogamos para huir de la angustia de la abstinencia. Drogarse ya no es para una búsqueda de placer sino para huir del vacío de la abstinencia. Mientras avanza la compulsión a consumir como único destino vital surge una triple angustia: A) Obtenerla; B) Consumirla temiendo no volver a conseguirla y por fin; C) Volver a conseguirla. Aprovisionarse es una tarea y el “dealer” o distribuidor es la persona más importante de su vida. No hay hijos, mujer, padres …lo más valorado es quien posee esa pócima letal pero deseada.
EL “PIRATEO” DEL CEREBRO
Los grandes neurobiólogos de hoy hablan de un “pirateo” de ciertas zonas vitales del sistema nervioso por efecto repetido del consumo (drogas y mundo digital). Hay en personas vulnerables por motivos afectivos, traumáticos, familiares e incluso por vulnerabilidad genética un “secuestro” de zonas del placer, la motivación y a la vez un declive de las áreas más evolucionadas de la toma de decisiones.
El ser humano asiste impávido a su esclavitud ya que su voluntad (que es una función superior del sistema nervioso y de la personalidad) está en déficit. Agoniza la voluntad. Observa su propia decadencia sin darse cuenta. El sistema “pirateado” se denomina circuito de la recompensa que es un sistema primitivo que compartimos con los animales y que es el vector del placer y la motivación. La memoria adictiva toma el comando y no solo es la sustancia lo que llama a repetir el consumo sino los elementos contextuales que rodean al mismo (personas, lugares, situaciones). Se iniciará, así, el cautiverio de los condenados. El trauma neuro-tóxico que lleva al descontrol se da dentro de una vida con traumas muy fuertes desde la infancia. ¿Para qué vivir entonces?
Muchos viven en este infierno terrestre y se me ocurrió consultar al Dante en su magistral “Divina Comedia”. Él hablaba de que para pasar el Infierno (mundo de codicia, avaricia, consumo voraz, etc.) hacía falta un guía hasta llegar al mundo del Purgatorio en donde asoma la madurez y luego al Paraíso que era el mundo de lo racional y lo espiritual. El gran Dante nos enseña (más allá de toda disquisición teológica) que necesitamos compañía o sea ayuda humana. Dante perdido encuentra a Virgilio que lo acompaña en el viaje hacia la salud emocional. Dante encuentra a través de una compañía humana su verdadera Identidad. Es un viaje simbólico hacia la perfección posible saliendo de ese Infierno terrestre que muchos viven. Esa, creo, es nuestra tarea como terapeutas. Ayudar a salir del “Infierno terrestre” a los que nos consulten. Dante nos enseña que no podemos crecer sin acompañantes simbólicos y hoy, diríamos, dejando y alejándonos de las tutelas digitales de los gigantes tecnológicos.
