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Adicciones: ¿… el padre está muerto?
“…el padre ha muerto…prohibido prohibir …la imaginación al poder” - (Lemas de Mayo del 68 en París).
Cada vez con mayor frecuencia encontramos en las presentaciones clínicas de los pacientes el desconocimiento del padre biológico y una ausencia de figuras paternas en todo su desarrollo. Ante estas transformaciones nos podemos preguntar: ¿se ha convertido el padre en un “has been” (algo que fue, pero ya no es) o sigue siendo esencial?
La ausencia paterna en muchos casos va unido a un inicio precoz del consumo de drogas y alcohol (12 años), fracasos en la escolaridad secundaria y una vida de consumo voraz. Llegan al tratamiento luego de 20 años de consumo habitualmente.
Es singular el cambio de pronóstico en los tratamientos cuando existe una “familia garante” (un triángulo virtuoso) y próxima al equipo terapéutico o cuando nos enfrentamos solos con un carnet de obra social y sin “garantes simbólicos” familiares.
Los que andan solos por la vida lo sienten y lo viven en la comunidad terapéutica como una ausencia fundante del vacío de su ser.
Esto mismo ya se preanunciaba en los carteles del Mayo del 68. Y así decían: “…el padre ha muerto” siendo esto una bandera triunfal, como metáfora de un cambio social que se estaba avecinando.
Caían los patriarcas dominadores del viejo orden; ¿pero, es sólo eso el Padre? La figura del padre como transmisor simbólico supera a la noción del patriarca autoritario, dominador y dictatorial. Mientras tanto vemos, hoy, como vuelven, paradójicamente, nuevos “Patriarcas” en los barrios en las bandas representadas por grupos narcos.
Asistimos en la realidad cotidiana a un escenario en donde el padre como emblema orientador ético y viga maestra de un desarrollo infantil y adolescente, ha perdido fuerza.
El padre entonces se va evaporando, aquí también “todo lo sólido se desvanece en el aire”, como decía Marx. Sólo entonces queda el poder del semen como testigo de lo que alguna vez fue un hombre y que ya nunca podrá ser padre.
La paternidad biológica (en muchos casos desconocida), es solo un aspecto de la paternidad ya que existe además una paternidad legal (incorporarlo a un linaje, a una familia y de esa manera a la cultura) y por último la paternidad simbólica que implica transmisión de sentido, valores, proyectos y sentido y un acompañamiento en su carrera vital.
LA FUNCION PATERNA
La función paterna es clave en la introducción de límites, la mediación del deseo y la organización simbólica de nuestra vida. Así crecemos. De esta forma debemos distinguir dos fenómenos muy diferentes:
A)- La pérdida del autoritarismo paterno lo cual puede favorecer la autonomía (uno de los fenómenos que marca “Mayo del 68”).
B)- Y el debilitamiento de las funciones de transmisión y regulación que puede generar dificultades cuando no son asumidas por otras figuras o instituciones. O sea, nos podemos preguntar que sucede con la función de la Ley cuando cambia la organización familiar y social.
La familia tradicional, organizada alrededor de la obediencia, fue dando paso progresivamente a modelos más negociados y horizontales, pero quizás ahí surge el dilema: ¿qué ocurre cuando la crítica al autoritarismo termina confundiéndose con la eliminación de todos los limites?
La adolescencia hoy, quizás, habla de este mundo “roto” y así se van debilitando referencias y fronteras, decrecen las regulaciones emocionales y la construcción de la autonomía, se busca la satisfacción inmediata o alivios instantáneos del malestar y crecen las mayores vulnerabilidades a conductas compulsivas en muchos. Todo esto parece abundar con mayor frecuencia en ese consultorio de “lágrimas” de ausencia que es la clínica de hoy.
Como trabajador clínico en el tema de adicciones me enfrento desde hace muchos años a los daños causados por la desaparición progresiva de la figura paterna y es en la adolescencia en donde esto se manifiesta de una manera más evidente. Ahí la figura “carnal” del Padre adquiere eficacia en la entrada en el mundo y frente al desafío que implica la consolidación de una Identidad.
Los “alquileres de esperma” promocionados como el ‘tiempo nuevo’ por la nueva “feligresía feminista”, son el nuevo horizonte de un hijo sin filiación a la vista.
Ellos, quizás, serán el testigo de una mujer madre omnipotente ya no más atada a ninguna convención sexista. El hijo parece quedar sólo, o quizás sometido a esa mujer-madre.
Primera condena, pues el padre libera y manda al mundo más allá de la familia liberándolo. La autoridad paterna queda diluida porque ya no existe y entonces Líderes mesiánicos van tomando su lugar como fetiches prestigiados. Sectas o sea exaltación de lo narcisístico.
HIJOS SACRIFICADOS-MUNDO NARCISISTA
Los pacientes adictos nos estimulan a pensar estas realidades. La patología psíquica resulta ser una caricatura de un modo de vivir. A una adolescente le pregunto cómo es la relación con su padre: ‘‘...ni hola ni chau’’ (ida y vuelta entre un empresario-padre y su hija). Otro me dice: ‘‘...de él sólo tengo el celular, a veces contesta y otras no’’.
Mientras tanto, en la escena social un púber de 15 años maneja un auto contrariando toda ley social y mata a dos personas. La mu”erte escandaliza. Sólo la madre ausente habla desde sus vacaciones en Brasil; del padre ausente no se sabe nada.
La madre de los muertos por el atropello delictivo, sólo se consuela en una carta hecha pública ante una ausencia también sugestiva de los poderes públicos judiciales, y manifiesta un desconsuelo que los ‘‘leguleyos’’ ni siquiera responden.
Pierre Legendre (psicoanalista francés) escribió: “…el hombre es un animal genealógico o sea que el hombre no vive solo desde el presente sino llevando dentro de sí personas ausentes que nunca estarán ahí; el humano se construye teniendo en cuenta la alteridad (alter o sea otro como diferente de mí, necesitamos del encuentro con otros que es la marca fundante del límite ya que todo lo que deseo no puede realizarse inmediatamente)”.
El otro es limite, Ley, pero también sentido de realidad. El sentimiento contemporáneo parece ir en contra de estos preceptos: “…yo soy el mundo para mí solo” y así va triunfando la lógica narcisistica y olvidamos la alteridad irreductible.
Es por ello por lo que hoy las comunidades terapéuticas cubren el hueco existente en la transmisión intergeneracional, suplir las ausencias fundantes en la evolución del niño con figuras supletorias que remeden la función del Nombre del Padre, como Ley organizadora de la subjetividad.
